lunes, 25 de mayo de 2026

Amor es el…pan…

El título del artículo de hoy, cuasi corresponde a una canción de antaño[1], llamada Obsesión, cuyas estrofas (parte) y estribillos te muestro a mí derecha:

Siendo un bolero[2] (canción), caracterizado por ser la máxima expresión del romanticismo latinoamericano, combinando una métrica musical precisa con letras profundamente sentimentales, poéticas, que se centran en el amor, el desamor, la pasión y la nostalgia.

Desamor que puede haber sido causado o motivado por un desengaño, una frustración, e inclusive un factor externo, que incide en la persona, por ejemplo, una familia que se opone a ese romance, él un hombre casado, o ella, donde la relación de ambos con sus parejas respectivas, no fue la esperada.

En mi caso personal, motivado por un factor interno, sugerido por mi doctora, resultó tras los resultados de un chequeo médico donde los triglicéridos salieron altos[3], ¿medida? Cero panes (entre otros: nada de postres, pastas, etc.)

Ante esa situación estresante versus salud, donde ese alimento fundamental rico en carbohidratos complejos (almidón), bajo en grasas, cuyo componente principal es la harina de trigo, que, a pesar de contener vitaminas, como la tiamina (B1), riboflavina (B2) y niacina y minerales como Fósforo, magnesio, potasio, zinc y selenio, llamado ¡PAN!, al aumentar el riesgo cardiovascular, resultaba necesario, diría obligatorio dejar de consumir.

¿Cómo sería posible, siendo el pan uno de los alimentos más antiguos de la humanidad, aproximadamente 14,000 años, incluso antes del desarrollo de la agricultura, cuando los primeros grupos humanos trituraban cereales silvestres, los mezclaban con agua y los cocinaban sobre piedras calientes para crear el primer pan plano, siendo uno de los alimentos básico más consumidos del planeta, formando aproximadamente el 80% de la población mundial y mío, dejara de consumirlo de un día para otro?

Por lo visto, y retomando la letra de la canción, me correspondía asumir con toda responsabilidad una parodia sobre la misma:

Por alto está el cielo en el mundo

Por hondo que sea el mar profundo

Habrá una barrera en el mundo (triglicéridos)

Que mi amor profundo rompa por ti

 

Amor es el pan de la vida

Amor es la copa divina

Amor es algo que tiene nombre

Que obsesiona a el hombre por una rebanada de pan

 

Yo estaba obsesionado contigo

Y el mundo fue testigo de mi frenesí

Por más que se oponga el destino

Ya no serás para mí, para mí.

Nota: Que casualidad el panadero donde compraba el pan, también se llama Pedro, al igual que el autor de la canción. «!Pedrooooo, lo siento mucho, salud, es salud!; ¿por cierto tienes pan sin gluten?».




[1] "Obsesión", famoso bolero clásico compuesto en 1935 por el célebre compositor puertorriqueño Pedro Flores. La canción ha sido inmortalizada por grandes voces, como Javier Solís, el Trío Los Panchos, Benny Moré y Chavela.[2] El bolero es un género musical y danza originario de Cuba (siglo XIX), reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. [3] Se considera alto ante un rango entre 200 y 499 mg/dL.

lunes, 18 de mayo de 2026

Me hago…no me aguanto.

Las abuelas suelen ser expertas en cuanto a sus recomendaciones cuya expertise o experticia, viene dado posiblemente por lo “vivido”, rodeado de tradiciones culturales, de sus ancestros, «… mi abuelita me decía que…», inclusive una anécdota real, por lo cual me pueden leer en este momento, es que, siendo recién nacido, sin querer, sin darse cuenta, una de las enfermeras me había dejado un calcetín o media en uno de mis diminutos pies, lo que provocó un problema de circulación, y el cuerpo se me puso todo morado.

