lunes, 2 de febrero de 2026

Mi prioridad es...

Prioridad, priorizar… mmm… «La priorización es la acción de dar prioridad a algo sobre otra cosa, organizando elementos como tareas o proyectos según su importancia o urgencia para decidir qué se debe hacer primero».

Implica evaluar elementos para clasificarlos y poder concentrarse en los que tienen mayor impacto o son más cruciales, lo cual ayuda a gestionar el tiempo y a ser más productivo». Visto de esta manera, se “cae de la mata”, entiéndase algo es muy evidente, obvio o lógico, que para priorizar se requiere tener el factor y sobre todo el impacto que pueda ocasionar: ¿salud? ¡A correr!

Por supuesto cada lector puede considerar que sus prioridades son otras: ¿la alimentación, el estudio, el trabajo …?, donde toda solución posible dependerá de “n” factores entre ellos económicos, el momento en sí, la dedicación, etc.; pero cambiando un poco en aras de no agobiar me voy a mi “charco” donde me siento bien: la educación.

Cuando laboras para una institución donde formas parte de un equipo que desea realizar “cambios”, recuerdo el empleo de la técnica o análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) hecho que permitía desarrollar un plan estratégico, ¿y en el caso de las prioridades?

Sí, más de uno por cierto del cual mostraré algunos detalles de los mismos:

1.        Método ABCDE: Asigna a cada problema una categoría: A (Imprescindible), B (Recomendable), C (Deseable), D (Delegar) y E (Eliminar). 

2.       Matriz de Impacto-Esfuerzo: Clasifica los problemas en cuatro cuadrantes: alto impacto/bajo esfuerzo, alto impacto/alto esfuerzo, bajo impacto/bajo esfuerzo y bajo impacto/alto esfuerzo. 

3.       Diagrama de Pareto: Ordena los problemas en orden descendente de magnitud para identificar el 80% de las causas que generan el 20% de los efectos.

Un ejemplo de diagrama de Pareto en una escuela podría centrarse en las causas de las quejas de los padres. Se recopilarían los datos, se agruparían por tipo de queja y se ordenarían de mayor a menor frecuencia para identificar cuáles son las más importantes.

Viable para un centro educativo, pero y ¿en el caso personal? Por supuesto, ¡vamos allá!

El Principio de Eisenhower[1] es un método de gestión del tiempo que clasifica las tareas en cuatro cuadrantes según su importancia y urgencia. Este sistema ayuda a priorizar las actividades de manera efectiva, permitiendo que las tareas importantes (y no urgentes) se planifiquen, las urgentes, pero no importantes se deleguen y las que no son importantes ni urgentes se eliminen o pospongan.

Estando en presencia de 4 opciones:

1. Hacer: Tareas Importantes y Urgentes que deben llevarse a cabo de Inmediato, tareas que no pueden esperar, y suelen ser Problemas Serios e Inesperados. ¿Salud?, ¡Corre que a la niña se le ha roto la fuente!

2. Planificar: Tareas Importantes, pero No Urgentes que deberán hacerse con el Tiempo; las mismas deberán llevarse a cabo, pero no tiene por qué ser de solución inmediata. Para la próxima semana elaboraré los temarios de exámenes

3. Delegar:  Tareas No Importantes, pero sí Urgentes que pueden hacer terceras personas, que, al no ser importantes, pueden ser delegadas. Las aulas no están debidamente organizadas y limpias. Barreré y organizaré junto al personal de limpieza, así como estudiantes. En mi caso personal me resulta casi imposible delegar.

4. Eliminar: Tareas No Importantes y No Urgentes que consumen Tiempo y Recursos, tareas que no contribuyen nada y deben ser eliminadas. Mmmm…, creo que siempre hay que darles una revisadita, sino para que la clasificación.

Luego dejo en sus manos qué técnica o método emplear, pero eso sí, una tarea importante y urgente, quiera a los suyos, a su gente y si el trabajo “trata de ser la primera opción” piénselo mejor.


