El tiempo es una magnitud física fundamental que sirve para medir la duración o la separación de los acontecimientos, permitiendo ordenar los eventos en pasado, presente y futuro, es decir mientras usted me lee, lo que relato, sucedió ¿ayer?, será pasado, sin embargo, usted lo estará leyendo en el presente y de compartirlo a sus amigos, para ellos será futuro (pendiente de leerlos) y para usted pasado, porque ya lo envío. Tras esta “jerigonza”, paso a mi narración.
Cuando
uno sale de viaje, suele llevar la ropita de “salir”, que hay quien le llama la
“dominguera”, entiéndase la ropa elegante que se guarda para ir a misa o pasear
es día, con la variante personal que esa “ropita”, era muy poca – cuatro meses
en una consultoría -, pero, más pudo la Conciencia ante un desastre natural, un
llamado de donación y ahí se fue mi jean “el de salir”, alguien lo necesitaba
más que yo, y ¡PRESENTE!
Los
tiempos cambian “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos... [1]"– verdad
evidente, inexpugnable – y poco a poco (El Presente), me correspondió darle una
limpieza GENERAL, al closet, cuya ropa exterior que forma parte del atuendo
diario (pantalones, camisas, chamarras, etc.), con un período de “vida” que
oscilaban entre 10 a 12 años, la más “recién nacida” habían sido dos playeras
por el día de los padres.
La
limpieza era GENERAL, diría que a grandes proporciones; organizar: camisas,
playeras o pullovers, pantalones, sacos, donde se subdividían como categoría en
de salir (pasear) o de estar en la casa, y los de ir al supermercado, pasear a
las mascotas; otra subdivisión era por edades de uso (aquí estaba la mayoría),
donde primaban los más “viejitos”, que posiblemente sean los que más recuerdos
nos traen: la ropa con la cual emigre (Historia Antigua), bodas (de mi hija, de
amigos), sin menospreciar a los zapatos (vestir, de sport) – situados un tanto
más abajo del ropero – donde ya algunos tenían un “alto kilometraje”.
Limpiar
lo que debía “desechar”, a la hora de seleccionarlo, me costaba, por los
recuerdos esencialmente, pero detrás de ello la compensación posible era a las
personas a quién entregárselas, aunque no tuviesen rostros, recibirlas
provocaría beneficios.
Lo que
parecía fácil de limpiar y organizar, no fue así y no por la cantidad que no
era tanta, sino por la clasificación, subclasificación y sub y
subclasificación, que al parecer se me había “pegado” el hecho de subdividir de
cuando impartía clases de Ciencias Naturales (Química, Biología y Ciencias
Naturales propiamente dicha), lo que conllevo a unas ¿7 horas?, en dos días.
¿Tanto?,
lo achaco a la inexperiencia – una vez cada ¿4 años? – porque por la cantidad
de vestuario no lo es, claro ya me doy cuenta de otro hecho y es o fue el
siguiente: cada vez que “extraía” una pieza de ropa, pasaba a un estudio
“memorístico” de la misma: ¿De cuándo era aproximadamente?, ¿causa de la
adquisición?, ¿lugares más significativos donde me acompañaron?, ¿con quién me
la puse?, ¿qué celebrábamos?, ¿eran de uso frecuente o para ocasiones
exclusivas?
Tal
era el impacto personal, que antes de colocarla en la bolsa para donar, las
clasificaba – algo así como orgánico inorgánico, reciclable -, aunque todas
tenían un fin de reciclable: cubrir parte del tronco (tórax, abdomen y pelvis),
extremidades superiores (brazos, hombros, codos, antebrazos, muñecas y manos),
extremidades inferiores (piernas, muslos, rodillas, pantorrillas, tobillos y
pies)
Finalmente
(o casi), era tanto el desapego por algunas ropas, en particular de invierno –
y que estando en invierno (PRESENTE) – las desaparté y pensé “…aunque me duela,
estaré algunos días más contigo”, tal es así que la que tengo puesta en este
momento es una de las que entregaré (donación), en unos 15 días, más o menos.
Realmente cuesta separarse de lo que uno quiere, bien sea un amor material – el que surge de la atracción biológica, los sentidos y la convivencia diaria, que es tangible, práctico, que permite el afecto cercano, el cuidado físico y la compañía en el plano terrenal -, y el espiritual cuya conexión es profunda que va más allá del cuerpo y los sentidos, incondicional, compasivo y que busca el bienestar del otro sin esperar nada a cambio, que aporta paz interior, empatía universal y un sentido de propósito elevado, trascendiendo lo físico.
¡Adiós
ropa mía!, ¡te encargo que ames al prójimo, como yo a ti, te amé!
[1] Canción
interpretada por Pablo Milanés Arias (1943-2022),
fue un cantautor y músico cubano, uno de los fundadores —junto a Silvio Rodríguez y Noel
Nicola— de la Nueva Trova Cubana

No hay comentarios:
Publicar un comentario