lunes, 23 de diciembre de 2019

Rostros


Posiblemente – dada las fiestas navideñas y fin de año – sea significativo el número de personas a nivel global que recurran a la toma de fotos, vídeos, los cuales suelen compartirse a través de las redes sociales. Para tener un noción en cuanto a número de celulares – recurso tecnológico que ha desplazado, cámaras, teléfonos convencionales, etc. – en el mundo se planea un estimado de 5.000 millones al finalizar 2017, equivalente a un 66% de la población mundial.

Situación que se incrementa de tener en cuenta las tarjetas SIM (acrónimo en inglés de Subscriber Identity Module, entiéndase módulo de identificación de abonado) que responde a una tarjeta inteligente desmontable, lo que ascendería a que 7.800 millones, el 103% de los habitantes del planeta “puedan” tomar fotos.

Fotos de familia, de amigos/as, de colectivos de trabajo, personales (llamadas autofoto, ​ autorretrato o selfi, también conocida con las voces inglesas selfie o selfy) que para algunos críticos lo consideran una enfermedad (“selfitis”) provocado por el deseo compulsivo obsesivo para tomar fotos de uno mismo y publicarlos en los medios sociales como una forma de compensar la falta de autoestima y para llenar un vacío en la intimidad, aunque en lo personal no me preocupa y que con el tiempo, la madurez dicha compulsión se reduce.

En esta ocasión me referiré a las autofotos o fotos de los colectivos de trabajo, donde no necesariamente existen las mismas relaciones que en una familia funcional, en el cual existen diferentes áreas – todo dependerá del tamaño del colectivo – y que no suelen ser ocasionales estos “recuerdos gráficos”, es posible que se vean en el comedor, en el parqueo, en búsqueda del bus o ruta en la parada próxima al centro de trabajo, en fin poca cohesión donde tal vez la institución o entidad es la propia responsable de no haber logrado formar ese colectivo, empoderándola como parte de la misma.

Si usted analiza una de las fotos, sus rostros, cada uno ellos pudieran ser la imagen donde se describe su estado emocional (de ello se encarga la Morfopsicología), y fundamentalmente a partir de la sonrisa – donde alguien mencionó previamente: “miren el pajarito, whisky” – de la cual si bien se han llegado a distinguir aproximadamente unos 18 tipos de sonrisa, solo destacaremos seis.

La cómplice: sonrisa en la que no siempre se muestran los dientes pero en la que se percibe una mirada diferente; La de bienvenida: sonrisa amplia, sincera y educada; La seductora: acompañada de una intensa mirada; La incómoda: apenas levanta la comisura de los labios, si logra alcanzar la sonrisa, ésta realmente se convierte en una mueca; La confiada: corresponde a las personas que ya han trabajado mucho su manera de sonreír, y su expresión facial siempre será la misma y la fotográfica: muestra con gratitud toda su dentadura, sonrisa que suele ser forzada y muy amplia (también llamada sonrisa cheese o sonrisa botox)

Para terminar me queda la foto del ausente, no importa su rostro, pero si en el caso que este fuese por casualidad el del director, gerente, que no tuvo la “gentileza” de retratarse con el colectivo, es posible que no sea una persona querida, luego lo mejor que hizo fue no salir en la foto.

¿Por cierto cuál es su tipo de sonrisa? ¿Tiene dudas? Recurra al espejo y verifíquelo o busque en las fotos compartidas, como quedó.

lunes, 16 de diciembre de 2019

¿Un nuevo matrimonio?



La decisión de aceptar a su pareja para toda una vida, a veces no resulta tan sencillo como pensamos, sobretodo cuando ya se ha estado casado, lo cual indiscutiblemente resulta una derrota de dos personas que apostaron alguna vez a no equivocarse y sin embargo la relación falló. 

Comúnmente cuando hay una separación – no tratando en este momento el factor hijos producto de la relación - para ambos, hombre y mujer, donde suelen crearse diferentes escenarios, donde todo dependerá del entorno en el momento de la separación.


Ella que trabaja, todo una profesional, por tanto no tendrá ninguna dependencia económica del ex – esposo, a lo anterior se suma si tiene su propio hogar, por tanto él a “la calle”. Que aunque parece sencillo, a veces no lo es, ya todo dependerá del tiempo, de las costumbres, de los hábitos establecidos en el periodo que haya durado la relación anterior. Él obviamente tendrá las mismas opciones, aunque a veces los “machos” suelen no aceptar “la derrota” y tratan de convertir la “nueva vida” en un bacanal. 

