lunes, 14 de junio de 2021
Hay que apurarse, sino…
lunes, 7 de junio de 2021
Un rol complejo, pero necesario.
Sin embargo, queremos centrar la reflexión en la frase ¡Hay
una cierta Química entre ellos!, donde lo más común es que suela relacionarse
con una posible relación entre dos personas (que por cierto no está muy lejos
de la Ciencia natural antes mencionada, cuando dos personas se enlazan entre
sí)
Queda claro que el ser humano es un ser social y gregario
que a lo largo de la historia ha construido vínculos con sus semejantes con el
fin de sobrevivir. La necesidad de contactar con otros y de relacionarnos nos
es algo innato, pero dichas interacciones no son siempre iguales: en ocasiones
podemos sentirnos más semejantes, identificados o compatibles con un grupo o
persona que con otros.
A veces nos encontramos con alguien con quien nos sentimos
vinculados profundamente, cuya presencia nos atrae y nos genera bienestar,
emoción y alegría. Y aunque en ocasiones puede resultar difícil de ver para
nosotros, existen una serie de elementos que nos pueden dar pistas de si dicha
química existe o no. ¿Cómo se nota la química entre un docente y su grupo de
clase? Veámoslo.
Se evidencian una serie de manifestaciones conductuales que
muestran la existencia de afinidad entre uno y otros, por ejemplo: un docente
tolerante, flexible, que escucha, que evidencia una serie de valores donde el
estudiante se ve reflejado, tenemos el caso de la puntualidad en llegar al
aula; en comenzar y finalizar la clase; en respetar los horarios de descanso, a
lo que sumo y no es excluyente de todo lo antes referido, el ser exigente.
Pero me falta algo – y que pudiera resultar para algunos,
“meter las narices” – es preocuparse por los problemas personales de los
estudiantes, porque los tienen, como también los tenemos nosotros y que
inclusive tuvimos en la enseñanza media, universitaria.
¿Manejar estos problemas?, no resultan de todos sencillos, más
cuando em tiempos actuales nos separa una pantalla por el medio y que si bien
pueden ser analizados problemas colectivos (de grupo), lo ideal es establecer
una conversación individual, plantear la preocupación, escuchar y proporcionar
un criterio, sobre todo si es posible basado en una anécdota personal, que
guarde relación con la situación del o la joven, porque en un momento también lo
fuimos y cometíamos errores.
Un factor en este caso a tener en cuenta (pudiera ser) para
el docente, su sinceridad, el actuar cotidiano intachable, el respeto ganado y
demostrado, que permita al estudiante contar gradualmente sus problemas, confiar
de modo tal que fluya una adecuada comunicación entre ambos, para intentar
comprender los pensamientos, opiniones y emociones. e imaginar lo que puede estar pasando por su
mente.
¿Atiende usted adecuadamente a sus estudiantes? Si lo hace,
no me queda duda que será recordado siempre por los mismos, con gratitud.
lunes, 31 de mayo de 2021
Afecto, simpatía y confianza.
Recuerdo que la misma, la “descubrí” casualmente, me agradó
por muchos factores, siendo algunos de ellos: la frescura, el chiste ligero o
algo blanco, eran los tiempos de pasarlos en un canal y grabarlos en un VHS,
nada de plataformas o Streaming.
¿Por qué logro “engancharme”? La misma me hacía salir de la
rutina de entre 12-14 horas diarias laborales (lo que hoy en día llaman
trabajar bajo presión) durante años, atender menos tiempo a la familia (error garrafal,
el no hacerlo), pero al menos me arrancaba o bien una sonrisa o hasta
carcajadas.
En la medida que el capítulo mencionado en el primer párrafo
transcurría (1.42 horas), a mi memoria recurrían recuerdos – diría que los
mejores – de diferentes etapas de mi vida: el preuniversitario o bachillerato
siendo becado, lo cual implicaba convivir un poco más cercano, más allá de
estar o no en el mismo grupo de clase. Nos veíamos el fin de semana para salir
a fiestear, al cine, a la playa (o mar); las primeras novias, en fin, diría que
una de las etapas más bonitas de la vida (estudiante-juventud)
Llegó la vida laboral y a lo largo de los diferentes
colectivos de compañeros(as) en la universidad de donde alcancé mi título de licenciatura
y en la cual pude trabajar por años, unos más cercanos en cuanto a amistad que aún
perduran a pesar de las distancias, otros que dejaron de hacerlo por verse
superada la relación por otros factores, que no vienen al caso, pero los
recuerdo a pesar de que se equivocaron en su momento.
