lunes, 23 de marzo de 2026

Estropicio


En la vida solemos encontrarnos con palabras cuya procedencia son las que emiten nuestros padres usando vocales y consonantes desde el gugú, dadada… como respuestas a los bebes recién nacidos que balbucean - ¿Qué pensaran en ese momento los pequeñines?, ¿por que me responde así?, ¿será tonto?, peor aún cuando sorpresivamente se escucha un pappppáaa, el padre “derretido”, la madre sonriente, y el bebé asoma una sonrisa inigualable catalogada como la primera sonrisa social.

Se irá fortaleciendo el bagaje cultural - conjunto de conocimientos, experiencias, habilidades, actitudes y valores que una persona adquiere de su entorno y cultura de origen - de niños y niñas en la medida que transita por los diferentes subniveles de educación, donde se mezclan el lenguaje cotidiano y el llamado académico.

El primero (cotidiano) suele ser menos denso, requiriendo una menor demanda cognitiva de comprensión sobre todo en la infancia, el segundo (académico) su código es más restrictivo y elaborado, que en la medida que avanza – de grado a grado, el lenguaje escrito de los textos escolares incrementa su nivel de densidad, complejidad y abstracción, especialmente el de aquellos de naturaleza informativa.

Vocabulario que se hace cada vez más complejo y con una estructura sintáctica y semántica singular, siendo necesario para su asimilación por parte del alumnado, tener múltiples encuentros con las palabras de este lenguaje nuevo para, gradualmente, comprenderlas e ir desarrollando la habilidad de inferir dentro del contexto semántico del texto el significado de las que desconoce.

Gradualmente esas palabras “raras”, procedentes del lenguaje académico nuevo, podrán pasar al plano de “amigable” en la medida que conozcamos su significado y más cuando se vinculan o relacionan con imágenes, que podrán ser reforzadas con actividades lúdicas, e inclusive con ejercicios asincrónicos para que padres, madres y tutores con el empleo de recursos digitales puedan reforzar posteriormente en el hogar.

En lo personal como académico, docente, muchas de las palabras aprendidas vinieron consolidándose desde mi paso por el nivel básico o secundaria, y posteriormente con el estudio de la carrera (átomos, moléculas, ácido desoxirribonucleico (ADN), etc.) lo que me hacían un experto al menos en el vocabulario técnico.

Ya dedicarme a escribir artículos siempre en el campo de la Educación, a lo que sumo textos electrónicos (e-book) en el campo de valores, con anécdotas personales, que, por supuesto ha implicado estudiar, investigar en aras de una mejor ortografía (abuso de los que, entre otros), encontrar palabras nuevas – raras, que cuando somos adultos el insumo procede más del vocabulario cotidiano.

Y aquí justamente es el momento que “entre” la palabra del nombre de este artículo: Estropicio (¿?,¿?,¿? ...), recurro a mi amigo el diccionario y encuentro «Destrozo, rotura estrepitosa, por lo común impremeditada, de cosas por lo general frágiles»; «Trastorno ruidoso de escasas consecuencias»; «Desorden no premeditado y estrepitoso».

La palabra la escuché en un programa de televisión, serial, con la presencia de una familia disfuncional, donde se reflejaban los problemas sociales, la combinación de valores y antivalores, etc.

Palabra que podrá ponerse de “moda” o no, que pueda tener su impacto en la sociedad como nueva al ser poco conocida, utilizados por uno u otros sin utilizarla como recurso de “distinción social”, pero por lo visto los bebes desde pequeño cuando necesitan ser lactados y no se satisfacen forman su propio estropicio.

lunes, 16 de marzo de 2026

¿Por dónde te agarro?

Sentarse a esperar a alguien cuando esta no resulta puntual, suele incomodar, miras el reloj, si entró algún mensaje, en fin, genera estrés, impaciencia…, que como recurso suelo utilizar el desviar la atención de la espera, ocupándome en otra cosa, por ejemplo: fijarme en los que transitan, es decir los transeúntes.