Pasa el tiempo, adultos al fin y al cabo, donde ambos tienen igual derecho a buscar una nueva pareja. Las estadísticas demuestran que el 75% de la gente divorciada, vuelve a casarse en el plazo de cinco años. La soledad, dice un refrán que es mala consejera. ¿Luego? Estar “listo o lista”, implica factores muy importantes. En primer lugar, es necesario estar seguro de que usted y su pareja se aman verdaderamente. Segundo, debe haberse tomado el tiempo necesario para tratar correctamente todas las cuestiones emocionales, sufridas antes y después del divorcio. 

Tercero, debe tener muy en claro la razón por la cual desea estar nuevamente en pareja. Cuarto, debe preguntarse si ya está preparado (en todo sentido) para trabajar y esforzarse por cuidar su nueva pareja.

Si su ex-pareja no le fue fiel, tanto emocional como físicamente, es muy posible que no pueda confiar en una nueva persona. De esta forma, se vive permanentemente condicionado por las experiencias previas. Por otra parte, existen los prejuicios sociales los que nos llevan a estar en pareja, sin estar enamorados. Es muy posible que, inducido por la sociedad, usted piense, "no soy feliz en soledad" o "hay algo mal en mí si no estoy en pareja". 

Esto es completamente erróneo: hay mucha gente feliz que vive sola, sobre todo en los tiempos que corren. La plenitud y la felicidad no pueden provenir únicamente de una pareja, y los lazos afectivos tienen éxito solo cuando quienes los integran, ya son felices y se sienten completos y satisfechos con sí mismos. 

Debo recordarle que la idea del cuento de hadas –en la que usted encuentra a su príncipe (o princesa) soñados, con los que vivirá feliz por siempre-, es solo eso: un cuento. Siempre existirá competencia, desafíos, y desacuerdos ocasionales. Y por mucho que confíe en una persona para formar una pareja exitosa, usted deberá examinar fría y racionalmente si está o no preparado para realizar el compromiso y esfuerzo que conlleva dicha relación. ¿Cumple usted los cuatro puntos para una nueva pareja? ¿Sí?, ¿No? ¡Piénselo mejor! 

lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Gustos, personalidades diferentes?


A pesar de que estamos cansados de escuchar que el aspecto físico no es lo verdaderamente importante mientras que la personalidad sí lo es, los estudios demuestran que nos gusta mirar a las personas atractivas por simple placer estético, siendo mejores atendidas, mejor consideradas como personas (su belleza exterior se extiende a su interior: simpatía, competencia, bondad...), y se cree que tienen posibilidades de un futuro mejor y de ser más felices que las no atractivas.

Este comportamiento generalizado se observa desde la infancia, donde los niños guapos tienen más probabilidades de ser elegidos como amigos y menos de ser culpados por los profesores de mal comportamiento, por lo que posteriormente van a desarrollar una mayor confianza en sí mismos y una mayor autoestima.

También las personas consideradas por la mayoría atractivas va a influir en que les sea más fácil el relacionarse con otras personas y sean menos reservados a la hora de hacer amigos o parejas. Tienen más posibilidades puesto que saben que gustan mientras que sus amigos o parejas se van a sentir más valorados al ser "elegidos" entre una amplia oferta.  Existen una gran cantidad de características comunes entre las personas que establecen una relación íntima. La raza, la edad, la inteligencia, el nivel socio económico y educativo, la religión, los valores..., son características que solemos compartir con nuestras amistades y pareja.

Las personas solemos querer proseguir una relación con aquellas en las que encontramos similitudes, sobre todo en la personalidad. La teoría de que las complementariedades se atraen no está justificada, aunque sí puede pasar que en una pareja ambos miembros se vayan volviendo complementarios o desarrollen y se intercambien diferentes papeles según la ocasión (por ejemplo, ser un buen oyente cuando el otro necesita hablar).

La razón de que nos gusten las personas que comparten cosas con nosotros es la de que nos apoyan en nuestras convicciones. Pensamos que si el resto está de acuerdo con nosotros, nosotros debemos de estar en lo cierto. Esto nos agrada y hace que nos gusten esas personas que nos hacen sentir a gusto con nosotros mismos, también aquellas de las que recibimos halagos.

¿Y en el caso de las personas que no son semejantes en su actuar, en sus gustos? Simplemente habrá que ceder uno y otro. ¿No le gustan las películas de amor a usted y a ella sí? Llévela al cine, y aunque le trinen los dientes, tómele la mano y recuerdo años mozos. 

Posiblemente esa noche no duerma en el piso. Otro ejemplo crucial de discusión lo es el control remoto del televisor, que tenerlo a veces constituye un mal llamado poder.