Cambio de país y nuevos colectivos - que a pesar de la
diferencia cultural-, fueron siendo consolidados mediante el afecto, simpatía y
confianza, lo cual implicaba respeto, colaboración, preocupación ante los
problemas personales, pero también en espacios donde era necesario el
reconocimiento al excelente trabajo individual y de equipo logrado.
No podían faltar las “reuniones periódicas” en algún restaurante,
para celebrar los cumples (era imprescindible, porque todo no puede ser el
trabajo), las efemérides, donde no podía faltar, aunque no quisiéramos siendo
tal vez innato, burlarnos de … (sin comentario); pero lo más importante
muchos(as) por el azar de la vida tomamos caminos diferentes, que nos separaron
presencialmente, pero no virtual.
Cuando voy al diccionario para identificar el significado de
amistad, este se define como: “Relación de afecto, simpatía y confianza que se
establece entre personas que no son familia”, pero en lo personal lo modificaría,
quedando del modo siguiente: ““Relación de afecto, simpatía y confianza que se
establece entre personas que son familia”, tachando la palabra no.
“El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el
fruto, el descanso y la confianza en ellos” FRANCISCO DE QUEVEDO.
lunes, 24 de mayo de 2021
¿Para qué auto engañarse?
Ello me recordaba, como estudiante dos momentos, la primera
¿7mo grado? Llevaba el “chivo” (entiéndase papelito con información necesaria,
pre elaborado) escondido en una media o calcetín, repartieron el examen, lo leí
y por inercia el mundo me cayó encima, ya que lo que preguntaban, nada tenía
que ver con la copia. Luego el “delito” no se llevó a cabo.
En una segunda ocasión siendo los exámenes orales, donde
tenías 30 minutos para prepararte previa escogencia de la boleta (donde debías
argumentar como desarrollar procedimientos didácticos y pedagógicos ante un
tema para una clase) y exponerlos, me sorprendió que una compañera de clase me
tocara el hombro y en un tono casi inaudible, me solicitaba cambiar su boleta
por la mía. Realmente no sabía qué hacer, cuando casualmente habíamos estudiado
juntos, la incertidumbre me embargaba y cometí el error de hacerlo.
Con la nueva boleta, la cual la sentí mucho más fácil, que
la cambiada, ¿los resultados? Mi compañera quedó aplazada, en mi caso no.
Posteriormente le pedí ¿el por qué? Justificaciones vanas.
Considero que la copia – la cual no justifico – se crea con
el rol del estudiante o mejor dicho del mal estudiante, los cuales no son todos
y en el caso particular de ser tu profesión docente has de ser un defensor
honesto y exigente ante este evento. La copia constituye un elemento común
sancionable en los reglamentos de conducta de los colegios e instituciones
educativas en todos los subniveles el cual ha de respaldar al docente en su
actuar ante estos hechos.
Si bien los profesores con mucha experiencia, fácilmente
detectan cuando hay deshonestidad por parte de un estudiante, desde copias tan
burdas, donde no cambian ni una coma (llamado copia y pega, procedente del
inglés copy and paste), hasta modificar un tanto, comas, puntos, datos
numéricos, pero que en fin son detectables.
El autoengaño, porque los estudiantes se engañan a sí mismo,
no solo viene a través de un correo, ya que el docente no evalúa al joven por
una tarea, lo hace además por la entrega en tiempo de los trabajos, la
pulcritud en los mismos, la creatividad y otros tomando una impresión integral
de la persona en sí. Ello le ayuda a emitir un juicio, de a quién tiene delante
o detrás de una pantalla.
¿Medidas a tomar para evitar el fraude en las clases remotas? Podrían ser varias – por supuesto lo da la experiencia, lo cual citaré algunas: 1. El docente establecer sus propias reglas o normativas para el desarrollo de las clases en línea (de no estar establecido por la institución, lo cual sería lo ideal), así como para la entrega de trabajos; 2. Un adecuado control del estudiantado; 3. Elaboración de diferentes baterías para exámenes escritos y en línea; 4. Control del tiempo de entrega; 5. Los exámenes deberán incorporar preguntas de selección múltiple (donde no se mida lo conceptual), preguntas que sean amplias y abiertas, así como el uso de diferentes metodologías como Aprendizaje basado en proyectos (ABP), estudio de casos…,etc.
Con ello no quiero decir que estas sean algunas de las medidas que puedan limitar el fraude; habrá mejores experiencias, pero la que sí no debe fallar es tratar de detectarla, analizarla con el transgresor y conversar al respecto lo cual no debe repetirse, y de ser posible sancionarlo. Una experiencia amarga, que debe conllevar a un aprendizaje necesario en la vida, sin importar el subnivel de educación, ni la edad.
lunes, 17 de mayo de 2021
¿Una ética en lo virtual?