Mi madre llorando – le preguntó a su mamá (mi abuela) –, mamí, ¿se va a morir?, y la señora le respondió «mira mija, si se va a morir dale el biberón de leche, para que al menos fallezca lleno y así vaya al cielo», … y aquí estoy. Que al parecer ni la calaca fue a buscarme ese día, porque no me tocaba, o bien porque yo mágicamente ese mismo día con el otro píe me había quitado el calcetín que me apretaba, sin que nadie se diese cuenta.

¿Qué sabe una abuela, aunque nunca haya tenido la opción de ni pisar la entrada de una escuela?, sencillamente casi todo, y digo casi por no ser absolutista, pero en cuestiones de relatos (“… yo recuerdo…”), consejos, y que decir de la crianza de los nietos, sin dejar de mostrar un cariño constante, amor permanente, hacia los pequeñines (ambos pertenecientes a dos generaciones), como también muy exigentes (“… cuidadito con levantarse de esa silla, hasta que yo le diga”), lo cual las hace ¡insuperables!

Otra anécdota, ya no mía, ni de mi abuela en particular, por lo que pasa a hacer parte del folclore (creencias), lo es cuando un menor de edad retiene las ganas de orinar / miccionar, ya que le da pena hacérselo encima al haberle sucedido en varias ocasiones, de aquí la necesidad de educarlo en que asista al baño, sentándolo en la bacinilla y abriendo la pila o paja de agua, cuyo sonido del agua corriendo activa el cerebro y cuya respuesta es el relajamiento de la vejiga – se establece una conexión entre la audición y el sistema nervioso parasimpático - y los músculos pélvicos.

Y, ¿en el caso del abuelo?, pareciera ser que el mismo “delega” en la abuela, ¿su posición? permanecer callado, aunque observador muestra de ello es que está atento a lo que sucede y por otra parte sus ojos lo delatan y que se visualizan por encima de los lentes o anteojos como si fuese un búho nocturno.

El abuelo entrará “en escena” sobre todo en el momento, que haya que demostrar “su valentía”, ante cualquier situación de acoso o bullying en el colegio “… si ese niño te quitó el refrigerio o merienda… ¡pé…!, a los hombres hay que respetarlo y no llores, ¡los hombres no lloran!”; por el contrario si el nieto le relata al abuelo, que hay una niña que le gusta en el colegio, el abuelo todo pizpireto o coqueto, le responde “…toma del jardín una flor y llévasela”; el niño como respuesta se sonroja.

La abuela (abue), que presta atención se sonríe malévolamente y dice para sí, «si mi nieto supiera que su abuelo, en él ni se fijaban las moscas y yo todavía me cuestiono que fue lo que me picó, ese día».

Eso sí era un hombre muy trabajador, - continua la abue - araba la tierra, que por cierto a mis padres, tus bisabuelos, y que al parecer era el más guapo del pueblo, y eso si no puedo olvidar que, a pesar de nunca haber ido a la escuela, sabía como todo un profesional cuanto sembrar de cada hortaliza, frutales
y por cierto me encantaba, que se apareciera en el bohío, cabaña o choza con un ramo de flores amarillas que salían de la calabaza o ayote, como parte de sus siembras, ¡ … qué bonito!

La niña rompe en llantos, lo que provoca que la abue, retorne a la realidad y pregunte ¿qué sucedió María?, responde la menor, “… abuelo se ha quedado dormido en el sillón y yo quiero que me lean un cuento para dormir”, la abuela sonríe va y cubre al abuelo con una colcha o frazada, se dirige al cuarto con un libro en la mano y comienza. “Había una vez…”.

lunes, 11 de mayo de 2026

El recuerdo … como insumo.

Resulta ¿obvio?, que las personas que solemos escribir – mis disculpas a mis excompañeras de trabajo de la asignatura de Comunicación y lenguaje, ¿disculpas?, SÍ, ¿Por? Mis ¿errores o horrores? ortográficos, el abuso del queísmo[1], el exceso de comas y otros – nos apoyemos en hechos vividos (personal o del entorno familiar) o conocidos sobre todo a partir de la lectura, como insumo.

