lunes, 20 de octubre de 2025

Escuchar…reflexionar.

El verbo escuchar procede del sustantivo femenino escucha, cuyo significado nos indica que «es una actitud receptiva que presupone una mentalidad abierta, una disponibilidad para interpretar las actitudes y los mensajes lanzados por los demás y, al mismo tiempo, la capacidad de absorberlos y legitimarlos».

Si antepongo el artículo determinado La, es decir, ‘La escucha’, se refiere a «la capacidad de recibir, entender, interpretar y responder a los mensajes del interlocutor», para lo cual será necesario del “otro lado” el que emite (emisor), el hablante.

En las redes – que enredan, desinforman, confunden – pululan miles de emisores que buscan llamar la atención, apoyado de imágenes (esencialmente a través de podcast, como creadores de contenido. Nota: Así se certifican)), que ‘informan’ unidireccionalmente, y que, sin esperar respuesta, solicitan: ‘darle un like a la campanita’, para quedar suscrito; por supuesto aceptar o no quedará a criterio del vidente y para ‘gusto colores’.

Mi profesión como educador, docente, me enseñó a escuchar - no solo en cuanto a contenidos de las asignaturas impartidas – al ser evaluados en los diferentes subsistemas de educación (media, diversificado y universitario), sino lo más esencial, escuchar a jóvenes cuyos problemas sociales e inclusive económicos, estos incidían en su desempeño.

Familias disfuncionales, el acceso a drogas, pandillerismo, embarazos no deseados, cuyo entorno resultaba siempre una amenaza real, agresiva, constante ante la permeabilidad de personas en el rango desde los 14 a los 23 años, inconscientes, inmaduros cuyo aprendizaje académico se deterioraba fácilmente.

Situaciones que persistieron – resultando más complejo de atender por el profesorado, a partir de la virtualidad o modalidad asincrónica   – vía redes que se puso de manifiesto durante la pandemia (2019 – 2023), como herramienta (era la única posible), ante un sinnúmero de detractores: no contar con los dispositivos digitales, conexión, etc.

Pero, ¿es que caso según lo antes referido – pandemia y redes - en los tiempos actuales nos conlleva a una forma u modo diferente de escuchar? Por alguna razón u otra hay personas que me escriben ante mis productos que comparto donde conjugo educación y valores, y que suelen establecer una conversación donde se indaga según muy perfil (algo escueto, sencillo) los problemas acuciantes que enfrenta la educación por esta parte del mundo: centro y sur americano.

Pero que en ocasiones se extiende haciéndose personal – donde confía lo expresado, algo así como un secreto -, ante la problemática de sostener una metodología en las clases muy tradicional, regido por la institución donde labora; presión ante los resultados negativos donde se busca ‘promocionismo’; poco apoyo ante los problemas de disciplinas en grupos muy numerosos; evaluaciones del desempeño que no son ni siquiera discutidas, solo se hacen llegar los resultados; la necesidad de superarse ante los cambios tecnológicos y en el peor de los casos: un desequilibrio horas clases – horas de preparación y su remuneración; la ausencia de reconocimiento al trabajo realizado, etc.

Lo anterior refleja algo así como una especie de confesionario de personas jóvenes - adultas con años de experiencia en la docencia que necesitan ser escuchadas, siendo emisores, hablantes y por supuesto en el otro lado alguien que tenga «la capacidad de recibir, entender, interpretar y responder a dichos mensajes, como buen receptor».

De no existir una correcta comunicación cualquiera sea la vía, el santuario – escuela podrá verse afectado.

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