Si retrocedo décadas donde estudie para ser docente por una
casualidad (no existiendo antecedentes en el árbol genealógico), tal vez por la
curiosidad de trabajar desde una edad temprana (19), como una “salida u opción justificada”,
ya que dos años antes había culminado el bachillerato, coincidiendo con la carencia
en el país de profesores.
Cursos emergentes, título y a mi primer trabajo (estudiantes
de enseñanza media, que en su mayoría tenían atraso escolar, entiéndase 20 a 25
años en tercer año, cuando lo adecuado eran entre ¿10 -14?, cuyo precedente no
eran los más ideales: embarazadas, - aún no existía la “certificación” de
madres solteras – varones recién salidos de prisión por delitos menores, etc.)
que me permitió conocer un mundo real (el lado oscuro de la sociedad) pero
además entender a los jóvenes y sus problemas.
Pasaron los años y con ello fui consolidando la ética, como
componente intrínseco del comportamiento de alguien que se sitúa frente a un
aula no solo para impartir contenidos, añadiendo a ello la transmisión de los
mejores valores, que surgieron desde el núcleo familiar, siendo “moldeado” con
premios, castigos, exigencia y otros.
No recuerdo que hayan existido reglamentos o normas de
comportamiento de un docente – si asignaturas de la carrera como sociología,
psicología en la carrera – de que se podía hacer o no, sin embargo, quedaba
claro que algunas acciones resultaban lógicas y que no podían permitirse: el
fraude ante la copia de exámenes, irrespetar y ser irrespetado.
Y me detengo en esto último a colación de más de un hecho
reciente compartida por mis excompañeros/as de trabajo, donde me relatan el
indebido comportamiento de estudiantes (no todos) cuando desarrollan sus clases
bajo la modalidad remota o virtual, donde unos se desconectan, otros bromean,
no prestando la atención necesaria y que genera bajos resultados académicos.
¿Cómo debe sentirse un(a) docente, cuándo esto sucede?,
¿acaso será la misma reacción cuando un padre de familia siente que su hijo(a)
le desobedece?
Es cierto que las clases no presenciales han provocado en
los estudiantes un sinnúmero de trastornos tales como: falta de apoyo del
docente y de sus compañeros de clase o grupo de estudio, generando frustración
ante la posible pérdida de la clase o asignatura, para lo cual no necesariamente
han sido capacitados para “entender” esta modalidad remota o virtual por la
institución, se da como un hecho que ya saben y no es cierto.
Existe acaso – analizado y discutido – un Manual sobre ética profesional en el cual se recopilen criterios de acción y conducta humana, que facilite la puesta en práctica en el quehacer de los docentes, ¿en base a las demandas de una sociedad que exige responsabilidad, credibilidad y compromiso de todos, actualizado para la educación en línea?
¿Fueron capacitados los profesores para desempeñarse como
docentes en línea, de modo tal que se garantizase un eficiente servicio al
estudiantado en cuanto a ayuda técnica y como apoyo de orientador pedagógico,
en fomentar la interacción y colaboración entre sus estudiantes?, ¿Se les
enseño a diseñar una carga lectiva y una evaluación adecuada, a mostrarse y ser
flexible, accesible y ser empático?
Considero que es necesario reflexionar ante tantas
interrogantes, porque la tecnología llegó para quedarse, amén de la pandemia o
no.
lunes, 10 de mayo de 2021
¿Qué hacer, estamos a tiempo?
No hace mucho casualmente me encontré a “alguien” cuyo
rostro me resultaba familiar, pero que tras la mascarilla dificultaba ser
identificada con más acierto; en la medida que me hacia recordar, nombres o
apellidos de los integrantes de la clase, donde me resultaba imposible traerlos
a colación, no respondía, ya que no quería mentir el no acordarme, pero cuando
mencionaba escuela o instituto un poco que el “cerco se hacía más estrecho”, en
qué año aproximadamente, etc. Otros fueron los elogios, pero apareció la
pregunta clave: ¿y donde imparte clases? No, ya me jubilé, le respondí, siendo
su respuesta: ¡Qué lástima!, con usted se aprendía no solamente de la
asignatura, sino además de su exigencia, los consejos, etc. y continuó “… a mi me hubiese gustado que, a mis hijos y nietos, hubieran
tenido a un profesor como usted”, ¡Hoy no abundan!
