La puerta se abrió, sus pasos un tanto pesados, tratando de no arrastrarlos, su rostro mostraba desconcierto, pero también con una mezcla de alegría, buscaba las paredes para sostenerse, ¿su meta?, llegar a la sala, ver, ver, mirar, su sillón, los cuadros, la pecera y sus seis pececitos, los cuales “mágicamente” se aglutinaron para recibirlo a él, ausente por más 5 meses (exactamente 151 días); se detuvo a la altura de la mesa del comedor, colocando las manos sobre la misma, tal vez con un poco de incertidumbre, respiró hondo…llegó.
Pero también regresó para nosotros, para los
familiares, para sus hijos, para su esposa…; sin menospreciar la despedida del
equipo médico que lo mantuvo atento, técnicos especialistas, sosteniendo
múltiples cables que salían de todo tu cuerpo (brazos, corazón), equipos cuyos
bips (electrocardiogramas, ecocardiograma, angiografía coronaria, ecografía
intravascular, ergometría…), mostraban constantemente el comportamiento de los
órganos vitales.
Lo que no restaba por parte de él, tratar de mantener
un estado de ánimo un tanto conservador, optimista en unos casos, lo cual
demostraba caminando con pasos cortos por el pasillo, con el propósito de
fortalecer los músculos de las piernas, tras largas jornadas de inmovilidad,
pero que al escuchar la música proveniente del celular de una de las enfermeras
de procedencia latina (padre norteamericano y madre colombiana), todos
bailaban, todos…; ánimo, que no era así siempre.
La probabilidad de un nuevo corazón – el suyo
funcionaba al 25 % -, donde 1 de cada 35,000 personas (USA) registradas lograban
convertirse en donante de corazón, cuando aproximadamente entre 3,300 y 4,000
personas estaban a la espera de recibir uno[1],
cuyos tiempos de espera variaban desde meses hasta años.
No todo resultaba tan sencillo, ya que los requisitos
eran estrictos en cuanto a factores de compatibilidad (entiéndase prevenir su rechazo),
por ejemplo, donde el donante y receptor han de ser compatibles, que el tamaño
del corazón del donante tenga un tamaño, peso y estructura similares a los del
receptor para que funcione correctamente en la cavidad torácica, entre otros, la
espera parecía interminable, pero llegó el día.
Entró al salón – la operación durarías entre 6 y 8
horas -, por supuesto horas que se hicieron días, interminables, siempre con la
duda de interrumpir para ver su estado, el resultado…; tal vez era necesario “¿desviar
la atención?”, lo hice: ¿el receptor conoce la identidad del donante, donde
vive, sus familiares? No, fue la respuesta, sencillamente se mantiene en el
anonimato estricto por razones éticas, legales y psicológicas, preservando el
carácter altruista, voluntario y desinteresado de la donación.
¿Y qué es lo único que se sabe del donante?, pregunté,
cuya respuesta fue la siguiente, “A los órganos donados se les asigna un número
de código único (y no el nombre del donante) por seguridad, anonimato médico y trazabilidad…”.
Cuando menos lo esperábamos llegó el mensaje: “…¡¡¡salió
bien!!!!, nos abrazábamos virtualmente…hay días que son muy buenos, este era
uno de ellos; quedaba el tiempo de espera en cuanto al posible rechazo del
órgano, biopsias sistemáticas, todo bien, todo.
Esperábamos el alta médica, no solo nosotros,
recuerden al equipo médico, donde este último al acompañarlo (ese día), le
invitaron a tocar la campanita de la Victoria[2],
por mi parte hubiese tocado Vox Patris (Voz del Padre), con 55 toneladas de
peso y diseñada para la Basílica del Divino Padre Eterno en Trindade, Goiás, en
Brasil.
Ya en casa será necesario extremar la higiene, evitar
infecciones, seguir una dieta cardiosaludable y cumplir estrictamente con el
control médico, estoy convencido que todos estaremos al tanto que lo cumplas, “los
virtuales y los físicos”, un vez que estés al 100,volveremos a echar nuestras
partiditas de dominó, aunque sean virtuales.
[1] Para ser candidato, los pacientes requieren una evaluación exhaustiva a través de centros médicos especializados. La asignación de órganos está coordinada por la Red Unida para Compartir Órganos (UNOS, por sus siglas en inglés).[2] Los pacientes la hacen sonar para celebrar la finalización de un ciclo de tratamientos, una cirugía importante o el alta médica.









