No queda dudas que el hecho de levantar la voz más de lo normal – cualquiera suela ser el motivo -, resulta de primera instancia algo ¿repudiable?, ¿de mala educación? lo cual se visualiza cuando te encuentras en un lugar público: bus, restaurante, se alza la voz y automáticamente decenas de ojos activarán el modo “radar”, en búsqueda de darle respuesta a la interrogante ¿qué pasó?
Es cierto que muchos han de ser los factores que pueden
provocar la emisión de sonido fuerte y elevada a través de las cuerdas vocales,
digamos golpearse de forma inesperada – supongo que tenga experiencia en que un
dedo su pie y me refiero al meñique o quinto dedo, sí el más pequeñito con la
pata de una mesa… - como duele… ¡Ayyyy!
Que, de suceder en tu hogar, de igual forma se
repetirá la interrogante, ¿qué pasó?, y con la aparición espontánea e
inesperada de los miembros de tu mismo núcleo familiar, unos pondrán caras de
asombro, a otros posiblemente se les escape una buena carcajada que inclusive
podrá superar los decibles del accidentado, añadiéndole a este último una
andanada (para colmo), de interrogantes, ¿eres tonto?, ¿no vistes la pata de la
mesa?, ¿sabes porque te pasó?, por ¡andar descalzo! Nota: Al parecer la culpa
no fue de la persona golpeada, sino del dedo que se lanzó de forma desmesurada contra
el madero de marras.
Sí diría a modo tal vez excepcional cuando las cosas
no te salen bien, reitero excepcional, como puede ser un proyecto – en mi caso,
de colaboración con una institución educativa -, asistes a reunión después de días,
¿meses?, presentas un bosquejo de tu interés, en cuanto al impacto de mejora en
lo referente a la calidad e inclusive económicamente, que los presentes
evidencien en sus rostros muestras de satisfacción en señal de aceptación inclusive
quiénes manifiesten que sí, que están muy interesados además de verlo
necesario, a lo que se suma cuando alguien lo ve “desde afuera”.
Por supuesto una “pre – aceptación”, genera alegría,
esperanza, satisfacción, seguro que sí, que cuando sales del recinto hasta “cantas
con tu paraguas, y no exactamente bajo lluvia”[1],
ya que ni llovía, pero tampoco había farolas para subirme, pero de haberlo, lo
hubiera hecho. Sencillamente, había sido “destruido el hechizo” de que no me
escucharan, tras múltiples intentos.
Obviamente no quiero adelantarles el final: revisaba
el celular una y otra vez ¿WhatsApp?, ¿Gmail?, con una frecuencia de ¿30
minutos?, miraba en el mismo celular en la parte superior derecha el estado de
la conexión (sí, ahí estaban las barras, con símbolo 5G que indicaban que la
fuerza de la señal era óptima), revisaba las luces del módem que indicaban su
estado: Power (Encendido) debe estar fija (verde/azul) para indicar corriente;
Internet/WAN que indica conexión con el proveedor (fija/parpadeando para
datos); Wi-Fi muestra la red inalámbrica activa, que estaba; y LAN parpadea
cuando hay datos en los puertos Ethernet, parpadeaba, o sea nada de luces
rojas. Por lo visto NADA, DE NADA.
Ya me resultaba difícil pensar que una vez más todo
había sido una pantomima, ¿recuerdan?... que los presentes evidencien en sus rostros
muestras de satisfacción en señal de aceptación inclusive quiénes manifiesten
que sí, que están muy interesados…
¿Deseos, ganas de gritar? Por lo visto urgía liberar mi estrés y ansiedad, liberando endorfinas, que actúan como analgésicos (no por gusto se le llaman "hormonas de la felicidad") para calmar el sistema nervioso, al menos como válvula de escape temporal.
¿Lo hice? No. Una experiencia más, reflexionar donde me equivoqué, ¿hablé de más de menos?, ¿por qué no convencí? … ¡Mente fría, un poco de mindfulness y nuevamente a la carga!
[1] Cantando bajo la
lluvia (título original: Singin' in the Rain) es una película musical de 1952
dirigida por Gene Kelly y Stanley Donen. Está protagonizada por Gene Kelly,
Donald O'Connor y Debbie Reynolds. Hecha siguiendo los esquemas clásicos de la
MGM, tiene su inspiración en todas las Melodías de Broadway que se realizaron
en Hollywood en los años 20 coincidiendo con la aparición del cine sonoro.
La película
logró un importante éxito comercial y de crítica, especialmente conocida por
sus secuencias de baile, incluida la escena en la que Gene Kelly interpreta la
canción principal bajo la lluvia.


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