En este momento recuerdo - fenómeno complejo que implica la capacidad del cerebro para almacenar, retener y, en última instancia, recuperar información, experiencias y procedimientos previamente aprendidos- como frase popular que "Recordar es volver a vivir", ¿su significado?  «Traer a la memoria momentos del pasado, reviviendo sentimientos o emociones asociadas a ese recuerdo, lo que permite que algo que se consideraba lejano o extinto vuelva a la vida presente, ya sea de forma placentera o nostálgica.

¿Y de dónde nutrirnos para recordar hechos pasados que sean tangibles? Fotos, películas, videos, lugares (donde recurrimos tras años de no visitar), amistades con las que contactamos un buen día o cada día que retomamos dialogar y que más allá de ponernos al día, de cuando en vez surge algún comentario (sin caer en el extremo malicioso o de crítica al no estar presente esa persona, entiéndase chisme) “…sabes que … se fue del país”.

Me encanta conversar al respecto con mi hija y por supuesto recordarle sobre todo los buenos tiempos, a lo que le sumo los contratiempos que en su momento tuvo como estudiante, acompañado de regañadas que sirvieron puntos de inflexión y reflexión y que, si en su momento hubo discordias, hoy resultan sonrisas como señal de agradecimiento.

Cuando comparto con ella fotos viejas, antiguas, tal vez cargada con un año y meses de nacida, que por supuesto no recuerda - los niños desarrollan la capacidad de formar y recordar recuerdos autobiográficos (experiencias personales) alrededor de los 3 o 4 años de edad; en el caso de los adultos período similar para “rescatar” su primer recuerdo vivido -, sin embargo a ella le permite “reconstruir” o asociar la experiencia original, modificando con el tiempo nuevas asociaciones o interpretaciones reviviendo con ellas vivencias pasadas, aprender de ellas y dar continuidad a su historia personal.

¿Y como docente? Solemos recordar a los buenos, los que se destacaron, los disciplinados, los estudiosos, sobre todo al graduarse con notas máxima y ya en su vida laboral a pesar de los pocos años, ser profesionales de éxitos, pero también recordamos a los “malos”, aquellos que no estudiaban lo suficiente, que no se integraban al trabajo en equipos, era impuntual, indisciplinado…, y por ende nos dejaba “huellas” donde nos ponía a pruebas que hacer nuevo, donde habíamos fallado, que no lográbamos enrumbarlo a mejores resultados, por supuesto logrados con unos, no con todos.

Donde unos u otros (buenos o malos), con el tiempo, de encontramos en el camino en modo virtual o presencial, resultaban y resultan un momento propicio para recordar y en especial para retroalimentarnos si realmente hicimos nuestra labor bien: ¡Educar!

Que al parecer parece que algo logramos, algo, evidenciado por canas, uso de anteojos, menos cabellos, arrugas en el rostro (y no solo por la disminución de colágeno y elastina que dan firmeza a la piel, es decir envejecimiento natural), al fruncir el ceño al molestarnos por una conducta impropia del estudiante, estrés, la falta de sueño, cuando asumimos que el mal desempeño de aquel joven, fue responsabilidad nuestra al no enmendarlo a tiempo.

Por lo visto, recordar es volver a vivir, y si volviera a nacer, mi profesión sería siempre: ¡ejercer la docencia!



[1] Uso, normativamente censurado, de la conjunción que, en lugar de la secuencia de que, como expresión introductora de ciertos complementos oracionales.

lunes, 4 de mayo de 2026

Cuando dispones de tiempo para observar.

Me surge la interrogante siguiente, ¿es lo mismo ver que observar? Nos trasladamos a nuestro amigo el diccionario y encontramos lo siguiente: Ver, «Percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz» / «Percibir con la inteligencia algo, comprenderlo» / «Examinar algo» / «Encontrarse con alguien» / «Comprobar un fenómeno o verificar un dato» / Imaginar a alguien o algo de una manera determinada» / «Juzgar o considerar un asunto de una manera determinada».

