Recuerdo que en una ocasión una amiga de mi madre, ante la preocupación de un posible suceso a uno de mis hermanos ante una decisión que no dependía de él, le sugirió que fuese a una cartomántica[1], de modo tal que le revelara el futuro de esa persona; mi madre por temor a que “el secreto” fuese negativo desistió.
Hay otras personas que suelen encomendarse a un Dios –
según la religión que profese – con la expectativa que sea escuchado y que todo
le salga bien (a la persona misma o algún familiar o amistad), ante una
situación de salud, laboral, inclusive con alguna situación judicial.
Un factor que puede permear o hacer dudar de su
presente-futuro, es cuando pueden haber “señales”, que nos conducen a representaciones
mentales donde pensamos en situaciones, lugares o cosas que no están presentes
sensorialmente en ese momento, con la opción que pueda materializarse, por
ejemplo, voy manejando – estacionado en un pare - y de pronto se cruza un ave
negra frente al parabrisa del auto. ¿Me preocupo?, tengo dudas, cuando se dice
que debió ser un gato (también negro) el que se cruce.
Verde del semáforo, continuo la marcha, gestiones
realizadas y todo bien, claro menos mal -al parecer - que fue un ave y no el
gato (ambos negros).
¿Seré supersticioso? Si bien la superstición es considerada
una creencia irracional, ajena a la fe religiosa y contraria a la razón, donde
se supone que ciertos objetos, acciones o circunstancias sin relación lógica
influyen de manera mágica en la vida de una persona, ya sea para atraer la
buena suerte o para alejar la mala, donde el cerebro tiende a conectar eventos
aleatorios y asociar causalidad donde no la hay (como es el caso del gato ¡atravesado!)
Que al igual que el gatito de marras, otras son las supersticiones
como pasar por debajo de una escalera, romper un espejo (donde te quedan 7 años
de vida), o el martes/viernes 13, como señal de mala suerte (“ni te cases, ni
te embarques”), que por cierto es utilizado mucho -en modo marketing - en los
estrenos de las películas de terror.
No queda dudas que la superstición resulta de una transmisión
cultural, que se hereda generacionalmente, estando muy arraigado en el folclore
de distintas sociedades… “… a mí, la abuelita me contó, que a su vez su mamá (la
bisabuela) le prohibía entrar al mar o la playa hasta tres horas después de
haber ingerido alimentos…, ni un minuto más ni un minuto menos”; “¿abue, pero
si faltan 10 minutos, para las tres horas?, “Nada jodido chiquillo, tres horas,
¡son tres horas!
Un hecho que me suele suceder-con cierta periodicidad- es que ya cuando los años “nos pasan la cuenta”, afectando la salud, para lo cual asistimos al médico, para ser atendidos científica y racionalmente…, donde surge un tratamiento lógico, consejos pro-salud de lo que se debe hacer y lo que no, de pronto “mágicamente”, leyendo tanto en la prensa escrita o digital, suelen aparecer artículos asociados a los problemas de salud específicamente para lo cual fui atendido clínicamente…algo así como que si no te cuidas…. Mmmmm.
¿Será una señal?, por si acaso voy a tocar madera,
cruzaré los dedos o buscaré en el jardín un trébol de cuatro hojas.
[1] Una cartomántica es
la forma femenina de referirse a una cartomántica/o, es decir, una persona que
practica la cartomancia. Es una práctica esotérica de adivinación e
interpretación que utiliza una baraja de cartas o naipes (como el tarot, la
baraja española o los oráculos); dicha profesión surge en Europa poco después
de la introducción de los naipes en el siglo XIV.


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