Como estudiante pasar de un subsistema a otro (prekinder, kínder, primaria, secundaria, bachillerato), posiblemente – siempre y cuando sea factible ese cambio gradual, lineal, progresivo, sin interrupciones ante la necesidad de trabajar u otra razón de índole personal o familiar -, resulte un tanto natural, sin embargo, llegar a “pisar” el nivel universitario “es harina de otro costal”, por muchas razones.
¿El top de los estudios? Realmente no,
considerando otros como postgrados, maestrías, especializaciones, pero retomo,
entrar al Alma Mater[1], la sensación propia de la juventud (16-18
años) es algo así como conquistar a la joven cuyo amor resultó platónico
durante todo el bachillerato, nervios a flor de piel: ¿nuevas amistades?,
¿serán exigentes los docentes? Nota: «los rumores es que aquí hay que estudiar
¡de verdad!».
Uno de los primeros tropezones – de los tantos –
fue recibir clases en un salón de conferencias semi circular con capacidad de
200 estudiantes (todos de primer año), el docente cuyo prestigio en cuanto
conocimiento era una gratitud escucharlo, sus apuntes en una pizarra –
realmente tres, que subían y bajaban manualmente - de fondo verde, donde en la
misma se veían los trazos, de las tizas blancas y apuntes vinculado a la
asignatura.
¿Preguntar?, ¿interrumpir al profesor por alguna
duda?!Sencillamente imposible!, ¡Nada!, Una conferencia, es una conferencia - presentación
oral dirigida a un grupo de personas en el que se expone un tema de interés
para el público presente -, y nada de debatir, ni chistar se podía, el que se
quedaba atrás en la toma de nota y dudas, se quedó.
¿Solución?, el libro (muy voluminoso) de la
asignatura, además de otros documentos sugeridos por el expositor para
consultar en la biblioteca; finalmente: para la próxima clase leer de la página
tal a la tal, algo así como unas 40 páginas, que incluía las posibles
evaluaciones. ¿Y entonces? ¡La incertidumbre era total!
Por supuesto, la solución no era no cortarse los
pulsos, ni salir despavorido, ¿la clave?, ¡estudiar!, bien individual o
colectivamente, sin importar el tiempo que se empleara para ello, reservar el
cubículo en la biblioteca y a expensas que la bibliotecaria te llamase la
atención dos o más veces con la opción de ser expulsados del local; por lo
visto, esto era ¡Al duro y sin guantes![2], o
estudiabas o estudiabas, si querías cumplir tus sueños de alcanzar tu título
universitario.
¿Ha cambiado el rigor, con relación a la exigencia
y el rigor en las aulas de clase en los tiempos actuales? Pareciera ser que sí,
diría o añadiría en cuanto a posibles respuestas, dependiendo del subsistema o
nivel de enseñanza una alta disparidad de criterios, controversial.
¿Muchas tareas?, ¿mucho que leer?, ¿poco tiempo
para estudiar? Al responder cada una de las interrogantes anteriores y en el mismo
orden, mis respuestas son: ¿Y?, ¿y?, e ¿y?, que, en el caso de las dos
primeras, ampliando las mismas serían: Más tareas, más aprendizaje, más compromisos,
más creatividad, mejor desempeño (presente y futuro); leer mucho, saber,
aprender, interpretar, comprender, ejercitar a nuestro cerebro, despertando
nuestras vías neuronales, activando la memoria…, recordar, liberar nuestras
emociones: alegría, tristeza, cólera, miedo, sorpresa, amor.
¿Poco tiempo para estudiar? Respuesta: ¿se
organiza el estudiante lo suficiente para ello?, ¿los padres les enseñamos a
organizarlos y no escudarse, mimándolos?, ¿acaso el sacrificio de esforzarse
luchando contra las manecillas del reloj, no conlleva a la creación de un hábito
una disciplina?
¿Saben qué…? Me quedan más preguntas, pero… "el éxito es para los osados", que en latín se traduce como "Audentes fortuna iuvat" y al español como "La fortuna favorece a los audaces"[3], reflejando con ello que lo que se pretenda alcanzar sonreirá solo a aquellos que no tengan miedo de enfrentar desafíos y tomar la iniciativa.
Recomendación o sugerencia: cuando un padre le
manifieste su preocupación acerca de muchas tareas, mucho que leer, respóndale «Audentes
fortuna iuvat» y tradúzcale.
[1]
Alma mater es una locución latina que significa literalmente 'madre nutricia'
y que se usa para referirse metafóricamente a una universidad, aludiendo a su
función proveedora de alimento intelectual, generalmente para referirse al
sitio en donde determinada persona cursa o cursó sus estudios universitarios.
[2] Dicho
de hablar: Sin rodeos ni circunloquios / Con rigor y exigencia.
[3]
Esta frase, con raíces en la antigua Roma, sugiere que aquellos que se atreven,
que toman riesgos y actúan con valentía, tienen más probabilidades de tener
éxito; frase que se remonta a las obras de Terencio y Virgilio, dos importantes
escritores romanos.


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