¿Entonces? Hay dos opciones: O lo presta a su compañero (a) y usted se queda ahí, a su lado mostrando una real comprensión de estar junto con su pareja, no por lo que aprecia, sino por la posibilidad misma de compartir un agotador día de trabajo, junto a su ser querido o tal vez una opción más cara: comprar otro televisor, pero que a la larga (y a veces corta) usted perderá su propio espacio en lo referente a su puntos comunes de unión o intereses, con la persona a la cual ama o comparte, como parte de su vida. 

Recuerde que la felicidad responde a pequeñas acciones o manifestaciones a alcanzar. 




lunes, 2 de diciembre de 2019

¿Dialogar o discutir?


La interrogante del artículo de hoy nos conlleva no solo al significado de una palabra u otra, sino también a comunicarnos de forma satisfactoria, aunque no necesariamente se llegue a un voto “unánime” y sí al menos a un consenso. ¿Dialogar - Dialogo? 1. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. 2. Discusión o trato en busca de conformidad o unión. 


¿Discutir – Discusión? Contender y alegar razones contra el parecer de alguien. De darle una nueva lectura a las dos definiciones antes expuestas apreciamos términos como “… en busca de conformidad o unión” y por otra parte “…razones contra el parecer de alguien” que por lo visto nos da una señal de belicosidad, de agresividad, este segundo término.

¿Cómo solucionar lo anterior, qué “antibiótico” tomar? Una posible solución es recurrir a la empatía, o capacidad de situarnos en la piel del otro, y la asertividad, mediante la cual conseguimos trasmitir claramente nuestras opiniones, incluso las menos aceptadas por los demás, sin que hieran a nadie ni supongan agravio ni menoscabo para nuestros interlocutores.

¿Cuántas veces llegamos a casa y sin que nadie de la familia haya tenido culpa alguna, nos auto maldecimos y maldecimos por alguna que otra contradicción banal, insustancial en el trabajo? ¿Motivos que nos llevaron al exabrupto? Estrés del mismo trabajo, la personalidad difícil del interlocutor, los problemas con los niños o con el o la cónyuge, o por cualquier otra razón,

¿Solución? Podemos decir lo que pensamos educada y equilibradamente, sin agredir a nadie ni molestar. Y todo ello, naturalmente, sin ceder en lo que consideramos fundamental  y evitar, así, que las (a veces inevitables) discusiones nos lleven a donde no queremos. Una primera constatación útil es que resulta muy difícil convencer a los demás.

Y la segunda, que en la mayoría de las ocasiones no es tan importante conseguirlo. Lo que sí reviste trascendencia es que podamos expresar y defender nuestras ideas y posiciones ante lo que se discute. Que se nos atienda y se nos entienda. 

En ocasiones, merece la pena discutir, porque estamos seguro, convencido que nuestra razón debe ser oída y contrastada y que perfectamente puede tener un impacto positivo acorde al tema tratado.

Es muy humano, la necesidad de mostrarnos y de hacer saber a los demás el lugar que ocupamos en el mundo. Porque tan sólo quien se expresa existe de verdad y (de vez en cuando, al menos) habremos de corroborar nuestra propia existencia. 

Partamos de una premisa básica, que guiará nuestra interacción con los demás: el hecho de que tengamos nuestra razón no equivale a que tengamos la razón. Ejercer la libertad de expresión nos debe conducir a respetar que la persona a quien hablamos tiene derecho a emitir sus opiniones, a defenderlas y a que sean escuchadas.

El hecho de vivir en sociedad, siendo la comunicación una de las funciones que nos convierte en personas, por lo que expresarnos con libertad y convicción, aunque genere alguna que otra discusión, da fe de que vivimos, de que pensamos, de que sentimos, de que somos diferentes.

Y, quizá lo más importante, exponer abiertamente nuestras ideas transmite al exterior la siempre feliz noticia de que nos interesa lo que piensan y sienten los demás.

lunes, 25 de noviembre de 2019

¿Por qué tantas asignaturas desaprobadas? (2da parte y final)

¿Cómo remediar tantas asignaturas desaprobadas? En la edición anterior hicimos referencia a que un elemento importante es que los padres y madres escuchen a sus hijos, no siendo este el único elemento que puede proporcionar un giro de 180 grados. ¿A cuáles otros podemos recurrir los padres y madres? La verdad es que encontrar estas causas no es fácil y menos hacerlo los padres solos. El problema del éxito escolar es complejo ya que es un tema donde influyen mucho las relaciones humanas y éstas son una asignatura difícil. 
La ayuda de los maestros suele ser muy valiosa siempre que los padres y madres vayamos a ellos con una actitud adecuada. Los y las docentes no poseen una “varita mágica” que asegure el éxito de sus estudiantes. Pero sí tienen datos del rendimiento del muchacho y observaciones de su comportamiento en clase. Ellos dan su versión, que puede ser muy objetiva, aunque no totalmente, pero es muy importante. Después, los padres, hemos de hacer los deberes a que nos hemos comprometido.