[1] Su nombre proviene del presidente número 34 de EEUU: Dwight David Eisenhower.

lunes, 26 de enero de 2026

“Tic, tac”

No es lo mismo su giro cuando se alimenta por un movimiento automático[1], cuando es mecánico (sin baterías, por lo que requiere la necesidad de darles cuerda) o bien se “alimente” por una fuente de electricidad o solar, así, aunque todos coincide en que el movimiento sea dextrógiro. Por cierto, ¿ya saben de lo que estoy escribiendo?  sí, me refiero a las manecillas del reloj.

¿Cómo laten? La clave se encuentra en los “saltos o latidos” o no del segundero, algo así como el “palito chiquito”, si se detienen a observar en este momento (Nota: prohibido hacerlo mientras conducen o caminan), visualizarán una diferencia entre uno u otro; sí el suyo es mecánico o automático (aunque ambos son realmente mecánicos) el segundero tiene un movimiento de “fluido y barrido suave” (aunque con pequeños "tics" de 4 a 10 por segundo imperceptibles); que en el caso del cuarzo - solar marca un incremento de 1 segundo (1 tictac), con un salto claro y distintivo.

Y, ¿cuál es el rol de segundero? Como su nombre lo indica el mide los segundos transcurridos, que al recorrer toda la circunferencia del reloj han transcurridos 60 segundos, es decir un minuto.

Hasta aquí pareciera que estoy dando una información propia de un relojero, pero No, realmente mi curiosidad surge a partir de un cambio de batería donde un relojero ¡de verdad!, me mostró la diferencia antes descrita.

Pero si fuera hasta acá, ha sido una sencilla curiosidad, algo así como ¿Sabias qué…?, y fin del artículo lo cual no fue la idea principal como “musa”, sino producto de una visita, (especie de alto obligado cuando soy fans de los relojes) que hice a un establecimiento que quedaba en el pasillo de un centro comercial.

Solía detenerme ante la vidriera donde se encontraban las muestras de una amplia variedad de relojes, por marcas, de hombres y mujeres; hasta aquí todo bien, que, para escribir este artículo, cuya idea central es ¿se mueven igual los segunderos en uno u otro tipo de relojes? pero algo me preocupó y fue como es posible que las féminas puedan leer la hora no tanto en los “palitos grandes”, sino los segunderos, cuando los relojes de ellas, suelen ser entre un 30% a 60% más pequeño que el de los hombres, precisando encontramos que si bien para las mujeres el diámetro suele ser de 24-36mm, el de los hombres de 38-46mm, que al parecer el segundero – al ser tan pequeño no es lo más importante. ¿Entonces?

¿Acaso esta situación genera incertidumbre en cuanto a un problema de superioridad o “machismo”? Por supuesto que NO, las mujeres tienden a tener muñecas más pequeñas y complexiones más finas, por lo que los relojes pequeños (20-34 mm) se ajustan mejor y lucen más armoniosos, ya que HISTORICAMENTE[2], los relojes para mujeres se concibieron como accesorios de joyería, buscando un look clásico, discreto y elegante, a menudo con detalles decorativos.

Siendo lo anterior reforzado por ser más adaptables a muñecas más delgadas, ofreciendo una estética más delicada y proporcionada, tendencia que se ha flexibilizado con diseños unisex y estilos minimalistas que prefieren ambos géneros, priorizando la comodidad y el estilo personal buscando calidad, artesanía y un estilo menos ostentoso, sobre los tamaños preestablecidos.

Tic[3], tac, tic, tac…



[1] El reloj automático surge (aparece/nace) como concepto a finales del siglo XVIII con Abraham-Louis Perrelet, pero su popularización y producción en masa llegan en los años 20 y 30 con John Harwood

[2] El primer reloj de pulsera documentado fue creado en 1810 por Abraham-Louis Breguet para Caroline Murat, Reina de Nápoles y hermana de Napoleón, diseñado como una delicada pieza ovalada en una pulsera de pelo trenzado con hilos de oro, marcando el inicio de los relojes para muñeca.

