Los humanos nos distinguimos de otras especies por ser seres sociales – entiéndase, sentimos la necesidad de relacionarnos, interactuar formando parte de una comunidad o sociedad -, conectándonos en lo individual y colectivo siendo esencial para el desarrollo humano.
No hace mucho una
amiga que cuenta con un canal de YouTube en América Latina, donde en otras
ocasiones le he apoyado con temas cruciales como valores, entre otros; en esta
ocasión me solicitaba hablar sobre el trabajo en equipo, que por supuesto ante
semejante reto, no me podía negar.
La dificultad
consistía en como llevar esto al aula, cuando lo común es que orientemos tareas
o actividades asincrónicas a nuestros estudiantes para que las solucionen en
equipo, o bien exposiciones previamente preparadas y que estas constituyan un
cierre de una unidad, logrando con ello la consolidación de los contenidos y
por supuesto su evaluación.
En lo profesional
como administrativo – ya lograr un trabajo en equipo – es un tanto más
complejo, que, a diferencia de la labor en el aula cuyo tiempo es relativamente
corto, si bien en ambos casos la meta final es un resultado de logros, de
éxitos e inclusive tangibles: graduados íntegros para ser insertados en el
mundo laboral, empresas con alto impacto en el mercado, por citar solo dos.
Pero como diría alguien
(¿?) "los caminos están llenos de piedras", lograr un verdadero
trabajo en equipo, cuesta ya que ello conlleva a un esfuerzo extraordinario,
más cuando te corresponde liderear; malas noches, incomprensiones, resistencia
al cambio, donde tratas de superar mediante la tolerancia, receptividad,
entender, escuchar, auto reflexionar donde esto nos conlleva a lo que considero
la clave: la comunicación.
Comunicación que ha
de ser transparente (abierta y efectiva), objetivos claros y medibles, metas
alcanzables, pero que requieren de mucho esfuerzo no siendo más de lo mismo; en
la medida que el proyecto sea “desmenuzado”, donde quede claro la
responsabilidad de cada cual, pero sobre todo que los miembros del equipo se
sientan cómodos teniendo su espacio que les permita compartir ideas, preocupaciones
y comentarios.
Queda claro que no
todos los que nos corresponde dirigir, somos capacitados para lograr un
verdadero trabajo en equipo, unos sí, otros no, pero la realidad es que los
integrantes de los equipos son personas muy disímiles, con hábitos para lo
laboral e inclusive en el plano personal… y aquí surge la interrogante,
¿mezclar lo laboral con lo personal?
Mi respuesta es un sí
rotundo, pero específicamente en el tratar de ganar voluntades, de forma
gradual, dentro del marco del respeto mutuo: conversaciones privadas en lo
referente algún factor de lo personal que incida en lo laboral y en que te
puedo ayudar o te podemos ayudar (porque cuento con el equipo) reconocimientos,
etc.
¿Anécdotas?, miles…
había una vez, (así comienzan las historias, los cuentos, aunque este no lo es)
un (a) colega que se resistía al cambio, que dentro del colectivo no tenía por
qué participar, su trabajo era sencillamente idóneo y menos rendir cuenta de su
trabajo… Nota: por lo visto estábamos ante ‘una piedra en el zapato’.
Por supuesto la
respuesta pudo ser solventada momentáneamente con un poco de mindfulness: espirar,
aspirar; obligar, imponerse no es la solución (al menos la mía, no es mi
estilo). Esta persona, compañero (a) de trabajo no tenía que ser excluida, al
contrario, siendo enemigo acérrimo de ‘divide y vencerás’
La posibilidad de
sacarme un ‘as de la manga’, era posible; tenía acceso al resultado de los
docentes y administrativos y por supuesto a la de la persona en cuestión: le
envíe un correo felicitándolo (a), ¡no contestó!, ni modo; otra opción fue con
el colectivo (con ese maravilloso equipo al que no quería integrarse), celebrarle
su cumpleaños sin que lo esperase: fue invitado (a) a una reunión extraordinario,
enviamos una agenda y … ‘cayó en la trampa’
Su reacción, asombro,
¿pena?, agradecimiento…, me observó (yo era uno más) y levanto sus dedos
pulgares en señal de gratitud. Al terminar el día, recibí un correo donde se
expresaba: «Cuenta con mi apoyo, quiero ser parte activa de ese equipo. Un
abrazo».
La estrategia empleada – algunas veces habían salido bien, otras no -, no era con el objetivo de adular, no. Era demostrar que todos tenemos un lado humano con aciertos y desaciertos, y que en la balanza laboral – personal han de tenerse en cuenta.
Final de la historia:
El equipo logró que la institución fuese certificada y acreditada nacional e
internacionalmente. ¡Gracias equipo!


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