El verbo escuchar procede del sustantivo femenino escucha, cuyo significado nos indica que «es una actitud receptiva que presupone una mentalidad abierta, una disponibilidad para interpretar las actitudes y los mensajes lanzados por los demás y, al mismo tiempo, la capacidad de absorberlos y legitimarlos».
Si antepongo el
artículo determinado La, es decir, ‘La escucha’, se refiere a «la capacidad de
recibir, entender, interpretar y responder a los mensajes del interlocutor», para
lo cual será necesario del “otro lado” el que emite (emisor), el hablante.
En las redes – que
enredan, desinforman, confunden – pululan miles de emisores que buscan llamar
la atención, apoyado de imágenes (esencialmente a través de podcast, como
creadores de contenido. Nota: Así se certifican)), que ‘informan’ unidireccionalmente,
y que, sin esperar respuesta, solicitan: ‘darle un like a la campanita’, para
quedar suscrito; por supuesto aceptar o no quedará a criterio del vidente y
para ‘gusto colores’.
Mi profesión como
educador, docente, me enseñó a escuchar - no solo en cuanto a contenidos de las
asignaturas impartidas – al ser evaluados en los diferentes subsistemas de
educación (media, diversificado y universitario), sino lo más esencial,
escuchar a jóvenes cuyos problemas sociales e inclusive económicos, estos
incidían en su desempeño.
Familias
disfuncionales, el acceso a drogas, pandillerismo, embarazos no deseados, cuyo
entorno resultaba siempre una amenaza real, agresiva, constante ante la
permeabilidad de personas en el rango desde los 14 a los 23 años,
inconscientes, inmaduros cuyo aprendizaje académico se deterioraba fácilmente.
Situaciones que
persistieron – resultando más complejo de atender por el profesorado, a partir
de la virtualidad o modalidad asincrónica
– vía redes que se puso de
manifiesto durante la pandemia (2019 – 2023), como herramienta (era la única
posible), ante un sinnúmero de detractores: no contar con los dispositivos
digitales, conexión, etc.
Pero, ¿es que caso
según lo antes referido – pandemia y redes - en los tiempos actuales nos
conlleva a una forma u modo diferente de escuchar? Por alguna razón u otra hay
personas que me escriben ante mis productos que comparto donde conjugo
educación y valores, y que suelen establecer una conversación donde se indaga
según muy perfil (algo escueto, sencillo) los problemas acuciantes que enfrenta
la educación por esta parte del mundo: centro y sur americano.
Pero que en ocasiones
se extiende haciéndose personal – donde confía lo expresado, algo así como un
secreto -, ante la problemática de sostener una metodología en las clases muy
tradicional, regido por la institución donde labora; presión ante los
resultados negativos donde se busca ‘promocionismo’; poco apoyo ante los
problemas de disciplinas en grupos muy numerosos; evaluaciones del desempeño
que no son ni siquiera discutidas, solo se hacen llegar los resultados; la
necesidad de superarse ante los cambios tecnológicos y en el peor de los casos:
un desequilibrio horas clases – horas de preparación y su remuneración; la
ausencia de reconocimiento al trabajo realizado, etc.
Lo anterior refleja algo así como una especie de confesionario de personas jóvenes - adultas con años de experiencia en la docencia que necesitan ser escuchadas, siendo emisores, hablantes y por supuesto en el otro lado alguien que tenga «la capacidad de recibir, entender, interpretar y responder a dichos mensajes, como buen receptor».
De no existir una
correcta comunicación cualquiera sea la vía, el santuario – escuela podrá verse
afectado.


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