En el caso de Observar, «Examinar atentamente» / «Guardar y cumplir exactamente lo que se manda y ordena» / «Observar cuidadosamente, especialmente con atención a los detalles o al comportamiento con el propósito de llegar a un juicio».

Parecieran ser sinónimos, sin embargo, siendo los sinónimos de observar (examinar atentamente) incluyen examinar, contemplar, notar, advertir, estudiar, analizar y acechar, que en el caso de ver (percibir con la vista) se asocia con mirar, percibir, divisar, distinguir, avistar, vislumbrar o contemplar y finalmente (¡BINGO!), "Observar" implica más detenimiento que "ver".

Conclusión que me da respuesta a la interrogante del primer párrafo, donde “ver” y “observar”, no son sinónimos a lo que añado que si “observar” implica … más detenimiento, para lograrlo verdaderamente se necesita más tiempo.

Recuerdo en una fase como parte de mi profesionalización – siendo docente universitario – donde la institución misma se encargaba de mantener al profesorado en constante superación, el haberme enviado a un alto centro nacional de investigación científica y que si bien era gratuito la evaluación del desempeño que te realizaban al culminar el período (6 meses), no podía ser menos que satisfactoria.

Cambiar de un entorno de sillas, pizarra verde; mesas de laboratorio (tubos de ensayos, quemadores, erlenmeyer, vasos de precipitados, pipetas, etc.) a un súper laboratorio donde la dotación de recursos materiales era exactamente como lo había visto en las películas, ¿quién lo iba a pensar?, me pellizcaba y efectivamente ahí estaba: entre balanzas analíticas y de precisión, probetas graduadas, buretas, pipetas aforadas, termómetros y pH metros; placas calefactoras, agitadores magnéticos, agitadores Vortex y autoclaves; Campanas extractoras de gases, gafas de seguridad, guantes (nitrilo/látex), batas, extintores, duchas de emergencia y lavaojos; espectrofotómetros, centrífugas y cromatógrafos de gases, entre otros muchos.

El tema de investigación que me competía era el utilizar un mineral catalogado como "ladrillos" fundamentales de la tierra, y que el mismo por su composición química podía servir de alimento, sí, de alimento como mismo lo lee, ¿un nuevo condimento?, ¿estarían nuestros molares dispuestos a triturar rocas?

La problemática era que antes de “consumirla”, había que obtenerla, sí, para lo cual nos apoyábamos en materiales científicos previamente estudiados, donde se destacaba su alto poder alimenticio -siendo un suplemento desintoxicante para eliminar metales pesados del cuerpo, estimular el sistema inmunológico, equilibrar el pH y además  ayudar al cuerpo a eliminar metales pesados, favoreciendo la salud renal óptima -, así como “recetas” para su obtención, a lo cual le añadiríamos un tinte nacional.

Establecido un plan /cronograma para su “posible” obtención, se requería de tiempo, y un ejemplo concreto para ello: estar 24 horas observando “sin pestañear”, el medidor de temperatura y presión del horno donde se encontrase el mineral a investigar.


Largas jornadas – donde se trabajaba 24 horas y se descansaban 12 – rotando entre 3 personas que participábamos en la investigación, que, por supuesto tales 12 horas se “diluían” en llegar a la casa, saludar a mi madre, desayunar, ¿dormir?, y de regreso al maravilloso mundo de la investigación, que, por el momento, se centraba en la aguja del termómetro y el barómetro que fuese exacto, “ni un pelito más, ni un pelito menos”.

Moraleja 1: Tras 5 meses, 3 semanas y 4 días, obtuvimos el “ladrillo alimenticio”, unos 30 miligramos, suficientes para la elaboración de un nuevo artículo científico; Moraleja 2: Si desea hacer algo excepcional, ¡tómese su tiempo a la hora de observar y después actuar…!