Las abuelas suelen ser expertas en cuanto a sus recomendaciones cuya expertise o experticia, viene dado posiblemente por lo “vivido”, rodeado de tradiciones culturales, de sus ancestros, «… mi abuelita me decía que…», inclusive una anécdota real, por lo cual me pueden leer en este momento, es que, siendo recién nacido, sin querer, sin darse cuenta, una de las enfermeras me había dejado un calcetín o media en uno de mis diminutos pies, lo que provocó un problema de circulación, y el cuerpo se me puso todo morado.
Mi madre llorando – le preguntó a su mamá (mi abuela) –,
mamí, ¿se va a morir?, y la señora le respondió «mira mija, si se va a morir
dale el biberón de leche, para que al menos fallezca lleno y así vaya al cielo»,
… y aquí estoy. Que al parecer ni la calaca fue a buscarme ese día, porque no
me tocaba, o bien porque yo mágicamente ese mismo día con el otro píe me había
quitado el calcetín que me apretaba, sin que nadie se diese cuenta.
¿Qué sabe una abuela, aunque nunca haya tenido la
opción de ni pisar la entrada de una escuela?, sencillamente casi todo, y digo
casi por no ser absolutista, pero en cuestiones de relatos (“… yo recuerdo…”),
consejos, y que decir de la crianza de los nietos, sin dejar de mostrar un
cariño constante, amor permanente, hacia los pequeñines (ambos pertenecientes a
dos generaciones), como también muy exigentes (“… cuidadito con levantarse de
esa silla, hasta que yo le diga”), lo cual las hace ¡insuperables!
Otra anécdota, ya no mía, ni de mi abuela en
particular, por lo que pasa a hacer parte del folclore (creencias), lo es cuando
un menor de edad retiene las ganas de orinar / miccionar, ya que le da pena hacérselo
encima al haberle sucedido en varias ocasiones, de aquí la necesidad de educarlo
en que asista al baño, sentándolo en la bacinilla y abriendo la pila o paja de
agua, cuyo sonido del agua corriendo activa el cerebro y cuya respuesta es el
relajamiento de la vejiga – se establece una conexión entre la audición y el
sistema nervioso parasimpático - y los músculos pélvicos.
Y, ¿en el caso del abuelo?, pareciera ser que el mismo
“delega” en la abuela, ¿su posición? permanecer callado, aunque observador
muestra de ello es que está atento a lo que sucede y por otra parte sus ojos lo
delatan y que se visualizan por encima de los lentes o anteojos como si fuese
un búho nocturno.
El abuelo entrará “en escena” sobre todo en el momento,
que haya que demostrar “su valentía”, ante cualquier situación de acoso o bullying
en el colegio “… si ese niño te quitó el refrigerio o merienda… ¡pé…!, a los
hombres hay que respetarlo y no llores, ¡los hombres no lloran!”; por el
contrario si el nieto le relata al abuelo, que hay una niña que le gusta en el
colegio, el abuelo todo pizpireto o coqueto, le responde “…toma del jardín una
flor y llévasela”; el niño como respuesta se sonroja.
La abuela (abue), que presta atención se sonríe malévolamente
y dice para sí, «si mi nieto supiera que su abuelo, en él ni se fijaban las moscas
y yo todavía me cuestiono que fue lo que me picó, ese día».
Eso sí era un hombre muy trabajador, - continua la abue - araba la tierra, que por cierto a mis padres, tus bisabuelos, y que al parecer era el más guapo del pueblo, y eso si no puedo olvidar que, a pesar de nunca haber ido a la escuela, sabía como todo un profesional cuanto sembrar de cada hortaliza, frutales
y por cierto me encantaba, que se apareciera en el bohío, cabaña o choza con un ramo de flores amarillas que salían de la calabaza o ayote, como parte de sus siembras, ¡ … qué bonito!
La niña rompe en llantos, lo que provoca que la abue,
retorne a la realidad y pregunte ¿qué sucedió María?, responde la menor, “… abuelo
se ha quedado dormido en el sillón y yo quiero que me lean un cuento para
dormir”, la abuela sonríe va y cubre al abuelo con una colcha o frazada, se dirige
al cuarto con un libro en la mano y comienza. “Había una vez…”.












