Multiplicar 29 minutos por 60 nos daría 1740 segundos por una simple regla de tres, sin embargo, si divido 29 minutos entre 60 (1 hora tiene 60 minutos) esto daría 0.483 horas – siempre con mi regla de tres[1]. Hasta aquí he mencionado tres cantidades: 29, 1740 y 0.483, con sus unidades respectivas minutos, segundos y horas, que de eliminar estas últimas colocándolas en orden descendente sería 1740, 29 y 0.483.
Cantidades que numéricamente son relativas cuando las
mismas corresponden a un estudiante que suele ser excesivamente impuntual a la
hora de entrar a su clase, parecerá que 1740 le parecerá mucho, una cantidad
“grande” comparada con las antes mencionada, pero sí ¡TODAS SON EQUIVALENTES”,
1740 segundos = 29 minutos = 0.483 horas!
Luego, considerando su libre albedrío por parte del
joven irresponsable, sí irresponsable, me atrevo a asegurar que evidencia
rasgos de inmadurez con su slogan de “¿para qué apurarme?”, el cual no ha
tenido en cuenta que el docente hace 29 minutos comenzó su clase, aunque
físicamente estuvo 15 minutos antes en el salón de clase, preparando
condiciones, pero que también sábado y domingo de la semana anterior, la
utilizó para preparar su clase.
Docente que, al visualizar su reloj, siendo “la hora
cero”, para iniciar su clase cerraba la puerta con toda la autoridad del mundo,
(¿acaso no se requiere que le respeten sus correctas decisiones?); ¿acaso se
interrumpe a un cirujano en plena operación?, ¿a una persona que su profesión
es limpiar cristales en rascacielos?, ¿a un bombero en pleno rescate de una
víctima?...
Regreso a los números, sí, la clase de marras, su duración
es de 100 minutos, con 5 minutos de receso, donde ya se han perdido (100- 29) =
71 minutos que quedan supuestamente por aprender para aplicar, sin restarle los
correspondientes a la interrupción, buscar donde sentarse, indagar por ¿dónde
van?, abrir el cuaderno, no perdón, primero ver el celular…, digamos unos ¿2
minutos? (resto 71-2- 5[del receso] =64).
Transcurre el tiempo, concluye la clase – por cierto -
de matemática, los estudiantes se retiran de forma pausada, disciplinada,
respetuosa, excepto (siempre habrá un pero…,) el joven que había llegado tarde,
y que aspiraba a ser el primero en salir de forma abruptamente, atropellando a
todo aquel que se interpusiera.
“¿Me permite?, le expresé…?”, “hoy usted estuvo en mi
clase el 64 % del tiempo que correspondía, no pudo realizar la exposición que
le correspondía en nombre de su equipo, al incorporarse tarde, afectando su
evaluación y la del resto de sus compañeros”.
Continué, “¿Sabe quién fue Benjamín Franklin?, No,
respondió…; Le orienté que hiciese uso de su celular y le preguntara ChatGPT o Gemini[2],
que lo buscase y en particular frases del polímata, científico e inventor
estadounidense, así como las referidas a Tiempo y Productividad, encontrando
las siguientes:
o
El tiempo perdido nunca se vuelve a encontrar.
o
Si dejas algo para mañana, el mañana lo dejará para
pasado mañana.
o
El tiempo es oro.
“¿Te ves reflejado en alguna de ellas?, le comenté…”.
Pasaron tal vez un par de minutos, su rostro se inclinó, miraba al suelo, ojos
semicerrados, se evidenciaba una ligera tensión en las cejas y comisuras de los
labios, pensativo, todo ello en señal de reflexión profunda…
Profesor, no vuelve a suceder, disculpe…. Nota: el
joven modificó su conducta para bien, no sacó nota máxima ese semestre; tengo
entendido que años después se graduó con altas calificaciones, aunque no con
cien puntos, supongo que la culpa resultó de los -29 minutos.
[1]
La regla de tres es un método matemático que permite resolver problemas de proporcionalidad.
Sirve para calcular un valor desconocido (llamado incógnita) conociendo otros
tres valores que guardan una relación entre sí. La más común es la regla de
tres simple directa.
[2]
ChatGPT (desarrollado por OpenAI) y Gemini (de Google) son los dos modelos de
inteligencia artificial conversacional más avanzados y populares del mundo.










