lunes, 4 de mayo de 2026

Cuando dispones de tiempo para observar.

Me surge la interrogante siguiente, ¿es lo mismo ver que observar? Nos trasladamos a nuestro amigo el diccionario y encontramos lo siguiente: Ver, «Percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz» / «Percibir con la inteligencia algo, comprenderlo» / «Examinar algo» / «Encontrarse con alguien» / «Comprobar un fenómeno o verificar un dato» / Imaginar a alguien o algo de una manera determinada» / «Juzgar o considerar un asunto de una manera determinada».

En el caso de Observar, «Examinar atentamente» / «Guardar y cumplir exactamente lo que se manda y ordena» / «Observar cuidadosamente, especialmente con atención a los detalles o al comportamiento con el propósito de llegar a un juicio».

Parecieran ser sinónimos, sin embargo, siendo los sinónimos de observar (examinar atentamente) incluyen examinar, contemplar, notar, advertir, estudiar, analizar y acechar, que en el caso de ver (percibir con la vista) se asocia con mirar, percibir, divisar, distinguir, avistar, vislumbrar o contemplar y finalmente (¡BINGO!), "Observar" implica más detenimiento que "ver".

Conclusión que me da respuesta a la interrogante del primer párrafo, donde “ver” y “observar”, no son sinónimos a lo que añado que si “observar” implica … más detenimiento, para lograrlo verdaderamente se necesita más tiempo.

Recuerdo en una fase como parte de mi profesionalización – siendo docente universitario – donde la institución misma se encargaba de mantener al profesorado en constante superación, el haberme enviado a un alto centro nacional de investigación científica y que si bien era gratuito la evaluación del desempeño que te realizaban al culminar el período (6 meses), no podía ser menos que satisfactoria.

Cambiar de un entorno de sillas, pizarra verde; mesas de laboratorio (tubos de ensayos, quemadores, erlenmeyer, vasos de precipitados, pipetas, etc.) a un súper laboratorio donde la dotación de recursos materiales era exactamente como lo había visto en las películas, ¿quién lo iba a pensar?, me pellizcaba y efectivamente ahí estaba: entre balanzas analíticas y de precisión, probetas graduadas, buretas, pipetas aforadas, termómetros y pH metros; placas calefactoras, agitadores magnéticos, agitadores Vortex y autoclaves; Campanas extractoras de gases, gafas de seguridad, guantes (nitrilo/látex), batas, extintores, duchas de emergencia y lavaojos; espectrofotómetros, centrífugas y cromatógrafos de gases, entre otros muchos.

El tema de investigación que me competía era el utilizar un mineral catalogado como "ladrillos" fundamentales de la tierra, y que el mismo por su composición química podía servir de alimento, sí, de alimento como mismo lo lee, ¿un nuevo condimento?, ¿estarían nuestros molares dispuestos a triturar rocas?

La problemática era que antes de “consumirla”, había que obtenerla, sí, para lo cual nos apoyábamos en materiales científicos previamente estudiados, donde se destacaba su alto poder alimenticio -siendo un suplemento desintoxicante para eliminar metales pesados del cuerpo, estimular el sistema inmunológico, equilibrar el pH y además  ayudar al cuerpo a eliminar metales pesados, favoreciendo la salud renal óptima -, así como “recetas” para su obtención, a lo cual le añadiríamos un tinte nacional.

Establecido un plan /cronograma para su “posible” obtención, se requería de tiempo, y un ejemplo concreto para ello: estar 24 horas observando “sin pestañear”, el medidor de temperatura y presión del horno donde se encontrase el mineral a investigar.


Largas jornadas – donde se trabajaba 24 horas y se descansaban 12 – rotando entre 3 personas que participábamos en la investigación, que, por supuesto tales 12 horas se “diluían” en llegar a la casa, saludar a mi madre, desayunar, ¿dormir?, y de regreso al maravilloso mundo de la investigación, que, por el momento, se centraba en la aguja del termómetro y el barómetro que fuese exacto, “ni un pelito más, ni un pelito menos”.

Moraleja 1: Tras 5 meses, 3 semanas y 4 días, obtuvimos el “ladrillo alimenticio”, unos 30 miligramos, suficientes para la elaboración de un nuevo artículo científico; Moraleja 2: Si desea hacer algo excepcional, ¡tómese su tiempo a la hora de observar y después actuar…!