Tratando de visualizar – más allá de los rasgos comunes producto de la genética, implicando familiaridad – hechos que me llamen la atención: vestuario (que a veces resultan contradictorios acorde a la estación verano, otoño e invierno) unos muy friolentos otros muy calurosos; féminas cuyos cabellos superan los colores primarios y también mezclados (secundarios): rojo, amarillo, azul, rojo, verde, azul, morado, naranja.

¿Qué más? Algo que tal vez, no resulta significativo, pero si distinguible en una pareja: ¿por dónde te agarro?, cuyos sinónimos suelen ser: coger, sujetar, atrapar, enganchar, aprisionar, entre otros. ¿Atrapar? Mmmm… algo así como te aguanto duro la mano y no te suelto; ¿enganchar, como si fuese la locomotora que arrastra un vagón?; ¿sujetar?, se me ocurre cuando una persona de determinada edad, digamos un niño travieso, o bien cuando una persona mayor es sostenida; ¿aprisionar?, ya cuando le aprieto la mano un poco más fuerte, para evitar que toque o rompa algo…

Pero si usted toma a su pareja, se agarran de la mano (¡qué bonito!, ¿romántico?), caminando a la par uno del otro, algo así como demostrando la equidad de género, sin importar la edad, ¿y acaso como una especie de propiedad compartida? «Tú eres mía y yo tuyo (¡qué bonito!)».

¿Por qué lo hacemos, porque lo hemos aprendido de generaciones anteriores?, por supuesto, tal es así que tomarse de la mano como gesto social tiene raíces muy antiguas, con representaciones que datan de la Antigüedad Clásica (siglos V a.C.) en Grecia, donde se llamaba dexiosis ("tomar la mano derecha"), simbolizando acuerdo, paz, fidelidad y unión, para la representación de pactos, matrimonios y amistad, e inclusive para mostrar que no se portaban armas (¡!) y además desde la Edad Antigua (siglos IX a.C.) y la Edad Media para sellar acuerdos; hago un alto, lean otra vez, por favor… acuerdo, unión,… y sobre todo sin portar armas.

La situación resulta más compleja cuando la pareja camina a la par, pero en esta ocasión es el hombre que pasa su brazo sobre el hombro de la dama como señal de amor, dominio (recuerden… ¡esto es mío!), amistad (si es en tono juguetón o de apoyo) ¿juguetón?[1] – ¿sostener de 3.4 a 4.3 kg, equivalente a 7.48 a 9.46 libras? – y que mientras más se camina, pareciera ser que el peso aumenta; ¿comodidad?, que la utilices a ella ¿cómo bastón?

Por supuesto la interpretación dependerá del contexto, el tipo de toque (lento, firme, etc.) y la reacción de ella, pudiendo ser una señal de que se siente cómoda y lista para una mayor intimidad. (¡qué bonito!)

¿Y en el caso que la pareja sea dispareja en altura? Ella mayor que él…. Mmmm…, es sencillo, muy sencillo, no le pase el brazo por los hombros, hágalo por la cintura y se preguntará y ¿los sentimientos de lo que agarras? ¡Sencillamente a flor de piel, qué bonito!

Interrumpido por la amiga que esperaba, después de 19 años de haber trabajado junto, expresó “… Ernesto, ¡disculpas por la tardanza” !, “!… cuanto tiempo sin verte, años!”, ¿te puedo agarrar /abrazar?

[1] Un brazo humano pesa aproximadamente entre el 5% y el 6.5% del peso corporal total, lo que se traduce en unos 3.4 a 4.3 kg para una persona de 70 kg, aunque el peso varía mucho según la masa muscular, la densidad ósea y el tamaño general de la persona.

lunes, 9 de marzo de 2026

Los … números (romanos)

Difícilmente cuando niños y niñas bien a través de la lectura o audiovisuales como "Blancanieves", "La Bella Durmiente", "La Cenicienta", "La Sirenita" y "La princesa y el guisante", fábulas como "Las ranas pidiendo rey", y otros donde el elemento común lo eran príncipes, princesas, reyes y reinas que por lo “mágico” teniendo como fondo castillos, jardines, bailes majestuosos, carruajes tirados por caballos blancos, insumo suficiente para no excluir en nuestras mentes para cuando “fuéramos grandes”, tener al menos acceso a una princesa o príncipe y posteriormente ascender a reina o rey respectivamente, aunque fuese modesta y adaptable al entorno real, tangible.

