Cuando uno es joven hace locuras, los cuales muchas de ellas pueden resultar perjudiciales como puede ser afectarte los estudios, sobre todo cuando eres docente (pero años después sin prever, ni soñar que estudiaría magisterio); una de ellas de las tantas, es que estando becado un colega me dijo “… Ernesto, están buscando “rellenos” para un documental en la playa, con un director novel, no nos pagan, pero si hay refrigerio y… sobre todo hasta una fiesta en una casa cerca de la orilla del mar y por supuesto no podían faltar las chicas”.
Al parecer había llegado el momento de mi
¿estrellato?, lo que había visto en películas o series hacerse realidad que
para lograrlo implicaba muchas cosas: primero decirles a mis padres que me
habían invitado a ser parte de una película (mentira 1, ya que documental me
resultaba poco significativo), y que sería sábado y domingo en una casa en el
mar (playa), con todos los gastos pagos (verdad 1).
Ser parte de la supuesta farándula, entiéndase “ambiente
nocturno formado por personas famosas de distintos ámbitos, especialmente del
espectáculo”, era muy poco probable ¿famosos?, ¿distintos ámbitos?, ¿espectáculo?,
no obstante, estaba la opción y no perdía nada con ir, cosas de muchachos/chavalos/cipotes/chamacos/patojos.
Ir no resultaba tan sencillo, ya que ello implicaba,
asistir con la mejor “ropita del domingo”, es decir la ropa que se suele
utilizar cuando vas a pasear el fin de semana, algo así como “ir bonito, elegante”,
inclusive sin importar que alguna puede ser prestada, sí, prestada.
Y aquí entran “mis zapatos mexicanos”, resulta que a mi
padre (cuyo oficio era barman), un cliente, de procedencia mexicana le había
regalado un par de zapatos – y que casualmente mi viejo y yo utilizábamos el
mismo número de calzado –, elegantes, negros, de cordones, pero que el frente
de estos presentaban hoyitos labrados en el cuero como decoración, hecho nunca
visto, ya que los que había tenido eran de cuero liso, donde posiblemente la
vaca de donde salió el mismo no era de tanta calidad, como el de los mexicanos.
Mi padre me dijo “… CUÍDALOS”, lo pongo en mayúscula
como señal de una orientación con carácter imperativo y que por supuesto había
que cumplirlo al pie de la letra; también un colega de la beca me prestó un
bolso.
Llegó el día de la filmación donde se tomaron varias
tomas, caminando con la puesta del Sol (bello) Aclaración: iba descalzo, ni
loco con mis zapatos mexicanos; en la noche ahí sí me la desquité ya que era en
una fiesta, y aquellos zapatos no paraban de moverse al ritmo de la salsa,
inclusive y si les soy honesto, los mismos llamaron la atención de los
participantes: burlas que de donde los había sacado, etc.
Para los que saben un poco de filmaciones (yo casi
nada) los “actores y actrices”, no solemos apreciar el resultado de la
película, documental en este caso de como quedó el mismo y sí preguntamos que
cuando sería divulgado para estar al tanto.
El director argumentó que la intención era promoverlo
tanto en el cine, como en la televisión, tal vez dentro de unas tres semanas,
situación que generó tanto incertidumbre, como desconfianza, si sería real o
no.
Esa situación conllevó – como estrategia – que uno iríamos
al cine y otros se encargarían de “pegarse” a la televisión (nota: cero YouTube,
cero redes, cero celulares), era sí o sí, al menos que habíamos ¡salido!; y así
fue, llamo una de las chicas y dijo “en el cine tal…” ¡Corran! (ya yo había
devuelto los zapatos a mi padre)
Esa noche la estampida vía cine fue obligatoria,
nerviosos, queríamos que las luces se apagaran ya, ¡no había reflectores ni alfombra
roja!, y… comenzando, ahí salían mis (perdón, los de mi papá) zapatos procedentes
de tierras aztecas.
De fondo la música, se escuchaba gente bailando… (todo eso en un primer plano) y como colofón … (redoble de tambores, esto lo pongo yo), se escuchaba clarito, clarito… “Ernesto, ven y estrena tus zapatos de hoyuelos”.
Ese día de estreno, repetí la segunda tanda, nada de
filmar, todo quedaba en la memoria. ¿Perspectivas al estrellato?, recuerdo las
palabras de mi padre: “… me alegra que la hayas pasado bien, también que cuidaste
los zapatos, pero … ni vas a hacer artistas, ni fiestero…, aquí no hay excusa
para que no tengas buenas notas. ¡A estudiar!