Le respondí, que le agradecía, pero que si seguía recordándome
“tiempos mozos” se me iban a aguar los ojos. Posiblemente no pudo apreciar mi
sonrisa “amurallada” por capas de tela para evitar algún posible contagio y me
retiré. Ya a casa pensaba, “por lo visto hice un buen trabajo”
Esa noche me costó dormir; en la cabeza me rondaba aquella
oración “…me hubiese gustado que a mis hijos y nietos…”, y reflexionaba: ¿por
qué no poder continuar dando clases a estudiantes universitarios, a docentes –
mediante capacitaciones -?, ¿o es que acaso la jubilación responde a la “crónica
de una muerte anunciada”?
¿No visualizan las instituciones el potencial de tantas
personas – y me excluyo, por educación – valiosas, expertas, profesionales, que
por los años de experiencia resultaría un prestigio tener a los mismos
presencial o virtualmente ante estudiantes de (pregrado o posgrado)?
Hay instituciones que invitan a estas personas a impartir
conferencias magistrales, a clases regulares – bajo la condición de servicios
profesionales -, asesorar, ¿pero y en los tiempos actuales, de confinamiento
donde el riesgo es mayor para estas personas adultas, en cuanto a contagio? La
respuesta es sencilla: ¡El momento ideal, para que ellos trabajen desde la
casa!
¡Es un beneficio mutuo! “transmitir conocimientos, valores,
vía internet con docentes de LUJO” y para el docente, continuar en lo que
simplemente ama: educar”; Tal vez los tomadores de decisiones, no coincidan con
lo antes expresado, que por supuesto respeto, pero no comparto.
A raíz del COVID, hay ¿personas? que han considerado
nefastamente, un momento oportuno, para deshacerse de las personas mayores –
estableciendo un paralelismo, tal vez no el mejor –, pero por favor,
reflexionen, (a los que les corresponde) y ¡rescaten a la experiencia, hecha
docentes!
lunes, 3 de mayo de 2021
Calidad versus pandemia. Parte II y final.
Y concluimos haciendo alusión a que el rol del docente, debe
cambiar. Comenzamos.
Hablar de rol ¿su definición? “Función que una persona
desempeña en un lugar o en una situación”, que, en el caso del docente, es el
aula, el laboratorio, donde el estudiante realiza su práctica, pero también
desde su casa (en tiempos actuales, donde en el mejor de los casos desde la propia
escuela la cual ha creado las condiciones para que el docente desde allí se
comunique con sus estudiantes, pero desfavorablemente no es la mayoría)
En tiempos no de pandemia, ya lo conocemos todos como es el
ACTUAR, y cuando menciono la palabra en mayúscula, no es clase donde solo el
docente habla, expone y el chico anota y finalmente recibe las orientaciones de
la tarea. NO.
No queda duda que las TIC (vinculadas a la Educación),
llegaron mucho antes de la pandemia (1990) y que si bien los estudiantes “nos
ganaron a los docentes” en el uso de las mismas (aunque no todos cuentan y
contamos con los recursos idóneos), el “Talón de Aquiles” o reto era
redireccionar los recursos tecnológicos para el uso de la escuela, porque su
uso inicial era (jugar, jugar y comunicarse (o mal comunicarse)
Llegó el COVID y aceleró todo, reitero, ¡todo!; pandemia que
se irá algún día, pero en el caso de las TIC, no. De aquí que cambie el rol del
docente. No es posible obviar que si la Real Academia Española (RAE) se vio obligada
a aceptar nombres tecnológicos como Webinar, chatear, etc.; los docentes
tendrán que hablar “el mismo idioma”
Comunicarnos MÁS; compartir material de apoyo (videos,
imágenes, gráficos, infografías, podcast, juegos, otros); aclaración de dudas;
evaluar, etc.
Aunque diría que lo vital – aunque no le resto ninguna
importancia a lo antes escrito – es el acompañamiento al estudiantado,
entiéndase darle sistematicidad al desempeño del estudiante, su avance, su
comprensión, el logro de los objetivos o competencias (amen del enfoque que haya
asumido la institución) gradualmente; conducir al que se va quedando detrás,
apoyándose en los que van mejor, para que ayuden o colaboren con el grupo en
desventajas.
Antes de concluir, si bien definimos rol anteriormente, les
comento que dicha palabra proviene del inglés role, que significa “papel de un
actor”, y este a su vez viene del francés rôle. Luego estimado
docente/profesor(a), ¡la función va a comenzar! Y sus estudiantes como público,
los esperan con avidez de aprender (a aplicar) y en cada acto – clase, si su
ACTUAR es de calidad, los aplausos se multiplicarán con mucho eco a través de
las redes sociales.