¿Pero qué número romano me correspondería teniendo en cuenta la estirpe familiar, pero sin linaje, estirpe, alcurnia o abolengo y peor sin ser noble? No podemos omitir en la historia de personajes, por ejemplo, la reina Isabel II, Enrique VIII, y otros donde se empleaba el nombre y seguidamente un número romano, lo cual identificaba la existencia de antecesores con números romanos menores, de aquí la existencia de Isabel I y Enrique VII.

Números romanos, cuyo origen se remonta a la civilización etrusca en el siglo IX a.C., de la cual los romanos adoptaron su sistema de numeración empleando para ello símbolos como I, V, X, L, C, D y M, los cuales evolucionaron pasando a ser un sistema aditivo (sumando valores) incluyendo la sustracción, lo que facilitó la escritura de números como 4 (IV) o 9 (IX) y que suelen combinarse con letras, por ejemplo, el año actual 2025, se escribe numéricamente como MMXXV, en donde cada M representa mil unidades, cada X representa diez unidades y V representa 5 unidades más.

Números que tiene sus reglas:

o   Las cifras se leen de izquierda a derecha empezando por los símbolos con mayor valor, o conjunto de símbolos de mayor valor.

o   Un símbolo seguido de otro de igual o inferior valor, suma (p. ej., X·X·I = 10+10+1 = 21), mientras que, si está seguido de otro de mayor valor, ambos símbolos forman un conjunto en el cual debe restarse el valor del primero al valor del siguiente (p. ej., X·IX = 10+(10-1) = 19).

o   La unidad (I) y los números con base 10 (X, C y M) pueden repetirse hasta 3 veces consecutivas como sumandos.

o   Los números con base 5 (V, L y D), no pueden repetirse seguidos, ya que la suma de esos dos símbolos tiene representación con alguno de los símbolos anteriores.

o   La unidad y los símbolos de base 10 también pueden estar restando antes de un símbolo de mayor valor, pero con las siguientes normas:

o   Sólo pueden aparecer restando sobre los símbolos con base 5 y 10 de valor inmediatamente superior, pero no de otros con valores más altos (p. ej., 'IV', 'IX' o 'XC', pero no 'IL' ni 'IC' ni 'XM'). 

Donde todo lo anterior como un factor de aprendizaje como parte de una cultura general, me parece adecuado recordar, aunque por supuesto los posibles no lectores, lo serán los “odiadores numéricos”, entiéndase aquellos que no pueden ver a los números “ni en pintura” y se inclinan más a las ciencias sociales.

Hoy en día visualizamos la presencia de números romanos en

o   Numeración de capítulos en libros y documentos.

o   Horas en relojes.

o   Fechas importantes, como años en monumentos y películas.

o   Numeración de eventos deportivos o ediciones, como los Juegos Olímpicos.

o   Bases de datos y créditos: En plataformas como IMDb[1], se usan para diferenciar a personas con el mismo nombre, como el actor John Smith (I), John Smith (II), etc. Los números se asignan cronológicamente y no reflejan la popularidad.

o   Niveles de puestos laborales: En el ámbito profesional, los números romanos se utilizan a menudo para indicar el nivel de experiencia en un puesto, como en el caso de «Ingeniero I», «Ingeniero II», etc.

¿Y en mi caso? Por supuesto y que lejos del abolengo, - lo cual no me quita el sueño -, orgulloso de unos padres sin igual: trabajadores, modestos, honestos, muy claros de lo que se podía alcanzar, donde primaba la educación de sus hijos, la unidad como familia, la transmisión de los mejores valores.

