lunes, 16 de febrero de 2026

Mis zapatos mexicanos

Cuando uno es joven hace locuras, los cuales muchas de ellas pueden resultar perjudiciales como puede ser afectarte los estudios, sobre todo cuando eres docente (pero años después sin prever, ni soñar que estudiaría magisterio); una de ellas de las tantas, es que estando becado un colega me dijo “… Ernesto, están buscando “rellenos” para un documental en la playa, con un director novel, no nos pagan, pero si hay refrigerio y… sobre todo hasta una fiesta en una casa cerca de la orilla del mar y por supuesto no podían faltar las chicas”.

Al parecer había llegado el momento de mi ¿estrellato?, lo que había visto en películas o series hacerse realidad que para lograrlo implicaba muchas cosas: primero decirles a mis padres que me habían invitado a ser parte de una película (mentira 1, ya que documental me resultaba poco significativo), y que sería sábado y domingo en una casa en el mar (playa), con todos los gastos pagos (verdad 1).

Ser parte de la supuesta farándula, entiéndase “ambiente nocturno formado por personas famosas de distintos ámbitos, especialmente del espectáculo”, era muy poco probable ¿famosos?, ¿distintos ámbitos?, ¿espectáculo?, no obstante, estaba la opción y no perdía nada con ir, cosas de muchachos/chavalos/cipotes/chamacos/patojos.

Ir no resultaba tan sencillo, ya que ello implicaba, asistir con la mejor “ropita del domingo”, es decir la ropa que se suele utilizar cuando vas a pasear el fin de semana, algo así como “ir bonito, elegante”, inclusive sin importar que alguna puede ser prestada, sí, prestada.

Y aquí entran “mis zapatos mexicanos”, resulta que a mi padre (cuyo oficio era barman), un cliente, de procedencia mexicana le había regalado un par de zapatos – y que casualmente mi viejo y yo utilizábamos el mismo número de calzado –, elegantes, negros, de cordones, pero que el frente de estos presentaban hoyitos labrados en el cuero como decoración, hecho nunca visto, ya que los que había tenido eran de cuero liso, donde posiblemente la vaca de donde salió el mismo no era de tanta calidad, como el de los mexicanos.

Mi padre me dijo “… CUÍDALOS”, lo pongo en mayúscula como señal de una orientación con carácter imperativo y que por supuesto había que cumplirlo al pie de la letra; también un colega de la beca me prestó un bolso.

Llegó el día de la filmación donde se tomaron varias tomas, caminando con la puesta del Sol (bello) Aclaración: iba descalzo, ni loco con mis zapatos mexicanos; en la noche ahí sí me la desquité ya que era en una fiesta, y aquellos zapatos no paraban de moverse al ritmo de la salsa, inclusive y si les soy honesto, los mismos llamaron la atención de los participantes: burlas que de donde los había sacado, etc.

Para los que saben un poco de filmaciones (yo casi nada) los “actores y actrices”, no solemos apreciar el resultado de la película, documental en este caso de como quedó el mismo y sí preguntamos que cuando sería divulgado para estar al tanto.

El director argumentó que la intención era promoverlo tanto en el cine, como en la televisión, tal vez dentro de unas tres semanas, situación que generó tanto incertidumbre, como desconfianza, si sería real o no.

Esa situación conllevó – como estrategia – que uno iríamos al cine y otros se encargarían de “pegarse” a la televisión (nota: cero YouTube, cero redes, cero celulares), era sí o sí, al menos que habíamos ¡salido!; y así fue, llamo una de las chicas y dijo “en el cine tal…” ¡Corran! (ya yo había devuelto los zapatos a mi padre)

Esa noche la estampida vía cine fue obligatoria, nerviosos, queríamos que las luces se apagaran ya, ¡no había reflectores ni alfombra roja!, y… comenzando, ahí salían mis (perdón, los de mi papá) zapatos procedentes de tierras aztecas.

De fondo la música, se escuchaba gente bailando… (todo eso en un primer plano) y como colofón … (redoble de tambores, esto lo pongo yo), se escuchaba clarito, clarito… “Ernesto, ven y estrena tus zapatos de hoyuelos”.

Ese día de estreno, repetí la segunda tanda, nada de filmar, todo quedaba en la memoria. ¿Perspectivas al estrellato?, recuerdo las palabras de mi padre: “… me alegra que la hayas pasado bien, también que cuidaste los zapatos, pero … ni vas a hacer artistas, ni fiestero…, aquí no hay excusa para que no tengas buenas notas. ¡A estudiar!




2 comentarios:

  1. Ernesto, está muy interesante la anécdota; logré sentirme completamente conectada con la historia y, debo admitir, quedé con la intención de saber cómo terminaba… ¿el desenlace abierto fue deliberado como recurso narrativo o esta historia tendrá continuación?

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  2. Gracias sandra, como dices fue un reurso narrativo, pero la historia es 99 % veraz. Gracias, No hay continuación. Gracias

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