lunes, 18 de mayo de 2026

Me hago…no me aguanto.

Las abuelas suelen ser expertas en cuanto a sus recomendaciones cuya expertise o experticia, viene dado posiblemente por lo “vivido”, rodeado de tradiciones culturales, de sus ancestros, «… mi abuelita me decía que…», inclusive una anécdota real, por lo cual me pueden leer en este momento, es que, siendo recién nacido, sin querer, sin darse cuenta, una de las enfermeras me había dejado un calcetín o media en uno de mis diminutos pies, lo que provocó un problema de circulación, y el cuerpo se me puso todo morado.

Mi madre llorando – le preguntó a su mamá (mi abuela) –, mamí, ¿se va a morir?, y la señora le respondió «mira mija, si se va a morir dale el biberón de leche, para que al menos fallezca lleno y así vaya al cielo», … y aquí estoy. Que al parecer ni la calaca fue a buscarme ese día, porque no me tocaba, o bien porque yo mágicamente ese mismo día con el otro píe me había quitado el calcetín que me apretaba, sin que nadie se diese cuenta.

¿Qué sabe una abuela, aunque nunca haya tenido la opción de ni pisar la entrada de una escuela?, sencillamente casi todo, y digo casi por no ser absolutista, pero en cuestiones de relatos (“… yo recuerdo…”), consejos, y que decir de la crianza de los nietos, sin dejar de mostrar un cariño constante, amor permanente, hacia los pequeñines (ambos pertenecientes a dos generaciones), como también muy exigentes (“… cuidadito con levantarse de esa silla, hasta que yo le diga”), lo cual las hace ¡insuperables!

Otra anécdota, ya no mía, ni de mi abuela en particular, por lo que pasa a hacer parte del folclore (creencias), lo es cuando un menor de edad retiene las ganas de orinar / miccionar, ya que le da pena hacérselo encima al haberle sucedido en varias ocasiones, de aquí la necesidad de educarlo en que asista al baño, sentándolo en la bacinilla y abriendo la pila o paja de agua, cuyo sonido del agua corriendo activa el cerebro y cuya respuesta es el relajamiento de la vejiga – se establece una conexión entre la audición y el sistema nervioso parasimpático - y los músculos pélvicos.

Y, ¿en el caso del abuelo?, pareciera ser que el mismo “delega” en la abuela, ¿su posición? permanecer callado, aunque observador muestra de ello es que está atento a lo que sucede y por otra parte sus ojos lo delatan y que se visualizan por encima de los lentes o anteojos como si fuese un búho nocturno.

El abuelo entrará “en escena” sobre todo en el momento, que haya que demostrar “su valentía”, ante cualquier situación de acoso o bullying en el colegio “… si ese niño te quitó el refrigerio o merienda… ¡pé…!, a los hombres hay que respetarlo y no llores, ¡los hombres no lloran!”; por el contrario si el nieto le relata al abuelo, que hay una niña que le gusta en el colegio, el abuelo todo pizpireto o coqueto, le responde “…toma del jardín una flor y llévasela”; el niño como respuesta se sonroja.

La abuela (abue), que presta atención se sonríe malévolamente y dice para sí, «si mi nieto supiera que su abuelo, en él ni se fijaban las moscas y yo todavía me cuestiono que fue lo que me picó, ese día».

Eso sí era un hombre muy trabajador, - continua la abue - araba la tierra, que por cierto a mis padres, tus bisabuelos, y que al parecer era el más guapo del pueblo, y eso si no puedo olvidar que, a pesar de nunca haber ido a la escuela, sabía como todo un profesional cuanto sembrar de cada hortaliza, frutales
y por cierto me encantaba, que se apareciera en el bohío, cabaña o choza con un ramo de flores amarillas que salían de la calabaza o ayote, como parte de sus siembras, ¡ … qué bonito!