Luego sería E… tico II o E…tito[2] II, ya que a mi padre le correspondería E…I a mucha honra! 



[1] IMDb significa Internet Movie Database, que en español es "Base de Datos de Películas de Internet".

[2] La diferencia principal es que "tito" es un sufijo diminutivo común en todo el mundo hispanohablante, mientras que "tico" es una alternativa más utilizada en países como Colombia, Cuba y Costa Rica.

lunes, 2 de marzo de 2026

¿Somos animales…?

Encerrar el título de este artículo entre signos de interrogación, nos conduce a una pregunta, a una interrogante, de haberlo hecho con signos de admiración (¡!) resultaría una afirmación, que, si va dirigido a las personas, resultaría realmente una ¿fea?, ¿desagradable?, ante una expresión ofensiva.

Los seres humanos a diferencia de los animales podrían ser puntuales y altamente controvertidas con el devenir de las investigaciones más recientes, digamos la capacidad de la palabra articulada, donde los segundos tienen su propio lenguaje mezclando el lenguaje corporal con algunos sonidos, pero lo que no pueden es articular palabra con significado diferencial, por lo menos a la luz de las herramientas que aporta el conocimiento actual.

Los seres humanos por el contrario articulamos palabras, frases, oraciones, párrafos, textos, conceptos e inclusive somos capaces de transmitirlos de generación en generación a través de la escritura, y con la revolución informática y de los medios, a través de cualquier soporte que permita perdurar en el tiempo.

Diferencia determinada en el caso de los humanos, dada algunas características anatómicas particulares como son la posición de la laringe y la existencia de una complejidad particular del cerebro humano que es lo que le permite la rápida articulación de conceptos en la palabra, donde se necesita abstracción, que en el caso de los animales se plantea que es mucho más limitada que los humanos.

Un tercer elemento de diferencia entre humanos y animales lo es la noción de futuro consciente, por ejemplo, un mono – aunque memoricen, por lo que conocen el pasado - cuando se va a dormir en la noche en la selva y se refugia en un árbol, lo hace ante un posible temor, por lo que necesita protegerse, pero no sabe que al otro día va a amanecer…; en el caso nuestro sabemos que al otro día amanecerá, en qué día y mes estamos, las tareas que debe realizar en lo personal y sus compromisos con la familia, la de sus hijos o nietos con la escuela.

Si bien los seres humanos somos considerados "animales de costumbres, de hábitos", no los permite nuestro cerebro que busca la eficiencia, utilizando rutinas y hábitos para ahorrar energía y reducir la necesidad de atención consciente en la vida diaria, pero además poseer la capacidad de cambio y el libre albedrío que nos permiten modificar estas costumbres cuando es necesario [1].

Hasta aquí todo bien, pero, ¿ser un therian[2]? - persona que siente una conexión profunda con un animal no humano, donde mezcla identidad, misterio y polémica -, ver toda la parafernalia en las redes, medios periodísticos, me recordó, fiestas de niños y niñas que suelen disfrazarse en cumpleaños, Halloween, etc., pero, ¡caerle atrás en medio de la calle a otros!...¿Qué puede estar en la cabeza de esos jóvenes, en esos momentos? Se plantea que ellos sienten algo así como una llamada del hábitat de su comunidad (theriotype o “teriotipo”); es cierto que hay modas, épocas, en que mientras no le hagan daño a nadie asustándolo, siendo un tanto pragmático, lo catalogo de aceptable.

Pero como siempre con un tips “educacional”, termino: “Chicos, aprovechen el tiempo, guarden el traje de animal – therian – y hagan cosas tan productivas como leer un libro (que de ser muy pequeño, reciban el apoyo de los padres), realicen actividades lúdicas, practiquen deportes, … dejen las redes un ratito….








[1] Estudios realizados confirman que tendemos a repetir patrones simples de comportamiento, como moverse entre un número limitado de lugares.[2] therian proviene del griego therion, que significa “bestia salvaje”.

lunes, 23 de febrero de 2026

Para el alma divertir

¿Un alma divirtiéndose?, ¿es posible?, ¿es posible que una “sustancia espiritual e inmaterial” considerada el principio vital, esencia o centro de la vida humana y animal, a menudo referida como el espíritu, psique o interior de un ser, pueda divertirse?