[3] El "tic tac" se asocia a los relojes porque es una onomatopeya que describe el sonido del mecanismo de escape de los relojes mecánicos, donde una pieza (áncora) que oscila repetidamente golpea contra los engranajes, produciendo un "tic" y un "tac" distintivos al regular su movimiento, una función que el cerebro ha aprendido a reconocer como el latido del tiempo.

lunes, 19 de enero de 2026

Deseo gritar…

No queda dudas que el hecho de levantar la voz más de lo normal – cualquiera suela ser el motivo -, resulta de primera instancia algo ¿repudiable?, ¿de mala educación?  lo cual se visualiza cuando te encuentras en un lugar público: bus, restaurante, se alza la voz y automáticamente decenas de ojos activarán el modo “radar”, en búsqueda de darle respuesta a la interrogante ¿qué pasó?

Es cierto que muchos han de ser los factores que pueden provocar la emisión de sonido fuerte y elevada a través de las cuerdas vocales, digamos golpearse de forma inesperada – supongo que tenga experiencia en que un dedo su pie y me refiero al meñique o quinto dedo, sí el más pequeñito con la pata de una mesa… - como duele… ¡Ayyyy!

Que, de suceder en tu hogar, de igual forma se repetirá la interrogante, ¿qué pasó?, y con la aparición espontánea e inesperada de los miembros de tu mismo núcleo familiar, unos pondrán caras de asombro, a otros posiblemente se les escape una buena carcajada que inclusive podrá superar los decibles del accidentado, añadiéndole a este último una andanada (para colmo), de interrogantes, ¿eres tonto?, ¿no vistes la pata de la mesa?, ¿sabes porque te pasó?, por ¡andar descalzo! Nota: Al parecer la culpa no fue de la persona golpeada, sino del dedo que se lanzó de forma desmesurada contra el madero de marras.

Sí diría a modo tal vez excepcional cuando las cosas no te salen bien, reitero excepcional, como puede ser un proyecto – en mi caso, de colaboración con una institución educativa -, asistes a reunión después de días, ¿meses?, presentas un bosquejo de tu interés, en cuanto al impacto de mejora en lo referente a la calidad e inclusive económicamente, que los presentes evidencien en sus rostros muestras de satisfacción en señal de aceptación inclusive quiénes manifiesten que sí, que están muy interesados además de verlo necesario, a lo que se suma cuando alguien lo ve “desde afuera”.

Por supuesto una “pre – aceptación”, genera alegría, esperanza, satisfacción, seguro que sí, que cuando sales del recinto hasta “cantas con tu paraguas, y no exactamente bajo lluvia”[1], ya que ni llovía, pero tampoco había farolas para subirme, pero de haberlo, lo hubiera hecho. Sencillamente, había sido “destruido el hechizo” de que no me escucharan, tras múltiples intentos.

Obviamente no quiero adelantarles el final: revisaba el celular una y otra vez ¿WhatsApp?, ¿Gmail?, con una frecuencia de ¿30 minutos?, miraba en el mismo celular en la parte superior derecha el estado de la conexión (sí, ahí estaban las barras, con símbolo 5G que indicaban que la fuerza de la señal era óptima), revisaba las luces del módem que indicaban su estado: Power (Encendido) debe estar fija (verde/azul) para indicar corriente; Internet/WAN que indica conexión con el proveedor (fija/parpadeando para datos); Wi-Fi muestra la red inalámbrica activa, que estaba; y LAN parpadea cuando hay datos en los puertos Ethernet, parpadeaba, o sea nada de luces rojas. Por lo visto NADA, DE NADA.

Ya me resultaba difícil pensar que una vez más todo había sido una pantomima, ¿recuerdan?...  que los presentes evidencien en sus rostros muestras de satisfacción en señal de aceptación inclusive quiénes manifiesten que sí, que están muy interesados…

¿Deseos, ganas de gritar? Por lo visto urgía liberar mi estrés y ansiedad, liberando endorfinas, que actúan como analgésicos (no por gusto se le llaman "hormonas de la felicidad") para calmar el sistema nervioso, al menos como válvula de escape temporal.

¿Lo hice? No. Una experiencia más, reflexionar donde me equivoqué, ¿hablé de más de menos?, ¿por qué no convencí? … ¡Mente fría, un poco de mindfulness y nuevamente a la carga!


[1] Cantando bajo la lluvia (título original: Singin' in the Rain) es una película musical de 1952 dirigida por Gene Kelly y Stanley Donen. Está protagonizada por Gene Kelly, Donald O'Connor y Debbie Reynolds. Hecha siguiendo los esquemas clásicos de la MGM, tiene su inspiración en todas las Melodías de Broadway que se realizaron en Hollywood en los años 20 coincidiendo con la aparición del cine sonoro. La película logró un importante éxito comercial y de crítica, especialmente conocida por sus secuencias de baile, incluida la escena en la que Gene Kelly interpreta la canción principal bajo la lluvia.

lunes, 12 de enero de 2026

Yo escribo, tu lees cuando…

En la comunicación – ya reiterado hasta la saciedad -, habrá de existir un emisor y un receptor donde obviamente el primero envía un mensaje escrito o en tiempo actuales “texteando”, de voz, imágenes visuales (fotografías, videos, etc.), documentación (informes, investigaciones, artículos, etc.) que por supuesto la naturaleza de la información dependerá de muchos factores: la edad del usuario, el entorno estudiantil, laboral o familiar.

Todos vivimos en un mundo donde se desean soluciones practicas y sobre todo rápidas que de no ser así genera estados de ansiedad -caracterizada por sentimientos de miedo, temor y preocupación excesiva-, y desesperación, lo que implica una sensación de pérdida de esperanza y un sentimiento de no poder superar una situación difícil.

Pero, ¿realmente será así de exagerado dichas consecuencias de no recibir una respuesta inmediata? Pareciera que sí, que previo a profundizar en ello analicemos los tiempos de demora enviados por:

o   Un fax: puede variar dependiendo de si se utiliza un fax tradicional o uno digital en línea. Un fax digital en línea puede tardar entre 30 segundos y 2 minutos en procesarse. Un fax tradicional, por otro lado, puede tardar entre 25 minutos y una hora en recibir e imprimir un fax de 50 páginas.

o   Un celular: En principio dependerá varios factores, como son: la velocidad de la conexión a Internet, el tamaño del y tipo archivo y la distancia entre el dispositivo remitente y el receptor. En general, la transferencia de datos puede tardar desde minutos hasta horas.

o   Correo electrónico: normalmente solo segundos o minutos, pero puede variar según factores como la conexión a internet, el proveedor de correo y la carga de los servidores, problemas de conexión o filtros de spam.

Esto último tal vez interesante para unos y por supuesto para otros no, teniendo en cuenta que lo que les importa es que lean su información evidenciada por un primer check donde el mensaje llegó al servidor, dos check grises ha llegado al lector y dos check azules, el lector lo ha visto; a partir de ese momento “tamborilea” con sus dedos la mesa del comedor, la de la oficina, sus piernas se mueven “taconeando” en silencio el suelo.

Esta la familia completa en el horario de almuerzo un fin de semana, todos comparten poner los cubiertos en la mesa siguiendo el protocolo correspondiente: a la derecha se encuentran las cucharas y los cuchillos, comenzando siempre con la cuchara en el extremo derecho, una cuchara pequeña (justo al lado), y a la izquierda, el tradicional cuchillo de mesa (en ambos casos con los bordes hacia el interior de la mesa), platos, vasos, el agua, lo que se va a comer y por supuesto que no podía faltar el celular, ¡SIIIIII!, dispositivo que posiblemente no esté como parte – hasta el momento - del protocolo junto los cubiertos.

¿Qué pasa, por qué no responde?; ¿Habrá parido: niño o niña?; ¿Qué nota saqué, aprobé?; ¿Me dieron la plaza?; ¿me aprobaron la ciudadanía?; … miles de interrogantes pudieran plantearse por supuesto y que tal vez justifica es “estado” de nerviosismo.

Hasta aquí diría que vamos bien en cuanto al nombre del artículo, te lo recuerdo: Yo escribo, tu lees cuando…, ¿Cuándo?, adverbio relativo. Significado: «En el tiempo en el que o en el momento en el que». ¿Ejemplos? acabo de llegar al trabajo 7 am, 8 am, marco la entrada, entro a la oficina, me siento, enciendo la computadora y mientras veo si tengo algún mensaje en el celular…; soy estudiante, llego a la escuela, reviso previamente si tengo alguna notificación en la tableta, entro al aula, abro los cuadernos y sin que me vea la profesora, chequeo…; la profesora por su parte, después de haber colocado el título de la clase de hoy y la fecha, chequea su dispositivo electrónico.

