Posiblemente al escuchar sonidos tales como talán, talán, tolón, tolón, tan, tan, din don dan o tilín, tilín y
tintín, tintín, ambos
te conduzcan a visualizar, los primeros procedentes de la campana - comúnmente
de la iglesia -, por lo que automáticamente ratificas que es la hora exacta,
habitual que se escucha cada día, pero también lo compruebas en tu reloj de
pulsera o en el celular.
Mientras que en el caso de los segundos “… tilín,
tilín y tintín, tintín”, proveniente de campanillas, acompañados por la voz de
un pregonero[1]
que divulga sus productos: helados, dulces, frutas…etc.
No podemos obviar la existencia de campañas muy
famosas muchas de ellas en Europa, como son la Campana de San Pedro[2] se
encuentra en la Catedral de Colonia, Alemania; La Gran Campana del Zar o Tsar
Kolokol III[3]
es otra de las más importantes del mundo, pese a no estar ya en funcionamiento,
situada en el Kremlin, Rusia; En España, específicamente en Toledo tenemos en
su catedral, la campana llamada La Gorda[4] y
por supuesto no puede faltar el Big Ben[5], nombre
de la campana principal y no de la torre en sí, en Inglaterra.
Y ya, lo que pareciera ser “una clase” sobre campanas,
me referiré a una muy en particular llamada “La campana de la victoria”, que no
es el caso de la tradición naval centenaria donde como señal de honor (se toca para
dar la bienvenida o despedir a oficiales de alto rango o personalidades
importantes al subir a bordo), sino la que se toca tres veces – es de bronce - cuando
los pacientes al terminar su última sesión de quimioterapia o radioterapia contra
el cáncer y el comienzo de una nueva etapa con esperanza, tras el esfuerzo y la
finalización de una lucha física y emocional, celebrando la superación de una
etapa muy difícil.
Situación que pude apreciarla – a través de un video
compartido, real – de una persona a quien amo, de la familia, donde todos estábamos
anuentes al tratamiento en sí, desde su comienzo, tristes, al saber que era “una
persona con diagnóstico de cáncer", que ha partir de ese momento los días
parecían ser más largos, las manecillas de los relojes apenas se movían, las
campanas no sonaban.
Al recibir el video, donde tocaba una pequeña campana tres
veces a la salida de la consulta del especialista, lo cual en un comienzo nos
desconcertó el significado o mensaje que se quería transmitir por desconocimiento,
pero lo mejor de todo al preguntarle vía chat, ¿…y?, como respuesta: su sonrisa,
la lágrima en sus ojos, la tos nerviosa...
Lo que ella no sabía que todos estábamos a “moco tendido”, tosíamos (mal familiar genético), reíamos, brincábamos…; pensé en ese momento, solo pensé… ¡puedes volver donde la campana y tocarla no tres, sino miles de veces: talán, talán, tolón, tolón, tan, tan, din don dan o tilín, tilín y tintín, tintín, por tí, por y para todas las personas con dicho diagnóstico, cuyo resultado sea el mismo, demos ánimo y esperanza a otros pacientes que aún siguen en tratamiento: ADIOS TRISTEZA, BIENVENIDA LA ALEGRÍA.
[1] Vendedor tradicional que recorre calles y plazas ofreciendo productos o servicios a viva voz, utilizando frases rítmicas, melodiosas o rimadas conocidas como "pregones" para atraer clientes.[2] Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.[3] Pesa 216 toneladas y su altura de más de 6 metros. Fundida en 1735[4] Pesa 18 toneladas e inaugurada en el siglo XVIII.[5] Se encuentra dentro de la Elizabeth Tower en el Palacio de Westminster. Es una de las cinco campanas de la torre; la gran campana pesa más de 13 toneladas y toca cada hora, mientras que otras cuatro más pequeñas tocan los cuartos.


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