¿Origen de la palabra alma? Derivada del latín ánima (aire o aliento), actuando como la entidad que anima, mueve y da vida al cuerpo, siendo central en tradiciones filosóficas y religiosas…. ¡BINGO!, aquí está, repito “… la entidad que anima, mueve y da vida al cuerpo, siendo central en tradiciones filosóficas y religiosas ...”, y añadiría … culturales, donde inserto la gastronomía, pero también la música.¿Un alma bailando?, Sí, cuando planteamos que el “alma baila”, dicha frase describe   "El alma baila" describe el baile como una expresión profunda de alegría, libertad y conexión emocional que trasciende el movimiento físico, actuando como una terapia que libera estrés, mejora el estado de ánimo y conecta con uno mismo.

Es una celebración de la vida donde el cuerpo se vuelve un instrumento para la pasión y la expresión genuina, es más hagamos el siguiente experimento, si usted que me lee, realice en este momento con sus manos chocando las palmas…, como si fuesen claves cuyo sonido onomatopéyicamente descrito como "papa... papapa", se refiere al patrón rítmico de la clave de son (3-2 o 2-3)[1].

Movimiento donde intervienen músculos (600 esqueléticos), huesos (unos 206 promedio), articulaciones (+ de 300), pero también los sentidos destacándose unos más que otros: oído, el tacto, la vista…; que en el caso que estuviese sentado en su escritorio o de pie tomando un buen café, posiblemente su cerebro que controla el sistema óseo-muscular (aparato locomotor) envíe un orden mediante señales eléctricas desde la corteza motora a través de la médula espinal y los nervios periféricos, orden que causará contracción/relajación muscular que mueve los huesos, coordinado por el cerebelo y ajustando movimientos voluntarios y reflejos, hará que el ritmo lo lleve al movimiento de sus pies… "papa... papapa" (3-2 o 2-3).


Es más, cierre los ojos por un momento, detenga la lectura y vinculado a su música, a la que le gusta usted (tal vez la excepción sería un reguetón), recuerde los momentos más gratos donde permita que su musa —deidad griega o figura inspiradora— y el alma se unan como representación de su profundidad interior y la inspiración externa.

Donde el alma busca expresión y creatividad, mientras que la musa despierta el talento artístico, la poesía y la pasión, convirtiéndose en el catalizador que transforma emociones invisibles en arte y conocimiento.




 



[1] Es un sonido seco, agudo y de madera, consistente en cinco golpes fundamentales que estructuran la rumba, la salsa y la música afrocubana.

lunes, 16 de febrero de 2026

Mis zapatos mexicanos

Cuando uno es joven hace locuras, los cuales muchas de ellas pueden resultar perjudiciales como puede ser afectarte los estudios, sobre todo cuando eres docente (pero años después sin prever, ni soñar que estudiaría magisterio); una de ellas de las tantas, es que estando becado un colega me dijo “… Ernesto, están buscando “rellenos” para un documental en la playa, con un director novel, no nos pagan, pero si hay refrigerio y… sobre todo hasta una fiesta en una casa cerca de la orilla del mar y por supuesto no podían faltar las chicas”.

Al parecer había llegado el momento de mi ¿estrellato?, lo que había visto en películas o series hacerse realidad que para lograrlo implicaba muchas cosas: primero decirles a mis padres que me habían invitado a ser parte de una película (mentira 1, ya que documental me resultaba poco significativo), y que sería sábado y domingo en una casa en el mar (playa), con todos los gastos pagos (verdad 1).

Ser parte de la supuesta farándula, entiéndase “ambiente nocturno formado por personas famosas de distintos ámbitos, especialmente del espectáculo”, era muy poco probable ¿famosos?, ¿distintos ámbitos?, ¿espectáculo?, no obstante, estaba la opción y no perdía nada con ir, cosas de muchachos/chavalos/cipotes/chamacos/patojos.