La niña rompe en llantos, lo que provoca que la abue, retorne a la realidad y pregunte ¿qué sucedió María?, responde la menor, “… abuelo se ha quedado dormido en el sillón y yo quiero que me lean un cuento para dormir”, la abuela sonríe va y cubre al abuelo con una colcha o frazada, se dirige al cuarto con un libro en la mano y comienza. “Había una vez…”.

lunes, 11 de mayo de 2026

El recuerdo … como insumo.

Resulta ¿obvio?, que las personas que solemos escribir – mis disculpas a mis excompañeras de trabajo de la asignatura de Comunicación y lenguaje, ¿disculpas?, SÍ, ¿Por? Mis ¿errores o horrores? ortográficos, el abuso del queísmo[1], el exceso de comas y otros – nos apoyemos en hechos vividos (personal o del entorno familiar) o conocidos sobre todo a partir de la lectura, como insumo.

En este momento recuerdo - fenómeno complejo que implica la capacidad del cerebro para almacenar, retener y, en última instancia, recuperar información, experiencias y procedimientos previamente aprendidos- como frase popular que "Recordar es volver a vivir", ¿su significado?  «Traer a la memoria momentos del pasado, reviviendo sentimientos o emociones asociadas a ese recuerdo, lo que permite que algo que se consideraba lejano o extinto vuelva a la vida presente, ya sea de forma placentera o nostálgica.

¿Y de dónde nutrirnos para recordar hechos pasados que sean tangibles? Fotos, películas, videos, lugares (donde recurrimos tras años de no visitar), amistades con las que contactamos un buen día o cada día que retomamos dialogar y que más allá de ponernos al día, de cuando en vez surge algún comentario (sin caer en el extremo malicioso o de crítica al no estar presente esa persona, entiéndase chisme) “…sabes que … se fue del país”.

Me encanta conversar al respecto con mi hija y por supuesto recordarle sobre todo los buenos tiempos, a lo que le sumo los contratiempos que en su momento tuvo como estudiante, acompañado de regañadas que sirvieron puntos de inflexión y reflexión y que, si en su momento hubo discordias, hoy resultan sonrisas como señal de agradecimiento.

Cuando comparto con ella fotos viejas, antiguas, tal vez cargada con un año y meses de nacida, que por supuesto no recuerda - los niños desarrollan la capacidad de formar y recordar recuerdos autobiográficos (experiencias personales) alrededor de los 3 o 4 años de edad; en el caso de los adultos período similar para “rescatar” su primer recuerdo vivido -, sin embargo a ella le permite “reconstruir” o asociar la experiencia original, modificando con el tiempo nuevas asociaciones o interpretaciones reviviendo con ellas vivencias pasadas, aprender de ellas y dar continuidad a su historia personal.

¿Y como docente? Solemos recordar a los buenos, los que se destacaron, los disciplinados, los estudiosos, sobre todo al graduarse con notas máxima y ya en su vida laboral a pesar de los pocos años, ser profesionales de éxitos, pero también recordamos a los “malos”, aquellos que no estudiaban lo suficiente, que no se integraban al trabajo en equipos, era impuntual, indisciplinado…, y por ende nos dejaba “huellas” donde nos ponía a pruebas que hacer nuevo, donde habíamos fallado, que no lográbamos enrumbarlo a mejores resultados, por supuesto logrados con unos, no con todos.

Donde unos u otros (buenos o malos), con el tiempo, de encontramos en el camino en modo virtual o presencial, resultaban y resultan un momento propicio para recordar y en especial para retroalimentarnos si realmente hicimos nuestra labor bien: ¡Educar!

Que al parecer parece que algo logramos, algo, evidenciado por canas, uso de anteojos, menos cabellos, arrugas en el rostro (y no solo por la disminución de colágeno y elastina que dan firmeza a la piel, es decir envejecimiento natural), al fruncir el ceño al molestarnos por una conducta impropia del estudiante, estrés, la falta de sueño, cuando asumimos que el mal desempeño de aquel joven, fue responsabilidad nuestra al no enmendarlo a tiempo.