Son las 11:55 pm, los ojos se me cierran siendo el receptor, ¿me entró algún mensaje, cuando realmente no esperaba ninguno?; son las 11:59 pm, soy el emisor, bostezo, ya casi al ponerme el antifaz en la cara, ¿se habrán ido mis mensajes?

¿Estamos cuerdos? Por cierto, acabo de recibir un mensaje dirigido, tanto al emisor como al receptor; ¡Le felicito usted ha utilizado su teléfono 10 horas más que la semana anterior!

lunes, 5 de enero de 2026

Grabando…mi piel.

El lugar algo lúgubre, sombrío, paredes cubiertas de cortinas que con dificultad dejaban pasar los rayos del Sol; paredes cubiertas con afiches de personajes fantasmagóricos cuyos rostros reflejaban ¿crueldad?, cuadros que no guardaban armonía alguna: animales, paisajes cuyo propósito tal vez era reflejar un entorno poco agradable, desordenado.

En una mesa podían apreciarse catálogos que contenían rostros de personas y animales, flores, brazaletes, figuras geométricas, rosas náuticas, corazones, textos y otros, todas ellas situadas en brazos, rostros, piernas, hombros, tobillos, cuellos, glúteos, en las entrepiernas, en los dedos de las manos; no podía faltar un afiche donde el dibujo de una persona desnuda, de espalda mostraba las zonas de ¿dolor? del cuerpo humano.

En el centro del salón una cama plegable, rodeado de lámparas unidireccionales, mientras que el experto esperaba ¿qué harías o que seleccionabas para grabarte…?; mientras alistaba el dispositivo que perforaría la piel a través de una aguja inyectando tinta o pigmentos en la capa intermedia de la piel, la dermis; ligado a lo anterior, una mezcla de mezcla de pinchazos, hormigueo, rascado intenso o quemazón ligados al dolor y a la sensibilidad de la persona.

Grabarse dibujos o tatuar[1] o marcar mi piel de forma temporal o permanente, ¿un tabú?; no queda duda que los tatuajes pueden tener un significado espiritual, sirviendo como recordatorios de la fuerza, sabiduría o valores personales, simbolizan la resiliencia, la continuidad y la esperanza, especialmente para quienes han superado adversidades.

¿Adorados por unos, rechazado por otros? Vivimos en sociedades, permeadas por entornos a veces muy complejo, algunos recientes – en todas partes del mundo – donde se suelen enaltecer a través de los medios de comunicación, la violencia, la agresividad, la coacción de personas con tatuajes, siendo “sellados” de por vida.

Los tatuajes no son hechos recientes, sencillamente forman parte de la Historia, muestra de ello el encontrarse con una momia del período neolítico[2], con 61 tatuajes formados en 19 grupos de líneas paralelas y cruzadas en las piernas, la espalda, el torso y la muñeca; en la Biblia se menciona con cierta similitud con esta hipótesis en el libro de Levítico 19:28 en el que se les prohibió este tipo de comportamiento a los israelitas cuando iban camino a la tierra prometida.

¿Y en el caso de los estudiantes actualmente?, – niños, jóvenes, adultos, cuyas edades oscilan desde los 11 años hasta los 18, 20 años –, que lo visualizan como una moda, una rivalidad, pero que pueden verse sujetos a restricciones académicas en instituciones dada la posibilidad de asociarlos a conductas de riesgos, prohibiendo la visibilidad de los mismos, pero que inclusive al insertarse posteriormente en el ámbito laboral, no suelen ser vistos con “buenos ojos”.

El hecho en sí de grabarse la piel, la decisión habrá de ser tomada con madurez y lo que ello implica para una sociedad aun no preparada lo suficientemente al respecto; lo prohibido, a veces resulta “caro”, cuando no se explica o argumenta a tiempo por los padres, tutores, docentes.

Obviamente las sociedades deberán evolucionar una más que otras[3], ¿cuándo, ¿dónde, de qué dependerá? Todo estará en dependencia del raciocino del ser humano, entiéndase de la capacidad de usar la razón para conocer y juzgar.


[1] En inglés "tattoo", término proveniente además del polinesio samoano "tatau", cuyo significado es "marcar o golpear dos veces".

[2] Se ubica entre los 10.000 a.C. y el 5.000 a.C.

[3] Hoy en día, el 38% de la población mundial tiene al menos un tatuaje; contradictoriamente - según datos de Lutronic PBS, experto fabricante de dispositivos láser médico-estéticos-, en los últimos años, el número de personas que acuden a borrar los tatuajes de su piel ha crecido un 30% y se calcula que el 60% de las personas que se tatúan se arrepienten de ello en 5 años.

lunes, 29 de diciembre de 2025

La ausencia del silencio.

Pareciera ser que la vibración que se propaga en forma de ondas y que es percibida por el oído humano, no es permisible cuando no escuchamos lo suficiente o nada, algo así como una barrera, un muro, llamado silencio, que conlleva a la abstención de hablar, en el ámbito de la comunicación humana.

Es muy cierto que el silencio colabora, ayuda a reflexionar en momentos que se requiere pensar, con el propósito de tener más claridad, diría de concentración para la elaboración de un proyecto, tarea, etc.; que, ante la posibilidad de algún ruido no esperado, la “musa se espante”.

Pero si por un momento “escondieses los problemas”, y te dedicaras a escuchar todo lo que proviene en cuanto a sonido, donde escuchas con atención - a diferencia de oír (escuchar y oír, dos caras de una misma moneda) -, biológicamente se genera una tensión para decodificar el mensaje, y separar del significante (sonido) su mejor significado como puede ser el trinar de las aves, la lluvia cuando cae, el agua cuando avance a través del cauce, cuando la pluma o lápiz rasga su tinta o crayola sobre la superficie de la hoja, cuando las teclas de tu computadora/ordenador, tableta, teléfono son presionadas.

Para cualquier persona racional lo que pretenda escuchar debiera ser agradable, algo que lo haga sentir bien, por ejemplo, música cuya selección irá avalada por su estado anímico que le ocasionará un sinnúmero de satisfacciones vinculadas a recuerdos que pueden variar en el rango de las emociones, positivas (alegría, amor, felicidad, humor); de las negativas las cuales solemos evitar (ansiedad, miedo, ira, rechazo, tristeza, vergüenza), pero que no son tan sencillas de lograrlo.

 ¿Y lo ideal que debiéramos descartar (lo más posible)? Evidentemente un sonido no deseado o molesto, al que llamaremos ruido, el cual se define en el contexto ambiental como «cualquier sonido que interfiera con la tranquilidad o que cause incomodidad o daño a la salud. En términos de comunicación, se refiere a cualquier señal no deseada que puede interferir con la transmisión o recepción de un mensaje.

Por ejemplo, hablar en voz alta (gritar) por parte del emisor, peor cuando es devuelta por el receptor; poner música estruendosa, que sobre pase los 100 decibeles – decibel unidad de medida del sonido (db) – siendo el caso de la sirena de una ambulancia (110), el de un iPod cuyo volumen máximo alcanza los 120 db; fuegos artificiales 160 db, por supuesto no permisibles que afectan a los oídos, aunque existen excepciones como el de un niño llorando que puede alcanzar los 120 db, comparable al ruido de un avión al despegar (¡What/Qué!), que tampoco deben dejar de atender (al niño/a) del porque el llanto.

Por supuesto tanto separar un sonido desagradable / agradable no resulta tan sencillo ya que ambos forman parte de nuestro entorno, donde habitamos, ¿sería posible evitar como parte de lo cotidiano: los vendedores ambulantes, los músicos callejeros, la música de los parlantes, los personajes populares que ofrecen sus productos y avisan su llegada con un sonido en particular (organillero, afilador de cuchillos, heladero, chinchinero, etc.), ¿las campanas de las iglesias? 

Al parecer vivimos en un mundo donde tendremos que lidiar entre el mundano ruido – que no lo excluyo totalmente, ya que pueden resultar agradable teniendo en cuenta el factor cultural - y la búsqueda constante de los mejores espacios donde hacer florecer los mejores sentimientos.

lunes, 22 de diciembre de 2025

¿Por qué ocultamos?

Era ya tal vez un adolescente edad un tanto consciente de indagar – no al grado de investigar, dejándolo un poco para la escuela (básico, diversificado)-, donde imperaba la curiosidad, el descubrir, lo que en un momento determinado era «… ahí no se puede tocar, eso no lo puedes abrir…», que, por supuesto no le daba la importancia necesaria, pero… ante «… ahí no se puede tocar, eso no lo puedes abrir…», ‘tanto va el cántaro a la fuente hasta que…’, ya no había margen para más…

¿Acaso lo que una o varias veces se me prohibió, trascender, sería algo así como destapar ‘la caja de pandora’[1], descubriendo ‘sapos y culebras’…?; pero realmente no lo fue, esperé a que no hubiese nadie en casa – mis padres trabajando -, encendí la luz de su cuarto y me dirigí a una de las mesitas de noche…, caminaba en plantilla de medias… silenciosamente…, Nota: que tonto, si no había nadie, pero así lo había visto en las películas.

Tomé el asa de la gaveta de la mesita de noche, halé la misma y no cedió, señal que producto de la humedad misma se encontraba atascada, miré a un lado y otro… Nota: ¡Qué no hay nadie…!; Me arrasqué la cabeza, y me pregunté: ¿Por qué tanto interés en ver lo que hay dentro? Nota: música tenebrosa de fondo…

La curiosidad es una emoción agradable que involucra la búsqueda de información, conocimientos y experiencias nuevas, siendo la misma alimentada por la voluntad de superar o ampliar nuestro dominio, conocimiento y comprensión del mundo.

Considerada una emoción positiva fuertemente vinculada al impulso de conocer o averiguar cosas novedosas y resolver interrogantes, una respuesta humana natural y puede darse como un estado emocional temporal o configurarse en un rasgo de personalidad.

Por lo visto hasta aquí, voy bien, sigo… la curiosidad puede ser definida como una suerte de energía o estado motivacional persistente que lleva a los individuos a desarrollar comportamientos exploratorios. Dicho estado puede presentarse con mayor frecuencia e intensidad en algunas personas en comparación de otras. Nota: Al parecer el nivel de ‘chismosidad’ puede variar, continuo…, la medida en la que estos comportamientos exploratorios serán satisfechos dependerá de los estímulos del ambiente.

Para propiciar el estado de curiosidad, esos alicientes deben poseer ciertas características, tales como la novedad, la complejidad, la incongruencia y la sorpresa, ¿sorpresa?, entendida como la incongruencia entre un acontecimiento esperado y una manifestación distinta en la realidad, lo cual ocasiona que la persona entre en una situación de conflicto cognitivo, que implica la percepción de una alteración de lo que se considera conocido, familiar y comprensible.

Aprendido lo anterior…, regreso a la gaveta de marras, la abro suavemente, ya desatascada, en su interior, dos cosas que no esperaba: una biblia (¿raro?, pensé ya que desconocía a mi padre, profesar alguna religión) y lo segundo una bala de 38 mm, ¿una bala?; ¡no era posible, lo único relacionado con ello había sido una pistola de agua, siendo niño!, por lo que había recibido muchos regaños por mojar la ropa de los vecinos.

No había de otra, debía confesarle a mi madre… ¡Mami, me encontré esto…!; mi madre, su respuesta fue una sonrisa… sobre la Biblia, tu padre le rogaba a Dios, que no nos faltara un plato de comida, salud, un techo y sobre todo estabilidad laboral; ¿y en el caso del proyectil?; Hubo un cambio social, jóvenes muy bisoños, andaban en las calles celebrando, en camiones y al parecer tu señor padre la encontró y la trajo como ¡trofeo!

¡Increíble, cuánta historia!, … la Biblia sigue allí, la bala… mi madre la entregó a las autoridades competentes, por temor a mis hermanos menores, que tal vez más tarde vendrían con mi misma curiosidad…


[1] En la mitología griega, es un recipiente mítico que contenía todos los males del mundo. Pandora, la primera mujer, la abrió por curiosidad, liberando esos males sobre la humanidad. Sin embargo, la esperanza permaneció dentro, ofreciendo consuelo ante las desgracias. Actualmente, la expresión "caja de Pandora" se usa para referirse a una fuente de problemas o situaciones que, al ser abiertas, desatan consecuencias negativas e inesperadas.