Porque de nada sirve hacer muchas visitas a la escuela o instituto si, cuando salimos de la entrevista, no apoyamos al menos, las tareas en casa. Es como ir al médico y no tomar las medicinas. Ayudar a los hijos a hacer los deberes en casa, valorando el trabajo individual que nuestro hijo ha de hacer fuera de la escuela. Enséñale a anotar en una agenda – por qué no en el propio celular - las tareas con precisión, a organizar el tiempo en casa (hacer horarios con tiempos de estudio y de descanso), proponerse metas cortas...
Suele darse el caso también que como causa de los malos resultados, el estudiante no tenga las habilidades creadas o formadas para el estudio, el cual puede lograrse con la ayuda extraescolar de un profesional que, individualmente, le enseñe a estudiar y le proporcione los conocimientos necesarios para cubrir las "lagunas" que seguramente tiene. Con frecuencia, el fracaso de un alumno se debe exclusivamente, por ejemplo, a un problema concreto de lectura.
Otro elemento a favor, es darles responsabilidades a los hijos en casa desde que son pequeños. La experiencia escolar demuestra que los alumnos que colaboran en casa responsablemente - ponen la mesa, sacan la basura, hacen la cama, colaboran en la limpieza..., suelen tener más éxito en los estudios que aquellos que no hacen nada.
Un estudiante pocas veces admite que no es capaz de sacar adelante una asignatura. Su orgullo y su amor propio le impiden reconocer su falta de habilidad para el estudio o su falta de conocimientos previos necesarios (lo que se conoce como "lagunas") para seguir aprendiendo, por lo que prefiere dar la imagen de vago antes que reconocer otros problemas, ya sean emocionales o intelectuales.

Los padres y madres, que somos los adultos responsables que tiene a su lado el estudiante para ayudarle, debemos tener el temple suficiente – inclusive a veces sin la preparación académica necesaria, por lo que puede recurrir a algunas de las recomendaciones realizadas - para ofrecer a nuestros hijos, ayudas y alternativas racionales que le permitan desarrollarse como persona de forma satisfactoria.

lunes, 11 de noviembre de 2019

La autoestima y la seguridad en si mismo.


No hay nada como al despertar – tras una taza de café - o tras al regreso del trabajo o en un momento de descanso darle lectura a temas que nos haga reflexionar y posiblemente revisarnos a sí mismo o compartir con la familia, amigos, hijos, aspectos que nos permiten identificar los valores de nosotros, los seres humanos. ¿Comenzamos?

Todo niño o niña normal nace con el potencial necesario para alcanzar la salud mental, siendo indispensable para lograr este objetivo el poseer una autoestima elevada, que se fundamenta en la creencia del niño o niña de ser digno de amor y que importa por el hecho de existir, sintiendo que se valora y respeta su individualidad.

El niño o la niña poseen cualidades y recursos internos suficientes para gustarse a sí mismo. Desde que nace aprende a verse como considera que le ven las personas que le rodean. Su imagen la construye en función del lenguaje verbal y corporal, de las actitudes y los juicios que sobre él emiten las personas que considera importantes.

¿Alta o baja autoestima? Evidentemente las cualidades de una u otra deberán ser antagónicas: La autoestima alta surge de las experiencias positivas, produce en los niños y niñas seguridad, propia aceptación y la confianza suficiente para poder realizarse en todas las áreas de la vida, Las expectativas sobre sí mismos serán apropiadas, alcanzando en el futuro la estabilidad emocional; por el contrario la autoestima baja da lugar a la inseguridad, una escasa resistencia a la frustración, un bajo sentido de quien es y provoca ansiedad. El niño o la niña se sienten inepto y carece de motivación para relacionarse de forma positiva o comenzar nuevos aprendizajes. Suele ser una de las principales causas de las conductas desadaptadas en la infancia ya que cuando el niño o la niña tienen un concepto negativo de sí mismo, cree ser "malo" y adecua sus comportamientos a este juicio.
¿Qué hacer nosotros los padres y madres en este sentido? El y ella deberán considerarse aceptado y amado incondicionalmente. No basta con que le demos todo nuestro amor, debemos asegurarnos que él lo siente y experimenta. 

