lunes, 3 de noviembre de 2025

Solo…poco probable.

Los humanos nos distinguimos de otras especies por ser seres sociales – entiéndase, sentimos la necesidad de relacionarnos, interactuar formando parte de una comunidad o sociedad -, conectándonos en lo individual y colectivo siendo esencial para el desarrollo humano.

No hace mucho una amiga que cuenta con un canal de YouTube en América Latina, donde en otras ocasiones le he apoyado con temas cruciales como valores, entre otros; en esta ocasión me solicitaba hablar sobre el trabajo en equipo, que por supuesto ante semejante reto, no me podía negar.

La dificultad consistía en como llevar esto al aula, cuando lo común es que orientemos tareas o actividades asincrónicas a nuestros estudiantes para que las solucionen en equipo, o bien exposiciones previamente preparadas y que estas constituyan un cierre de una unidad, logrando con ello la consolidación de los contenidos y por supuesto su evaluación.

En lo profesional como administrativo – ya lograr un trabajo en equipo – es un tanto más complejo, que, a diferencia de la labor en el aula cuyo tiempo es relativamente corto, si bien en ambos casos la meta final es un resultado de logros, de éxitos e inclusive tangibles: graduados íntegros para ser insertados en el mundo laboral, empresas con alto impacto en el mercado, por citar solo dos.

Pero como diría alguien (¿?) "los caminos están llenos de piedras", lograr un verdadero trabajo en equipo, cuesta ya que ello conlleva a un esfuerzo extraordinario, más cuando te corresponde liderear; malas noches, incomprensiones, resistencia al cambio, donde tratas de superar mediante la tolerancia, receptividad, entender, escuchar, auto reflexionar donde esto nos conlleva a lo que considero la clave: la comunicación.

Comunicación que ha de ser transparente (abierta y efectiva), objetivos claros y medibles, metas alcanzables, pero que requieren de mucho esfuerzo no siendo más de lo mismo; en la medida que el proyecto sea “desmenuzado”, donde quede claro la responsabilidad de cada cual, pero sobre todo que los miembros del equipo se sientan cómodos teniendo su espacio que les permita compartir ideas, preocupaciones y comentarios.

Queda claro que no todos los que nos corresponde dirigir, somos capacitados para lograr un verdadero trabajo en equipo, unos sí, otros no, pero la realidad es que los integrantes de los equipos son personas muy disímiles, con hábitos para lo laboral e inclusive en el plano personal… y aquí surge la interrogante, ¿mezclar lo laboral con lo personal?

Mi respuesta es un sí rotundo, pero específicamente en el tratar de ganar voluntades, de forma gradual, dentro del marco del respeto mutuo: conversaciones privadas en lo referente algún factor de lo personal que incida en lo laboral y en que te puedo ayudar o te podemos ayudar (porque cuento con el equipo) reconocimientos, etc.

¿Anécdotas?, miles… había una vez, (así comienzan las historias, los cuentos, aunque este no lo es) un (a) colega que se resistía al cambio, que dentro del colectivo no tenía por qué participar, su trabajo era sencillamente idóneo y menos rendir cuenta de su trabajo… Nota: por lo visto estábamos ante ‘una piedra en el zapato’.

Por supuesto la respuesta pudo ser solventada momentáneamente con un poco de mindfulness: espirar, aspirar; obligar, imponerse no es la solución (al menos la mía, no es mi estilo). Esta persona, compañero (a) de trabajo no tenía que ser excluida, al contrario, siendo enemigo acérrimo de ‘divide y vencerás’

La posibilidad de sacarme un ‘as de la manga’, era posible; tenía acceso al resultado de los docentes y administrativos y por supuesto a la de la persona en cuestión: le envíe un correo felicitándolo (a), ¡no contestó!, ni modo; otra opción fue con el colectivo (con ese maravilloso equipo al que no quería integrarse), celebrarle su cumpleaños sin que lo esperase: fue invitado (a) a una reunión extraordinario, enviamos una agenda y … ‘cayó en la trampa’

Su reacción, asombro, ¿pena?, agradecimiento…, me observó (yo era uno más) y levanto sus dedos pulgares en señal de gratitud. Al terminar el día, recibí un correo donde se expresaba: «Cuenta con mi apoyo, quiero ser parte activa de ese equipo. Un abrazo».

La estrategia empleada – algunas veces habían salido bien, otras no -, no era con el objetivo de adular, no. Era demostrar que todos tenemos un lado humano con aciertos y desaciertos, y que en la balanza laboral – personal han de tenerse en cuenta.

Final de la historia: El equipo logró que la institución fuese certificada y acreditada nacional e internacionalmente. ¡Gracias equipo!

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