lunes, 23 de marzo de 2026

Estropicio


En la vida solemos encontrarnos con palabras cuya procedencia son las que emiten nuestros padres usando vocales y consonantes desde el gugú, dadada… como respuestas a los bebes recién nacidos que balbucean - ¿Qué pensaran en ese momento los pequeñines?, ¿por que me responde así?, ¿será tonto?, peor aún cuando sorpresivamente se escucha un pappppáaa, el padre “derretido”, la madre sonriente, y el bebé asoma una sonrisa inigualable catalogada como la primera sonrisa social.

Se irá fortaleciendo el bagaje cultural - conjunto de conocimientos, experiencias, habilidades, actitudes y valores que una persona adquiere de su entorno y cultura de origen - de niños y niñas en la medida que transita por los diferentes subniveles de educación, donde se mezclan el lenguaje cotidiano y el llamado académico.

El primero (cotidiano) suele ser menos denso, requiriendo una menor demanda cognitiva de comprensión sobre todo en la infancia, el segundo (académico) su código es más restrictivo y elaborado, que en la medida que avanza – de grado a grado, el lenguaje escrito de los textos escolares incrementa su nivel de densidad, complejidad y abstracción, especialmente el de aquellos de naturaleza informativa.

Vocabulario que se hace cada vez más complejo y con una estructura sintáctica y semántica singular, siendo necesario para su asimilación por parte del alumnado, tener múltiples encuentros con las palabras de este lenguaje nuevo para, gradualmente, comprenderlas e ir desarrollando la habilidad de inferir dentro del contexto semántico del texto el significado de las que desconoce.

Gradualmente esas palabras “raras”, procedentes del lenguaje académico nuevo, podrán pasar al plano de “amigable” en la medida que conozcamos su significado y más cuando se vinculan o relacionan con imágenes, que podrán ser reforzadas con actividades lúdicas, e inclusive con ejercicios asincrónicos para que padres, madres y tutores con el empleo de recursos digitales puedan reforzar posteriormente en el hogar.

En lo personal como académico, docente, muchas de las palabras aprendidas vinieron consolidándose desde mi paso por el nivel básico o secundaria, y posteriormente con el estudio de la carrera (átomos, moléculas, ácido desoxirribonucleico (ADN), etc.) lo que me hacían un experto al menos en el vocabulario técnico.

Ya dedicarme a escribir artículos siempre en el campo de la Educación, a lo que sumo textos electrónicos (e-book) en el campo de valores, con anécdotas personales, que, por supuesto ha implicado estudiar, investigar en aras de una mejor ortografía (abuso de los que, entre otros), encontrar palabras nuevas – raras, que cuando somos adultos el insumo procede más del vocabulario cotidiano.

Y aquí justamente es el momento que “entre” la palabra del nombre de este artículo: Estropicio (¿?,¿?,¿? ...), recurro a mi amigo el diccionario y encuentro «Destrozo, rotura estrepitosa, por lo común impremeditada, de cosas por lo general frágiles»; «Trastorno ruidoso de escasas consecuencias»; «Desorden no premeditado y estrepitoso».

La palabra la escuché en un programa de televisión, serial, con la presencia de una familia disfuncional, donde se reflejaban los problemas sociales, la combinación de valores y antivalores, etc.

Palabra que podrá ponerse de “moda” o no, que pueda tener su impacto en la sociedad como nueva al ser poco conocida, utilizados por uno u otros sin utilizarla como recurso de “distinción social”, pero por lo visto los bebes desde pequeño cuando necesitan ser lactados y no se satisfacen forman su propio estropicio.

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