lunes, 6 de abril de 2026

El café y el amor

¿Quién primero, uno u otro?, buscando fechas encontramos que, siendo el café originario de los antiguos bosques de Etiopía, en el este de África, específicamente en la región de Kaffa, donde se encontraron los primeros cafetos (cafeto arábigo) alrededor del siglo XI, mientras que en el caso del amor[1] – me atrevería a decir que este fue primero, pero lo corroboramos -, siendo mucho las fuentes a través de ideologías, culturas, mitologías, corrientes, tales como: El budismo (se originó en la India hace 2.500 años), entre los siglos V y VI a. C.; Judaísmo (en hebreo, conocido como ahavá), su origen (aprox. 2000-1800 a.C.); el Islam, en el siglo VII d.C.; mientras que el Catolicismo en el siglo I d. C., luego el ganador resulta, ¡el AMOR!.

¿Y vínculos entre uno y otro?, por supuesto, es común tomarse un café en el hogar en compañía de su pareja, la familia, donde compartir mientras se toman ligeros sorbos, el plan del día, cómo va el trabajo, etc.

Ya en un bar o restaurante, en su interior o en la terraza, posiblemente amigos, parejas ante algún “síntoma” de afinidad, donde consolidar una amistad que inicia y porque no un romance, a partir de ese líquido oscuro, color café, pueda servir de vaso comunicante.

¿Qué café pedir? Comencemos, le muestro el siguiente menú:

o   El espresso. Es amargo, pero da energía. El primer sorbo puede resultar desagradable, pero cuando terminas la taza siempre quieres más. Y, por lo general, no hay tiempo para otra. El espresso es la vida.

o   El capuchino.  Al principio es amargo, luego dulce y ligero, pero en el fondo es la vida misma. Sin embargo, los momentos dulces y amargos son los mejores. Por cierto, siempre se puede comer solo la espuma y no beber, pero a casi nadie se le ocurre hacerlo. Al parecer, lo importante es la combinación. Se considera el enamoramiento.

o   El latte.  Espresso diluido con leche de esperanza y espuma (la misma espuma que hay en el capuchino), pero no lleva canela, no tiene esa acidez que permite saborear el momento. Representa los sueños.

o   Moka. Es café con chocolate caliente. Es denso y viscoso. Lleva leche, pero además dulzura, que no se encuentra en el espresso, no apreciable de inmediato. El moka es señal de melancolía.

o   El Irish coffee o café a la irlandesa. Se caracteriza por la presencia de alcohol (abrazador); se puede mezclar y entonces casi no se nota si el café está bien preparado. Representa la pasión.

o   El ristretto. Es más denso, aromático, menos amargo y tiene un sabor más intenso y dulce que un espresso convencional. Es cuando toda la vida se reduce a un sorbo. Bebes, pides la cuenta y te vas. Normalmente es así. El ristretto es la muerte.

¿Y el amor? ¿El amor verdadero?

El amor verdadero es el café que preparas en casa por la mañana. Recién molido, preferiblemente a mano. Con canela, nuez moscada y cardamomo. El café al que hay que estar pendiente para que no se escape (al igual que el amor), porque si no, el sabor se estropea irremediablemente.

El café que se sirve en la vieja taza favorita y se bebe saboreando cada sorbo, cada día. Disfrutando de cada sorbo. Por cierto, ¿ya se tomó su café de hoy? Lo invito.






[1] En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico.