Cuando Gutenberg[1] crea la imprenta y con ello el libro - obra impresa, manuscrita [hoy en día también digital], compuesta por una serie de hojas unidas y protegidas por cubiertas –, con la condición de que tenga más de 49 páginas, sino sería un folleto[2] -, y cuyo contenido puede abordar cualquier temática científica, literaria o de otra índole; que en el caso que nos compete será el libro de texto, sí, ese que cada día nuestros estudiantes hacen uso de este, constituyendo prácticamente un “dogma”, ya que “por ahí y solo por ahí”, es donde el docente, el estudiante, los padres de familia, se guiarán, con propósitos diferentes.
Si
bien las funciones básicas que persigue un libro de texto son:
1.
Ser
considerado una herramienta pedagógica, ya que organiza los contenidos
educativos de forma lógica para estudiantes y docentes.
2. Servir como guía estándar para
el aprendizaje y la enseñanza de una materia específica.
3. Constituir una fuente de apoyo –
físico o digital - en el aula, en el hogar, donde incluye explicaciones,
ejemplos, ejercicios y actividades prácticas.
Para
el docente será como una especie de “marco de referencia”[3], de como
preparar su clase, estudiarla y ser llevada al aula en modo presencial, en el
peor de los casos “a golpe de tiza y pizarra”, en el mejor, acompañada de láminas,
accesorios (según la naturaleza de la clase: mapas, tubos de ensayo, maquetas,
etc.) y si fuese mucho mejor: imágenes, videos, etc.; donde todo esto último le
da una “pizca” de acompañamiento al mundo real.
Para
el estudiante el libro resultará un recurso para trabajar en la misma aula ¿algo
aburrido?, ¿no?; una fuente de consultas para estudiar en su casa; y en el caso
de los padres una guía para ellos familiarizarse con el tema de la tarea,
poderle reforzar a los hijos ante cualquier duda y en el ¿peor? de los casos,
visualizar si hicieron las tareas, algo así como “¿… hiciste las tareas?”.
Esa
dinámica o “línea de tiempo” del docente: 1. Libro de texto (orientado por la
secretaría o ministerio de Educación o seleccionado por la propia escuela en el
caso de las instituciones privadas), cuyo índice coincide con el del programa
de estudio, pero a su vez con el tema y subtemas de la clase que debe preparar;
2. Preparar la clase (escribe o bien literalmente “copia y pega”), su plan de
clase se convierte en una especie de “sucursal” del libro de texto; 3. El día
de la clase – minutos antes – le da su “última” lectura o bien recurre a
colocarlo en su mesa o escritorio del aula, para que de vez en cuando pueda
utilizarlo como “apuntador”[4] o punto
de apoyo y “no necesariamente para mover el mundo”; 4. Imparte la clase (Nota:
que no es tan sencillo, ni en tan línea recta, ante llegadas tardes de los
estudiantes, el que no hayan hecho las tareas, etc., etc.); 5. Termina la clase
– que a veces coincide con el sonido del timbre o no -, con el posible
corre-corre de “…y la tarea es…libro página del tal al tal”.
Mmmmm…,
al parecer todo un protocolo RÍGIDO, que más allá del esfuerzo EXTRAORDINARIO
que realiza el docente a lo que denomino 24/7 (24 horas cada día, los 7 días de
la semana) ¿lo duda? Y si desea echar más “leña al fuego”, la clase deberá
estructurarse: introducción-desarrollo-conclusiones.
¿Romper
lo “estático”? Por supuesto, ¿cómo? Realmente con 2 cuartillas es poco probable
lograrlo, pero si lo que no es cuestionable, es que el libro de texto pase al
espacio, a la “nube tecnológica” y no como el documento básico y único de consulta;
los libros escolares suelen sufrir una “vejez prematura” cuya durabilidad lo
hace obsoleto en unos 4 años, por ende perdiendo su vigencia, otros inclusive mucho
menor como son los de ciencias exactas, tecnología y medicina reduciéndose hasta
2 años de durabilidad; por el contrario los de literatura, filosofía e historia
clásica, suelen una vigencia más duradera.
Retorno
al nombre del artículo ¿Qué sentido tiene…?, y trato de completarlo, ¿… qué sigamos
enseñando con trabas, que limiten la creatividad del docente, donde su guía es “por
ahí y solo por ahí” ?: El libro, la estructura de la clase, … ¿y si se cambiase
este protocolo? Un amigo, docente, una vez me dijo “…la célula, siempre será la
misma”
Mi respuesta fue: “Tienes razón, pero lo que cambiará será la forma de cómo, dónde, con qué, para qué, y porqué enseñarlo”.
[1] Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg, (≈1400- 1468) conocido como Johannes Gutenberg o Johannes Gutemberg, fue un orfebre alemán, inventor de la prensa de imprenta moderna con tipos móviles, hacia 1450. [2] Considerado así por la UNESCO. [3] Sección de un trabajo de investigación o tesis que expone los antecedentes, las teorías, los conceptos y el contexto necesarios para comprender y sustentar el problema de estudio. [4] Persona encargada de asistir, guiar y recordar en voz baja los textos o movimientos a los actores cuando estos los olvidan durante la representación