Por lo visto, recordar es volver a vivir, y si volviera a nacer, mi profesión sería siempre: ¡ejercer la docencia!



[1] Uso, normativamente censurado, de la conjunción que, en lugar de la secuencia de que, como expresión introductora de ciertos complementos oracionales.

lunes, 4 de mayo de 2026

Cuando dispones de tiempo para observar.

Me surge la interrogante siguiente, ¿es lo mismo ver que observar? Nos trasladamos a nuestro amigo el diccionario y encontramos lo siguiente: Ver, «Percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz» / «Percibir con la inteligencia algo, comprenderlo» / «Examinar algo» / «Encontrarse con alguien» / «Comprobar un fenómeno o verificar un dato» / Imaginar a alguien o algo de una manera determinada» / «Juzgar o considerar un asunto de una manera determinada».

En el caso de Observar, «Examinar atentamente» / «Guardar y cumplir exactamente lo que se manda y ordena» / «Observar cuidadosamente, especialmente con atención a los detalles o al comportamiento con el propósito de llegar a un juicio».

Parecieran ser sinónimos, sin embargo, siendo los sinónimos de observar (examinar atentamente) incluyen examinar, contemplar, notar, advertir, estudiar, analizar y acechar, que en el caso de ver (percibir con la vista) se asocia con mirar, percibir, divisar, distinguir, avistar, vislumbrar o contemplar y finalmente (¡BINGO!), "Observar" implica más detenimiento que "ver".

Conclusión que me da respuesta a la interrogante del primer párrafo, donde “ver” y “observar”, no son sinónimos a lo que añado que si “observar” implica … más detenimiento, para lograrlo verdaderamente se necesita más tiempo.

Recuerdo en una fase como parte de mi profesionalización – siendo docente universitario – donde la institución misma se encargaba de mantener al profesorado en constante superación, el haberme enviado a un alto centro nacional de investigación científica y que si bien era gratuito la evaluación del desempeño que te realizaban al culminar el período (6 meses), no podía ser menos que satisfactoria.

Cambiar de un entorno de sillas, pizarra verde; mesas de laboratorio (tubos de ensayos, quemadores, erlenmeyer, vasos de precipitados, pipetas, etc.) a un súper laboratorio donde la dotación de recursos materiales era exactamente como lo había visto en las películas, ¿quién lo iba a pensar?, me pellizcaba y efectivamente ahí estaba: entre balanzas analíticas y de precisión, probetas graduadas, buretas, pipetas aforadas, termómetros y pH metros; placas calefactoras, agitadores magnéticos, agitadores Vortex y autoclaves; Campanas extractoras de gases, gafas de seguridad, guantes (nitrilo/látex), batas, extintores, duchas de emergencia y lavaojos; espectrofotómetros, centrífugas y cromatógrafos de gases, entre otros muchos.

El tema de investigación que me competía era el utilizar un mineral catalogado como "ladrillos" fundamentales de la tierra, y que el mismo por su composición química podía servir de alimento, sí, de alimento como mismo lo lee, ¿un nuevo condimento?, ¿estarían nuestros molares dispuestos a triturar rocas?

La problemática era que antes de “consumirla”, había que obtenerla, sí, para lo cual nos apoyábamos en materiales científicos previamente estudiados, donde se destacaba su alto poder alimenticio -siendo un suplemento desintoxicante para eliminar metales pesados del cuerpo, estimular el sistema inmunológico, equilibrar el pH y además  ayudar al cuerpo a eliminar metales pesados, favoreciendo la salud renal óptima -, así como “recetas” para su obtención, a lo cual le añadiríamos un tinte nacional.

Establecido un plan /cronograma para su “posible” obtención, se requería de tiempo, y un ejemplo concreto para ello: estar 24 horas observando “sin pestañear”, el medidor de temperatura y presión del horno donde se encontrase el mineral a investigar.


Largas jornadas – donde se trabajaba 24 horas y se descansaban 12 – rotando entre 3 personas que participábamos en la investigación, que, por supuesto tales 12 horas se “diluían” en llegar a la casa, saludar a mi madre, desayunar, ¿dormir?, y de regreso al maravilloso mundo de la investigación, que, por el momento, se centraba en la aguja del termómetro y el barómetro que fuese exacto, “ni un pelito más, ni un pelito menos”.

Moraleja 1: Tras 5 meses, 3 semanas y 4 días, obtuvimos el “ladrillo alimenticio”, unos 30 miligramos, suficientes para la elaboración de un nuevo artículo científico; Moraleja 2: Si desea hacer algo excepcional, ¡tómese su tiempo a la hora de observar y después actuar…!

lunes, 27 de abril de 2026

Ante perfiles… (falsos)

La palabra perfil – entiéndase “Conjunto de rasgos que caracterizan a una persona o cosa” - la fui aprendiendo en la medida de capacitaciones recibidas, trabajos realizados vinculados a la academia en varias etapas de mi vida laboral, hoy en día posiblemente muy popular empleado en las redes sociales a través de los curriculum vitae (CV) u hoja de vida, de personas que solicitan empleos y por supuesto siendo dirigido mayormente a las personas encargadas, sobre todo Recursos Humanos (RRHH).

Que de dicho párrafo extraigo dos: 1. Perfil (es) y redes; hay redes – diría que un poquitico más formales -, se suele escribir el perfil para aquellos que desean indagar, curiosear ante la solicitud de un empleo como tal, perfil que obviamente lo plasma la persona interesada y que de ser solicitada como candidato (a) o bien comparte su CV, o lo lleva a la entrevista y 2. Redes que como su nombre lo indica en el caso de las sociales, no son más que plataformas digitales que permiten a usuarios y empresas conectarse, comunicarse, compartir contenidos (texto, imágenes, videos) e interactuar en tiempo real.

Hasta aquí nada nuevo que analizar y que sencillamente conocemos e inclusive somos partícipes diarios del uso de las mismas, y sí por supuesto un archienemigo de que los adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes (hijos, nietos) rijan su conducta tras la pantalla del móvil y ante la anuencia, consentimiento, permiso, aprobación o conformidad equivocada de los padres, un ejemplo: a la hora de la cena, nadie se mira, todos con un celular en la mano y la otra con un cubierto, si fuese el caso.

Sin embargo, más allá de lo consabido, me dirijo a la relación perfil-red, pero buscando la acepción de red (de pescar) siendo estas “herramientas de hilo tejido con flotadores y plomos, esenciales para la captura de peces, unas artesanales, como el trasmallo o la red de enmalle o agalleras”, lo cual me permite establecer una analogía, dónde los humanos solemos quedar “enredados”, ante personas inescrupulosas de perfiles FALSOS.

Mencionar un perfil bajo esa modalidad implica utilizar una identidad ficticia o suplanta a otra persona, empresa u organización para engañar, cometer estafas, acosar o difundir información falsa… me detengo acá y para muestra un desagradable botón…

Persona 1. Este profesor me llama mucho la atención en clase, ha sido reiterativo en cuanto a mis ausencias a clase, no cumplir con la entrega de la tarea y me lo quiero quitar de arriba.

Persona 2. Hagamos algo creemos un perfil falso, acusando al teacher de acoso, hacer evaluaciones de contenidos que no imparte en clases, no siendo ejemplo además ya que llega siempre tarde a clases y para colmo tiene prioridades con otros estudiantes…

Persona 1. Perfecto.

El docente en cuestión, recibe un correo electrónico, así como un mensaje vía WhatsApp, donde en uno u otro, resulta reiterativo que se presente a la dirección para ventilar una situación muy grave en su desempeño con estudiantes de su clase, a lo que se suman quejas de los padres de familia…

Por lo visto ante situaciones de ese tipo, ello constituye una alerta a los propios docentes, padres de familia, estudiantes, del manejo inadecuado de las redes que, bajo una sarta de mentiras, pseudo verdades, nos conllevan a la duda, a la incertidumbre, pero más a la injusticia cuando el soporte o base de la información es insostenible.

No queda de otra que cortar los hilos de la malla de la red, siguiendo una línea recta, usando “tijeras afiladas”, asegurando que el corte sea uniforme, donde esa herramienta manual se base en la verdad, en la sinceridad, honestidad, en la transparencia, en la comunicación confiable y efectiva.



lunes, 20 de abril de 2026

Agudeza en los sentidos

Posiblemente en la escuela (primaria, nivel medio, bachillerato e inclusive reforzado o ampliado en carreras técnicas o universitarias -relacionadas con la especialidad-), habremos conocido acerca de los órganos de los sentidos y sus funciones:

o   Vista (Ojos): Detectan la luz, formas, colores y distancias a través de estructuras como la retina (conos y bastones), iris y cristalino.

o   Oído (Oídos): Perciben sonidos y regulan el equilibrio. Se dividen en oído externo, medio e interno.

o   Olfato (Nariz/Fosas Nasales): Detecta las partículas químicas dispersas en el aire, permitiendo identificar olores.

o   Gusto (Lengua): Detecta sabores básicos (dulce, ácido, salado, amargo y umami) mediante las papilas gustativas.

o   Tacto (Piel): Es el órgano más grande, con receptores repartidos que perciben presión, temperatura, textura y dolor.

Unos utilizados más que otros, en función del entorno, pero sin preverlo todos funcionan a la par del hecho inconscientemente, por ejemplo: entrar a una cafetería o restaurante, donde:

1.        Aprecias el menú y los costos. (Vista)

2.       Escuchas a los usuarios, que solicitan, etc. (Oído)

3.       Hueles donde percibes los diferentes olores. (Olfato)

4.       Posiblemente la boca se te haga “agua”, donde tu subconsciente opere influyendo en sus pensamientos y emociones, relacionado con lo que ya prevés ingerir o degustar, algo así como un "piloto automático". (Gusto)

5.       Sientas la diferencia de temperatura producto del aire acondicionado en el interior del local o bien en el caso de ingerir el o los alimentos estos se encuentren a la temperatura adecuada. (Tacto)

Hasta acá algo básico o de reafirmación, los sentidos, funciones y su puesta en práctica.

Pero, siempre habrá uno o más peros, e introduzco el término agudeza, donde identificamos diferentes acepciones: 1. La cualidad de ser afilado, intenso (como un dolor), 2. Perspicaz, 3. Capaz de percibir detalles con los sentidos, denominado agudeza sensorial.

Profundizando en esta última encontramos que, la agudeza sensorial es la capacidad de percibir con precisión detalles finos del entorno a través de los sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto), reflejada en diversas profesiones, tales como médicos, chefs, músicos, catadores, mecánicos y especialistas en seguridad, lo que les permite detectar matices críticos, para la toma de decisiones.

Hasta acá de maravilla, todo meramente informativo con el propósito de ratificar algo conocido, pero, realmente no puedo quedarme tranquilo, algo debo poner que nos ayude a reflexionar, algo así como un estudio de casos[1], voy.

Día de la Exposición de un proyecto por parte de un equipo integrado por 5 estudiantes, en el aula de clases, donde previo al comienzo de la actividad, se visualizan movimientos lógicos (diría) de los mismos, antes que se “abra el telón”.

En tres de ellos partiendo de la responsable del equipo (coordinadora), se muestra seguridad, confianza, solidez en la argumentación a medida que exponen apoyándose tanto en fichas que soportan satisfactoriamente las presentaciones de cada uno de ellos, sin embargo (¿o, pero?), hay dos que antes y durante la exposición se muestran inquietos, tensos, sudan…, hasta tartamudean…

Mis preguntas van dirigidas a estos dos últimos: ¿Qué les sucede? ¿Trabajaron conscientemente como parte del equipo?, ¿por qué titubean?... Respuesta: “Profesor le vamos a ser sincero, no participamos…”

Por lo visto en la lista de experto con agudeza sensorial faltaron los docentes, ¿está de acuerdo conmigo? 




[1] El estudio de casos es un método de investigación cualitativo y una técnica de aprendizaje que consiste en el análisis intenso, profundo y contextualizado de una unidad singular (persona, grupo, organización o situación).

lunes, 13 de abril de 2026

El sonido de una campana

Posiblemente al escuchar sonidos tales como talán, talán, tolón, tolón, tan, tan, din don dan o tilín, tilín y tintín, tintín, ambos te conduzcan a visualizar, los primeros procedentes de la campana - comúnmente de la iglesia -, por lo que automáticamente ratificas que es la hora exacta, habitual que se escucha cada día, pero también lo compruebas en tu reloj de pulsera o en el celular.

Mientras que en el caso de los segundos “… tilín, tilín y tintín, tintín”, proveniente de campanillas, acompañados por la voz de un pregonero[1] que divulga sus productos: helados, dulces, frutas…etc.

No podemos obviar la existencia de campañas muy famosas muchas de ellas en Europa, como son la Campana de San Pedro[2] se encuentra en la Catedral de Colonia, Alemania; La Gran Campana del Zar o Tsar Kolokol III[3] es otra de las más importantes del mundo, pese a no estar ya en funcionamiento, situada en el Kremlin, Rusia; En España, específicamente en Toledo tenemos en su catedral, la campana llamada La Gorda[4] y por supuesto no puede faltar el Big Ben[5], nombre de la campana principal y no de la torre en sí, en Inglaterra.

Y ya, lo que pareciera ser “una clase” sobre campanas, me referiré a una muy en particular llamada “La campana de la victoria”, que no es el caso de la tradición naval centenaria donde como señal de honor (se toca para dar la bienvenida o despedir a oficiales de alto rango o personalidades importantes al subir a bordo), sino la que se toca tres veces – es de bronce - cuando los pacientes al terminar su última sesión de quimioterapia o radioterapia contra el cáncer y el comienzo de una nueva etapa con esperanza, tras el esfuerzo y la finalización de una lucha física y emocional, celebrando la superación de una etapa muy difícil.

Situación que pude apreciarla – a través de un video compartido, real – de una persona a quien amo, de la familia, donde todos estábamos anuentes al tratamiento en sí, desde su comienzo, tristes, al saber que era “una persona con diagnóstico de cáncer", que ha partir de ese momento los días parecían ser más largos, las manecillas de los relojes apenas se movían, las campanas no sonaban.

Al recibir el video, donde tocaba una pequeña campana tres veces a la salida de la consulta del especialista, lo cual en un comienzo nos desconcertó el significado o mensaje que se quería transmitir por desconocimiento, pero lo mejor de todo al preguntarle vía chat, ¿…y?, como respuesta: su sonrisa, la lágrima en sus ojos, la tos nerviosa...

Lo que ella no sabía que todos estábamos a “moco tendido”, tosíamos (mal familiar genético), reíamos, brincábamos…; pensé en ese momento, solo pensé… ¡puedes volver donde la campana y tocarla no tres, sino miles de veces: talán, talán, tolón, tolón, tan, tan, din don dan o tilín, tilín y tintín, tintín, por tí, por y para todas las personas con dicho diagnóstico, cuyo resultado sea el mismo, demos ánimo y esperanza a otros pacientes que aún siguen en tratamiento: ADIOS TRISTEZA, BIENVENIDA LA ALEGRÍA.



[1] Vendedor tradicional que recorre calles y plazas ofreciendo productos o servicios a viva voz, utilizando frases rítmicas, melodiosas o rimadas conocidas como "pregones" para atraer clientes.[2] Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.[3] Pesa 216 toneladas y su altura de más de 6 metros. Fundida en 1735[4] Pesa 18 toneladas e inaugurada en el siglo XVIII.[5] Se encuentra dentro de la Elizabeth Tower en el Palacio de Westminster. Es una de las cinco campanas de la torre; la gran campana pesa más de 13 toneladas y toca cada hora, mientras que otras cuatro más pequeñas tocan los cuartos.



lunes, 6 de abril de 2026

El café y el amor

¿Quién primero, uno u otro?, buscando fechas encontramos que, siendo el café originario de los antiguos bosques de Etiopía, en el este de África, específicamente en la región de Kaffa, donde se encontraron los primeros cafetos (cafeto arábigo) alrededor del siglo XI, mientras que en el caso del amor[1] – me atrevería a decir que este fue primero, pero lo corroboramos -, siendo mucho las fuentes a través de ideologías, culturas, mitologías, corrientes, tales como: El budismo (se originó en la India hace 2.500 años), entre los siglos V y VI a. C.; Judaísmo (en hebreo, conocido como ahavá), su origen (aprox. 2000-1800 a.C.); el Islam, en el siglo VII d.C.; mientras que el Catolicismo en el siglo I d. C., luego el ganador resulta, ¡el AMOR!.

¿Y vínculos entre uno y otro?, por supuesto, es común tomarse un café en el hogar en compañía de su pareja, la familia, donde compartir mientras se toman ligeros sorbos, el plan del día, cómo va el trabajo, etc.

Ya en un bar o restaurante, en su interior o en la terraza, posiblemente amigos, parejas ante algún “síntoma” de afinidad, donde consolidar una amistad que inicia y porque no un romance, a partir de ese líquido oscuro, color café, pueda servir de vaso comunicante.

¿Qué café pedir? Comencemos, le muestro el siguiente menú:

o   El espresso. Es amargo, pero da energía. El primer sorbo puede resultar desagradable, pero cuando terminas la taza siempre quieres más. Y, por lo general, no hay tiempo para otra. El espresso es la vida.

o   El capuchino.  Al principio es amargo, luego dulce y ligero, pero en el fondo es la vida misma. Sin embargo, los momentos dulces y amargos son los mejores. Por cierto, siempre se puede comer solo la espuma y no beber, pero a casi nadie se le ocurre hacerlo. Al parecer, lo importante es la combinación. Se considera el enamoramiento.

o   El latte.  Espresso diluido con leche de esperanza y espuma (la misma espuma que hay en el capuchino), pero no lleva canela, no tiene esa acidez que permite saborear el momento. Representa los sueños.

o   Moka. Es café con chocolate caliente. Es denso y viscoso. Lleva leche, pero además dulzura, que no se encuentra en el espresso, no apreciable de inmediato. El moka es señal de melancolía.

o   El Irish coffee o café a la irlandesa. Se caracteriza por la presencia de alcohol (abrazador); se puede mezclar y entonces casi no se nota si el café está bien preparado. Representa la pasión.

o   El ristretto. Es más denso, aromático, menos amargo y tiene un sabor más intenso y dulce que un espresso convencional. Es cuando toda la vida se reduce a un sorbo. Bebes, pides la cuenta y te vas. Normalmente es así. El ristretto es la muerte.

¿Y el amor? ¿El amor verdadero?

El amor verdadero es el café que preparas en casa por la mañana. Recién molido, preferiblemente a mano. Con canela, nuez moscada y cardamomo. El café al que hay que estar pendiente para que no se escape (al igual que el amor), porque si no, el sabor se estropea irremediablemente.

El café que se sirve en la vieja taza favorita y se bebe saboreando cada sorbo, cada día. Disfrutando de cada sorbo. Por cierto, ¿ya se tomó su café de hoy? Lo invito.






[1] En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico.