Sentarse a esperar a alguien cuando esta no resulta puntual, suele incomodar, miras el reloj, si entró algún mensaje, en fin, genera estrés, impaciencia…, que como recurso suelo utilizar el desviar la atención de la espera, ocupándome en otra cosa, por ejemplo: fijarme en los que transitan, es decir los transeúntes.
Tratando de visualizar – más allá de los rasgos
comunes producto de la genética, implicando familiaridad – hechos que me llamen
la atención: vestuario (que a veces resultan contradictorios acorde a la
estación verano, otoño e invierno) unos muy friolentos otros muy calurosos;
féminas cuyos cabellos superan los colores primarios y también mezclados
(secundarios): rojo, amarillo, azul, rojo, verde, azul, morado, naranja.
¿Qué más? Algo que tal vez, no resulta significativo,
pero si distinguible en una pareja: ¿por dónde te agarro?, cuyos sinónimos
suelen ser: coger, sujetar, atrapar, enganchar, aprisionar, entre otros.
¿Atrapar? Mmmm… algo así como te aguanto duro la mano y no te suelto;
¿enganchar, como si fuese la locomotora que arrastra un vagón?; ¿sujetar?, se
me ocurre cuando una persona de determinada edad, digamos un niño travieso, o
bien cuando una persona mayor es sostenida; ¿aprisionar?, ya cuando le aprieto
la mano un poco más fuerte, para evitar que toque o rompa algo…
Pero si usted toma a su pareja, se agarran de la mano
(¡qué bonito!, ¿romántico?), caminando a la par uno del otro, algo así como
demostrando la equidad de género, sin importar la edad, ¿y acaso como una
especie de propiedad compartida? «Tú eres mía y yo tuyo (¡qué bonito!)».
¿Por qué lo hacemos, porque lo hemos aprendido de
generaciones anteriores?, por supuesto, tal es así que tomarse de la mano como
gesto social tiene raíces muy antiguas, con representaciones que datan de la
Antigüedad Clásica (siglos V a.C.) en Grecia, donde se llamaba dexiosis ("tomar
la mano derecha"), simbolizando acuerdo, paz, fidelidad y unión, para la
representación de pactos, matrimonios y amistad, e inclusive para mostrar que
no se portaban armas (¡!) y además desde la Edad Antigua (siglos IX a.C.) y la
Edad Media para sellar acuerdos; hago un alto, lean otra vez, por favor…
acuerdo, unión,… y sobre todo sin portar armas.
La situación resulta más compleja cuando la pareja
camina a la par, pero en esta ocasión es el hombre que pasa su brazo sobre el
hombro de la dama como señal de amor, dominio (recuerden… ¡esto es mío!), amistad
(si es en tono juguetón o de apoyo) ¿juguetón?[1] – ¿sostener
de 3.4 a 4.3 kg,
equivalente a 7.48 a 9.46 libras? – y que mientras más se camina, pareciera ser
que el peso aumenta; ¿comodidad?, que la utilices a ella ¿cómo bastón?
Por supuesto la interpretación dependerá del contexto, el tipo de toque (lento, firme, etc.) y la reacción de ella, pudiendo ser una señal de que se siente cómoda y lista para una mayor intimidad. (¡qué bonito!)
¿Y en el caso que la pareja sea dispareja en altura?
Ella mayor que él…. Mmmm…, es sencillo, muy sencillo, no le pase el brazo por
los hombros, hágalo por la cintura y se preguntará y ¿los sentimientos de lo
que agarras? ¡Sencillamente a flor de piel, qué bonito!
Interrumpido por la amiga que esperaba, después de 19 años de haber trabajado junto, expresó “… Ernesto, ¡disculpas por la tardanza” !, “!… cuanto tiempo sin verte, años!”, ¿te puedo agarrar /abrazar?
[1] Un
brazo humano pesa aproximadamente entre el 5% y el 6.5% del peso corporal
total, lo que se traduce en unos 3.4 a 4.3 kg para una persona de 70 kg, aunque
el peso varía mucho según la masa muscular, la densidad ósea y el tamaño
general de la persona.


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