Tendrá que percibir que se respeta y acepta su individualidad. Aceptar al niño o la niña significa sobre todo no confundiendo el valor de su existencia con el de su comportamiento, tendrá que sentirse valioso, útil y capaz, vinculado a los grupos que pertenece (familia, clase, etc.) y recibir de éstos seguridad y confianza; interiorizando formas de conducta positivas; debe desarrollar seguridad interior para afrontar con éxito las dificultades que se le presenten.

Para ello se le pedirá que concluya las tareas que comience, se le asignarán responsabilidades en función de su edad y capacidad, no se hará nunca por el niño o la niña aquello que sea capaz de hacer solo, se le ayudará a aceptar las consecuencias de sus acciones y a medir sus posibilidades antes de comenzar una actividad; otra forma de lograr elevar su autoestima, será a través de su confirmación como individuo donde cada niño o niña es único e irrepetible y necesita sentirse distinto a los demás. Finalmente, deberá adquirir pautas de conducta y una escala de valores personales que le sirvan de referencia para que su forma de pensar y actuar adquiera coherencia, para que aprenda a distinguir el bien del mal. Padres, madres y posteriormente educadores, las personas cuya estima y aprobación buscarán con más esfuerzo, ya que posiblemente serán los modelos que intente imitar. 

¿Ha valorado usted, si sus hijos son de alta o baja estima?

lunes, 4 de noviembre de 2019

¡Disciplinar!


Enseñar a un niño a comportarse de una manera aceptable es una parte esencial de su crianza. La disciplina varía con la edad y no hay una única manera de criar a los niños. Generalmente, los niños quieren complacer a sus padres. Los padres pueden integran este deseo de complacer a las actividades disciplinarias que les propongan a sus hijos. 
Cuando los padres demuestran su alegría y aprobación por algún comportamiento que les gusta, están reforzando el buen comportamiento de su hijo. El padre o madre no puede ser tan estricto que el niño o el adolescente no sientan el amor y la buena intención de estos, pero también el padre o madre deben tener control sobre sí mismos cuando están molestos o incómodos. Por ejemplo, si bien un grito de ¡no! puede atraer la atención de un niño pequeño que está a punto de cruzar la calle, también puede conseguir intranquilizar a un bebé que está llorando.
Cada familia espera un comportamiento diferente de sus hijos. A un niño se le puede permitir ir y venir cuando quiera, mientras que a otro se imponen unos horarios fijos para volver a casa cada día. Cuando los padres y los niños no están de acuerdo en estas reglas, deben tener un intercambio de ideas que les permita conocerse mejor. Sin embargo, los padres son los responsables de establecer las reglas y los valores de la familia.
Es más fácil evitar que un comportamiento indeseable empiece, que ponerle fin después. Es mejor colocar los objetos frágiles o valiosos fuera del alcance de los niños pequeños que castigarlos por romperlos. Los padres deben estimular la curiosidad dirigiéndola hacia actividades tales como hacer rompecabezas, aprender a pintar o leer.
Cambiar el comportamiento del niño puede ayudarle a obtener un mejor dominio de sí mismo, cosa que necesitará para ser más responsable y considerado con otras personas. Es por ello que los niños pequeños necesitan que sus padres les guíen y apoyen para comenzar el proceso de aprender a controlarse. Cuando los padres guían el proceso, el auto-control aumenta durante los años escolares. Los adolescentes pueden todavía experimentar y rebelarse, pero la mayor parte de ellos pasa por este período y llega a ser un adulto responsable, especialmente si desde temprana edad han experimentado un buen entrenamiento.
Está comprobado que las familias transmiten sus métodos de disciplina y sus expectativas a los niños de generación en generación. Cuando los intentos por disciplinar a un niño no tienen éxito, puede ser beneficioso consultar con alguien externo a la familia para que ofrezca sugerencias sobre la educación de nuestros hijos e hijas. 
¿Quién puede apoyarnos externamente? Los profesores, maestros los cuales nos pueden proporcionar elementos básicos de los problemas que debemos nosotros los padres y madres atender. ¿Por qué? 
Son las personas que conviven diariamente con nuestros hijos, no solo en el arte de brindar información científica para que la apliquen, sino también poseen el don de educar y orientar de forma adecuada la conducta, necesidades y aspiraciones, que de lograrlo de forma articulada padre – madre – escuela  podrá mejorarse el camino para que los niños aprendan lo que la sociedad espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de sí mismos. 
Por cierto, ¿cómo disciplina usted a sus hijos/as?