Ir no resultaba tan sencillo, ya que ello implicaba, asistir con la mejor “ropita del domingo”, es decir la ropa que se suele utilizar cuando vas a pasear el fin de semana, algo así como “ir bonito, elegante”, inclusive sin importar que alguna puede ser prestada, sí, prestada.

Y aquí entran “mis zapatos mexicanos”, resulta que a mi padre (cuyo oficio era barman), un cliente, de procedencia mexicana le había regalado un par de zapatos – y que casualmente mi viejo y yo utilizábamos el mismo número de calzado –, elegantes, negros, de cordones, pero que el frente de estos presentaban hoyitos labrados en el cuero como decoración, hecho nunca visto, ya que los que había tenido eran de cuero liso, donde posiblemente la vaca de donde salió el mismo no era de tanta calidad, como el de los mexicanos.

Mi padre me dijo “… CUÍDALOS”, lo pongo en mayúscula como señal de una orientación con carácter imperativo y que por supuesto había que cumplirlo al pie de la letra; también un colega de la beca me prestó un bolso.

Llegó el día de la filmación donde se tomaron varias tomas, caminando con la puesta del Sol (bello) Aclaración: iba descalzo, ni loco con mis zapatos mexicanos; en la noche ahí sí me la desquité ya que era en una fiesta, y aquellos zapatos no paraban de moverse al ritmo de la salsa, inclusive y si les soy honesto, los mismos llamaron la atención de los participantes: burlas que de donde los había sacado, etc.

Para los que saben un poco de filmaciones (yo casi nada) los “actores y actrices”, no solemos apreciar el resultado de la película, documental en este caso de como quedó el mismo y sí preguntamos que cuando sería divulgado para estar al tanto.

El director argumentó que la intención era promoverlo tanto en el cine, como en la televisión, tal vez dentro de unas tres semanas, situación que generó tanto incertidumbre, como desconfianza, si sería real o no.

Esa situación conllevó – como estrategia – que uno iríamos al cine y otros se encargarían de “pegarse” a la televisión (nota: cero YouTube, cero redes, cero celulares), era sí o sí, al menos que habíamos ¡salido!; y así fue, llamo una de las chicas y dijo “en el cine tal…” ¡Corran! (ya yo había devuelto los zapatos a mi padre)

Esa noche la estampida vía cine fue obligatoria, nerviosos, queríamos que las luces se apagaran ya, ¡no había reflectores ni alfombra roja!, y… comenzando, ahí salían mis (perdón, los de mi papá) zapatos procedentes de tierras aztecas.

De fondo la música, se escuchaba gente bailando… (todo eso en un primer plano) y como colofón … (redoble de tambores, esto lo pongo yo), se escuchaba clarito, clarito… “Ernesto, ven y estrena tus zapatos de hoyuelos”.

Ese día de estreno, repetí la segunda tanda, nada de filmar, todo quedaba en la memoria. ¿Perspectivas al estrellato?, recuerdo las palabras de mi padre: “… me alegra que la hayas pasado bien, también que cuidaste los zapatos, pero … ni vas a hacer artistas, ni fiestero…, aquí no hay excusa para que no tengas buenas notas. ¡A estudiar!




lunes, 9 de febrero de 2026

Cambio de profesor(a)

Me encontraba viendo los últimos mensajes en mi celular previo al inicio de la clase – en mi instituto solo me permitían hacer uso del mismo para actividades meramente académicas –,   donde la mayoría de mis compañeros ya se encontraban sentados, unos revisando el cumplimiento de la tarea asignada, otros echándole una lecturita a los contenidos últimos de la clase, ya que posiblemente fuésemos evaluados o no (no éramos avisado lo cual nos mantenía siempre “en estado de alerta”.

Esta última situación de “sorprendernos” en un comienzo donde “guerra avisada no mata soldado”, conllevaba a que el aula al profe lo catalogáramos como un “pesao/molesto/cansino/ cargante /latoso / insoportable”, acción que no realizaban el resto de los docentes; pero sí nos dábamos cuenta que era una forma no solo de exigir que estudiásemos, sino que estudiar fuese un hábito, una disciplina.

A lo anterior se sumaban una serie de técnicas – donde si bien parecía contradictorio por la edad del profe -, mucha de sus clases rompía la monotonía ya que realizaba actividades lúdicas (inclusive juegos vía internet) que rompían lo tradicional por parte de la gran mayoría de los docentes: “…el tema de hoy es…”; todo el tiempo solo hablaba el docente (nos aburría, buscábamos el celular como “refugio” a escondida); “¿… alguna duda?” (nadie decía nada, … ufff que aburrimiento) “… y tarea”; “…ya saben muchachos, el que no haga la tarea a la dirección”.

Faltaba un minuto para iniciar la clase, ¿qué raro?, cuando el profesor estaba siempre 5 minutos antes dándonos la bienvenida con una sonrisa (aunque no era mucho de enseñar los dientes), se abrió la puerta y 3 minutos después de la hora, entró sofocado un nuevo docente.

Nos mirábamos unos a los otros ¿?¿?¿?, silencio sepulcral, “… buenas estudiantes, yo soy el (la) nuevo (a) docente que les impartirá la clase”, “el profesor anterior ya no continuará…, comenzamos: abran el cuaderno y el título de la clase de hoy es…”.

La reacción fue colectiva: inmediatamente, todos, todos el 100% de los estudiantes sacamos nuestros celulares indisciplinadamente y a través del WhatsApp, le escribimos al profesor, su respuesta automática fue: “Queridos estudiantes causas ajenas a mi voluntad (no de salud, gracias a Dios), me impidió el poder continuar con ustedes, lo cual fue uno de mis mayores pesares, en la vida”, continuaba el mensaje, “… hay un refrán que dice ‘cada profesor tiene su librito’, es decir cada profesor, educador o persona tiene su propio método, forma de pensar, estilo o "secretos" para enseñar y realizar sus tareas.

"Sean pacientes, no dudo que el nuevo docente pueda superarme, y de ser posible hablen con él o ella de modo tal que le permita reflexionar, eso sí con el máximo respeto y les recuerdo lo que una vez les dije impartiendo la clase de Química…"

"Cuando un equipo de ciclismo compite constituido por 4 miembros, donde las reglas son que el equipo vencedor será aquel cuyo promedio de velocidad sea el mejor, el equipo dependerá del que vaya más lento como sucede en la velocidad de una reacción química, luego si hay algunos de los compañeros de clase comienzan a quedarse detrás en el aprendizaje, ayúdenlo, el trabajo en equipo es fundamental"

"Y por otra parte yo estoy convencido que el nuevo docente, posiblemente detendrá la clase al ver el posible estado de “inercia” en que entren ustedes al ser nuevo y poco a poco los irá conociendo uno a uno, pero sobre todo en la creación de un espacio para ganar sinergia y que el impasse lógico que se produzca, sea vencido para bien de todos los integrantes de la clase… recuerden lo que siempre les dije: la comunicación es vital, háganlo no tengan temor".

"Les estimo mucho y estoy convencido que saldrán más fortalecido, la responsabilidad no es solo del docente, sino de ustedes también: la evaluación final que logren en la asignatura no es solo un número, sino el valor agregado que fortalecieron en su formación con la entrega de tareas en tiempo, la participación individual y colectiva…, estudien chicos, lo lograrán". "Un abrazo inmenso".

Ante la pronta respuesta, me detuve y les dije a mis compañeros de aula: ¡Chicos ya el profe de Química, nos respondió! Les leo…, y tras los rostros unos taciturnos ante la incertidumbre del nuevo docente y otros sonrientes, ante el respaldo virtual dado por el profesor, me atribuí inmediatamente al derecho de réplica: ¡Profesor no se preocupe… solventaremos la situación con sus valiosos y sabios consejos… le queremos y no le haremos quedar mal a usted ni al nuevo docente!