lunes, 25 de enero de 2021

La evolución de la tarea ante la educación virtual.

Mencionar la palabra tarea para un estudiante constituye un elemento común, sabido y mencionaría que hasta cultural: (Profesor:) “… jóvenes y como tarea de hoy tendremos…”; (estudiantes:) “¿Para la próxima clase, profesor…?”

Reforzado por – al llegar a la casa – (mamá:) “Hijo, ¿Qué te dejaron de tarea?”; el padre más tarde, (padre:) “…hijo, ¿ya hiciste la tarea?”

Vocablo que ha transcurrido con el tiempo, prácticamente inamovible, de generación en generación, acción que facilita acepciones genéricas como: 1. Lo que orienta el profesor al terminar la clase; 2. Lo que los padres exigen al estudiante que realice al llegar de la escuela.       

No obstante analicemos una definición más clara de esta palabra, tarea: 1. Labor o trabajo que realiza alguien (como son las propias del hogar, las cuales debieran ser atendidas por todos los miembros de la familia) y 2. Trabajo que debe hacerse en tiempo limitado.

Sencillamente el profesor dicta o presenta la tarea (diapositiva, escribe en la pizarra o señala páginas del libro y el o los números de los ejercicios a realizar); hasta aquí hecho que se ejecuta o lleva a cabo con la Educación presencial (o convencional) donde se requiere y exige la presencia obligatoria del alumno en el aula, donde el aprendizaje es dirigido mediante un profesor, quien en su función más tradicional es explicar, aclarar y comunicar ideas y experiencias.

Pero, ¿y ante la Educación remota o virtual? Al no ser presencial cara a cara, cambian las herramientas en que se apoya el docente, pasando a la modalidad asincrónica, entiéndase comunicación que se establece entre personas de manera diferida en el tiempo, es decir, cuando no existe coincidencia temporal o no hay intervención de las dos partes, en nuestro caso estudiante y profesor, que no están unos frentes a otro como puede ser un aula, laboratorio, sino distantes entre sí: cada cual en su casa en el mejor de los casos.

¿Cómo hacerle llegar la tarea, entonces? En la educación remota o virtual, para lo cual una condición vital es contar con recursos tecnológicos como son la conexión vía internet, computadora de escritorio, laptop u ordenador, así como celular, de modo tal que el estudiante reciba la tarea, a través de: correo electrónico (e-mail), foros (donde se discuten los contenidos de un tema específico), Wiki(s) [1] alude al nombre que recibe una comunidad virtual, cuyas páginas son editadas directamente desde el navegador, donde los mismos usuarios crean, modifican, corrigen o eliminan contenidos que, habitualmente, comparte. Por ejemplo: Wikipedia, un proyecto donde se desarrolla una enciclopedia libre en Internet.

Otras vías resultan los blog (sitio web que recopila cronológicamente textos, artículos[2] cortos con contenido actualizado y novedoso sobre temas específicos o libres, e impresiones de uno o varios usuarios sobre una temática común.)

Indiscutiblemente que para su aplicación de cualquiera de las vías antes mencionadas, tanto el docente como el estudiante deberán poseer conocimientos – competencias digitales – habilidades, necesarias para una adecuada comunicación y cumplimento exitoso de la tarea.

A lo anterior se sumará una correcta planificación, orden y no uso excesivo de una u otra esencialmente por parte del docente. Como hemos mencionado anteriormente y en más de un ocasión, las exigencias para las y los profesores ante la Educación remota o virtual es enorme, de aquí la necesidad que las instituciones capaciten formalmente al profesorado.



[1] El término wiki​ (palabra que proviene del hawaiano wiki, «rápido»)​

[2] Estos artículos se conocen en inglés como "post" o publicaciones en español

lunes, 18 de enero de 2021

Una nueva “cepa” de Evaluación ante el Covid (o no) Parte II y final

En el artículo anterior analizábamos cambios posibles de como evaluar en línea o de forma remota, donde sugeríamos darle más peso a la evaluación formativa y menos la sumativa, estableciendo para ello como una primera estrategia de hacer uso de exámenes “finales”, ser éstos enviados por email o LMS en forma individual estableciendo un plazo de tiempo cerrado para su entrega, teniendo en cuenta que no se pueden usar las mismas preguntas para una prueba presencial que para una virtual, no puede ser puramente memorística, tampoco pueden ser del tipo test, sino preguntas que requieran reflexionar, teniendo en cuenta además establecer un sistema para resolver las dudas que surjan a los estudiantes durante la prueba, por ejemplo: Un foro de consulta o un chat. 

Otras opciones, que llamamos “cepas”(1)  para la evaluación en línea serían: la sustitución del examen final por una videoconferencia profesor/alumno; recurrir a la autentificación basada en reconocimiento facial. Profundicemos en ellas. 

Pruebas basadas en una videoconferencia profesor-alumno: en esta ocasión será necesario optar por preguntas que nos permitan validar o verificar que el estudiante ha seguido el curso, eligiendo para ello también alguna pregunta que permita sintetizar los contenidos que se han estudiado, evitando siempre las preguntas memorísticas.

El tiempo ha de ser breve – siendo individual -, ya que no es un examen en línea, sino una validación de los conocimientos y habilidades del estudiante.

En el caso de realizar Pruebas con reconocimiento facial: Deben valorarse muy bien las diferentes opciones tecnológicas para escoger la mejor herramienta, siendo importante para ello brindar al estudiante previamente cómo funciona, qué datos se recogen, cuáles se procesan, cuáles se utilizan…; Es vital en todos estos casos con el uso de la tecnología, establecer un plan B por si surgen problemas con la tecnología o de cualquier otro tipo, recordando que no todos los estudiantes tienen acceso a recursos tecnológicos, así como conexiones “rápidas”.

De todo lo anterior no puedo deslindar el comportamiento del estudiante en cuanto a conectarse en línea debidamente, participar, la entrega de trabajos bajo la modalidad asincrónica conlleva a una alta responsabilidad, que debieran normarse, reglamentarse al menos en los primeros años de la universidad, así como el empleo de competencias digitales y blandas, las cuales deberán primeramente definirlas, darlas a conocer para posteriormente ser evaluadas.

Hube de trabajar en instituciones públicas y privadas, donde en las primeras la asistencia era voluntaria, no así en las privadas siendo obligatorias y normadas con determinados porcentajes donde perder la asignatura. No queda duda que la exigencia favorece la formación en valores del estudiantado.

Finalmente dejo claro que no existe una sola fórmula única, de aquí la necesidad que cada institución debe adaptar las ideas y propuestas a su modelo educativo, analizando cuáles son las actividades de aprendizaje, que mejor se adaptan a las asignaturas y a aquello que queremos que aprendan, similar en el caso de las herramientas tecnológicas. 

Es importante que no se deje atrás el proceso de aprendizaje con esta reflexión sobre la evaluación en línea. Les recuerdo que no se enseña para evaluar, sino para que nuestros discípulos aprendan a aplicar.

[1] Tomamos como alusión la palabra cepa, como mutación o cambio que pueden producirse en los virus como es el caso del COVID.


lunes, 11 de enero de 2021

Una nueva “cepa” de Evaluación ante el Covid (o no) Parte I

No cabe la duda que la pandemia ha cambiado prácticamente todo en nuestras sociedades, es un hecho real, tangible, pero si trato de particularizar dirigiendome específicamente a la Evaluación del estudiantado por parte de los docentes, el “sismo o terremoto” supera el valor de 7 en la escala Richter.

De caras presenciales o caras tras pantallas que oscilan desde 15.6 a 7 pulgadas, con la opción de ocultar pantalla y en el mejor de los casos ocultar micrófono; de la necesidad de sumar nuevas estrategias de enseñanza-aprendizaje ante (no necesariamente) la carencia de la disciplina que se requiere para recibir las clases. Les recuerdo que los celulares, su objetivo inicial fue el de comunicarse para conversar o dialogar inalámbricamente (1) , dar o recibir clases por esta vía resultaba un sueño impensable. 

Antes de valorar posibles recomendaciones que conduzcan a reflexiones, debo abordar ciertas definiciones, como son: Evaluación de los aprendizajes y tipos de evaluación. 

La Evaluación de los aprendizajes, considerado como un proceso sistemático de reflexión sobre la propia práctica, deberá sustentarse en el análisis de las características y logros de los estudiantes, en la atención a los ritmos de aprendizaje y fundamentalmente en el objeto concreto de la evaluación misma: el aprendizaje construido por los estudiantes.  Evaluación que debe ser contextualizada, cualitativa, cuantitativa, democrática, permanente y formativa, creativa y constructiva. 

En cuanto a tipos de Evaluación, tenemos tres tipos: Diagnóstica, formativa y sumativa, donde profundizaré en las dos últimas.  

La formativa, persigue un fin educativo, y se orienta hacia la mejora permanente del estudiante, a través de pruebas sistemáticas, donde el docente debe proporcionar por escrito – vía remota, lo cual incorporamos - sugerencias y/o orientaciones necesarias para superar sus desaciertos, con miras a mejorar la calidad de sus aprendizajes. Función: detectar errores, confusiones, dificultades, etc.

Mientras que la Sumativa, siendo la más tradicional utilizada por los profesores (donde suelen aplicarse en las evaluaciones parciales y finales en las que el estudiante alcanza la calificación de aprobado o reprobado), la cual resulta en muchos casos meramente reproductiva del conocimiento, NO promoviendo el desarrollo de competencias establecidas en los estudiantes. 

Definiciones que me conducen en sopesar, la viabilidad de una sobre otra, dándole mayor importancia a la ponderación en el caso de la formativa y la reducción significativa o total de pruebas finales o parciales (o largas, por su duración, que pueden comprender una o dos horas clases) por pruebas cortas (10, 15 minutos) y sistemáticas, lo que implica mayor frecuencia de evaluaciones, entiéndase un proceso de evaluación continua.

Otras alternativas en cuanto a estrategias podrían ser: De realizar algún examen final, considerarlo como una actividad más y no final que determine la promoción o no del estudiante; en el caso de realizar pruebas finales en línea o en modo remoto, pudieran emplearse las siguientes variantes. 

1. Ser enviadas por email o LMS en forma individual estableciendo un plazo de tiempo cerrado para su entrega, teniendo en cuenta que no se pueden usar las mismas preguntas para una prueba presencial que para una virtual, no puede ser puramente memorística, tampoco del tipo test, sino preguntas que requieran reflexionar.

Lo anterior acompañado por un sistema para resolver las dudas que surjan a los estudiantes durante la prueba, por ejemplo: Un foro de consulta o un chat. 

Otras “cepas” para la evaluación en línea serían: la sustitución del examen final por una videoconferencia profesor/alumno; recurrir a la autentificación basada en reconocimiento facial. 

Detalles que, por problemas de espacio, analizaremos en la próxima edición, luego …continuaremos

[1] La compañía Motorola en la década de los 80, generó el primer modelo de teléfono celular comercial, el DynaTac 8000X. Este tenía un peso de 870 gr. Y un costo de $3,995.00 dólares americanos

lunes, 4 de enero de 2021

La experiencia que nos deja…

Muchos han sido los cambios – diría que necesario – a raíz de la pandemia, donde prácticamente no hubo instituciones estatales y privadas que no se vieran afectadas, tales como: salud, economía, turismo, educación, transporte, entre otros.

En lo social, desempleo, para los que continuaron empleados: reducción del salario, así como de la jornada laboral, pasar a la modalidad de teletrabajo o modalidad remota desde la casa que en muchos casos las condiciones resultaban tal vez básicas o diría que precarias.


Súmale a lo anterior el estrés, la ansiedad, la incertidumbre ante la probabilidad del contagio, el confinamiento, los estudiantes en las casas, los padres en el mejor de los casos convertidos en “tutores”, tratando de apoyar a los mismos, donde necesariamente no estaban académicamente preparados y mucho menos en el campo de la tecnología.

Diría que toda esta situación vivida – y que por lo visto continúa, con la esperanza de las nuevas vacunas, lleguen a todos/as de forma gradual (¿un año, dos?) – nos conduce a experiencias que nos cambiaron nuestro comportamiento en un período de un año (muy corto para muchos) y que dada la rapidez conque sucedió todo, entiéndase la extensión de la pandemia con sus nuevas olas o rebrotes, me atrevería a asegurar que la atención a ¿qué modificar en cuanto a políticas, procedimientos, normas, reglamentos, leyes, decretos, capacitaciones, etc.? No fueron atendidas por las instancias que le correspondían – que en la generalidad de los casos dependían de los que deciden, generándose un vacío en la comunicación -, de aquí que trabajásemos prácticamente con el gran interés de hacer las cosas bien, con responsabilidad y disciplina en lo personal, predominando la creatividad, el trabajo en equipos.

Si lo particularizo, en el campo de la educación (sin menospreciar el sector salud), el esfuerzo fue extraordinario, ¿pero cuando regresemos a la supuesta “normalidad”, ¿qué sucederá?, ¿Dejarán de invertir más el Estado y las instituciones privadas En el sector de Educación? ¿volveremos a la modalidad presencial y en el peor de los casos a la tiza y pizarra o marcador, o el uso del data show o proyector presentando diapositivas tras diapositivas, con monólogos aburridos?, ¿ausencias de técnicas de enseñanza – aprendizajes sin tener en cuenta las competencias digitales y blandas o interpersonales?, ¿desaparecerá lo asincrónico, retornando a la “tarea” pura y simple?

El horario escolar ¿será el mismo?, clases por secciones, por ejemplo: de 7 am- 1:20 pm (6 horas continuas separadas por cambio de asignatura y un receso de unos 20 minutos), no respetando la llamada higiene escolar en la que se incluyen: carga general de estudio y trabajo, su alternancia con el descanso, además de factores de carácter físico (iluminación, ruido, temperatura, ventilación, características del mobiliario y de los materiales escolares), tenemos también los riesgos psicosociales afectados por grupos de clases con cantidad excesiva de estudiantes, que limitan la atención individual del estudiante, el aprendizaje mismo, el control de la disciplina, afectando significativamente el nivel de capacidad del docente.

De no analizarse todo lo antes mencionado con profundidad – por cierto, hay mucho más de que hablar o escribir – al igual que muchos consideran por las limitaciones que tuvimos en el año recién culminado, que fue un “año perdido”, simplemente involucionaremos y si bien se vio innegablemente afectada la calidad de la Educación, haremos extensible como una pandemia subliminal – que siempre afecta más a los países tercermundista – el bajo nivel de escolaridad, la carencia de mejores profesionales.

En fin, hay mucho porque trabajar más en Educación.


lunes, 28 de diciembre de 2020

Algunos no pudieron...

Usualmente – vía correo – suelo expresar a mi familia y en particular a mis hermanos, así como a otras personas muy especiales, un balance de los mejores recuerdos, hechos de un año que se va, augurando lo mejor de lo mejor para el nuevo año del cual estamos a horas de recibir.

Este año creo que ha sido diferente para muchos no solo en mi país, sino en el mundo entero con las personas que no nos podrán acompañar para el próximo 2021, producto de la pandemia, millones de contagiados, más de un millón de fallecidos.

Era común al comienzo de la enfermedad, al dialogar entre los amigos, familiares la problemática de…  “¿sabes quién está bien afectado…?” “¡A la sobrina de… la enterraron ayer mismo, no le permitieron a los familiares verla!”; recibir notificaciones de la institución de docentes fallecidos, uno, dos, tres…

Que decir a la espera de la llamada que realizaba el hospital a los familiares, para comunicarles en menos de 45 segundos el estado del paciente; en el mejor de los casos, descargar de “la nube” a la persona autorizada el resultado de la gasometría, el balance entre la cantidad de oxígeno que respiraba en forma asistida por un ventilador y el dióxido de carbono que expulsaba; el resultado del hemograma o análisis de sangre para ver el comportamiento de los glóbulos blancos y rojos y de ser necesario realizar una transfusión del preciado líquido rojo.

El sinnúmero de medicamentos para tratar de inmunizar el organismo lo más pronto posible mediante tratamientos cuya experiencia médica internacional era relativamente reciente; la presencia de especialistas en diferentes campos: pulmonólogos (o neumólogos), neurólogos y otras especialidades; necesario mencionar al “ejercito” de enfermeras(os), que tras el auricular nos expresaban con ternura y mucho aliento las leves mejorías o con la voz casi apagada el retroceso del ser querido e inclusive escuchar de trasfondo el sonido agudo y continuado en señal de que otro paciente estaba en una situación crítica.

A lo antes descrito de forma paralela se sumaba la “guerra mediática” en cuanto al comportamiento en el mundo del aumento exponencial de personas afectadas y fallecidas, buscando responsables sin distinción de “derechas o izquierdas”; de las contradicciones y pleitos entre los organismos o instituciones e inclusive la polarización entre quienes cumplían o no las medidas básicas para evitar contraer la enfermedad.

La presión de la apertura de fronteras, negocios, bares, teatros, cines, restaurantes, ante una necesidad económica a pesar de los rebrotes y segundas olas; impartir clases desde casa, mediante la llamada educación remota, donde en muchas ocasiones ni docentes ni estudiantes contaban con los recursos necesarios, ni estaban preparados pedagógicamente para enfrentar el drástico cambio a la hora de enseñar y aprender para aplicar, afectando con ello la calidad de la educación.

Diría que esta ha sido un año muy “gris”, difícil, complejo, sin contar los daños causados por fenómenos meteorológicos – recurriendo hasta el alfabeto griego – en el caso de los ciclones o depresiones. 

No queda duda que la vida sigue tal es así a pesar de los “tragos amargos”, donde se extraen muchos aprendizajes y que en mi caso se puso de manifiesto: lo principal, la unión de la familia, el darnos ánimo entre nosotros, refugiarnos en Dios o en la Ciencia, en la esperanza, en la fe.

Les deseo a todos mis lectores lo mejor de lo mejor en este nuevo año que se avecina, a los millones que pudieron lograr vencer la enfermedad tras su recuperación, a los nuevos descendientes, a aquellos que luchan por seguir educando a niños/as, jóvenes y estudiantes en general. 

Un abrazo grande.



 

lunes, 21 de diciembre de 2020

Resulta complejo, pero ¡se puede!

El Trabajo en equipo considerado una competencia blanda, siendo muy exigida por los empresarios, de aquí que se considere un término muy en boga, tal es así que prácticamente no hay un día, donde exista una oferta laboral sin que se solicite esta competencia. 

Hoy, la palabra trabajo en equipo, se requiere como un valor propio del individuo, cuyo propósito es contrarrestar al individualismo. Es cierto que no en muchas ocasiones podemos estar abrumado o lo contrario, bien bastante estresado por el volumen de trabajo, a pesar de contar la o las personas con la capacidad para hacerlo.

Sin embargo lo que se pretende llevar a cabo no necesariamente puede ser criterio de uno o una cuando realmente se trabaja de forma conjunta, para lo cual se requiere cierto insumo, para alcanzar un trabajo final y de calidad indiferentemente quienes sean los autores: estudiantes, docentes o de un gerente a las autoridades superiores. 

Entregada la solicitud, si todo sale bien o no, al menos habrá una sonrisa y un agradecimiento a la persona o colectivo que nos permitió retroalimentarnos, no quitándole en ningún momento responsabilidad para ello a la persona que le correspondía liderar el trabajo mismo. 

Al igual que otros valores (actitud ante el trabajo, puntualidad, etc.) el trabajo en equipo implica un elemento que debe formarse en el individuo, de aquí que resulte complejo la adquisición del mismo. 

Si no se educa a la persona, bien desde el seno familiar o desde el colectivo laboral (o ambos inclusive), donde no todo no dependerá de lo que el destino nos depare, y a partir de ese momento ponerlo de manifiesto. Basta que surja una necesidad casual o planificada, para que ante un llamado, se requiera de solidaridad + compañerismo + incondicionalidad (otros valores) = trabajo en equipo, y lograr con ello lo deseado. 

Podemos ver, y hablaba en un inicio, del llamado que se hace a estudiar y al trabajar en equipo, inclusive mediante cursos de capacitación, que mediante ciertas dinámicas, técnicas de aprendizaje, te hacen ver que solo, no se puede. El “Clavo” es que posterior a la capacitación, o no se ponga en práctica, porque regresas a la rutina (por supuesto craso error) a pesar de que la propia institución, posiblemente sufragó el curso, o que la institución misma no haya planificado actividades que conllevaran al trabajo en equipo.  

Es cierto – y así lo recoge la Historia -   que algunos de los más grandes genios de la historia han ofrecido al mundo productos extraordinarios desde la soledad de sus talleres o aposentos, sin embargo suele excluirse, quiénes lo acompañaron en sus investigaciones; por ejemplo: Detrás de un premio Nobel, hay un equipo de trabajo, de investigadores, aunque quede en la Historia, que fue uno o una. 

Recuerde que un verdadero trabajo en equipo, donde entre las personas que forman parte del equipo, presentan competencias específicas y desarrolladas que al alinearse producen sinergia, empatía, conexión emocional y visión compartida de sus integrantes, sin imposiciones ni compromiso, donde reina la intradisciplina, identificación y la coestima, además de agregar valores, que cuando ello sucede los resultados suelen superar todas las expectativas. 

Finalmente, debo decir que en su momento, Luis XIV de Francia se equivocó, al decir ¡“El estado soy Yo”!, ya que cuando se trata de trabajar con sinergia, sin duda alguna, debiera ser ¡El Equipo, somos todos!
 

lunes, 14 de diciembre de 2020

Cuando la no rutina se convierte en rutina

Siempre he tratado de ser organizado, lo cual me ayuda a optimizar el tiempo de la vida cotidiana, sea laboral o personal; levantarme a una hora determinada, que cuando irónicamente pongo el despertador, lo que hago es vigilarlo para visualizar si ya estaré pronto a despertarme. 

Casi sonámbulo me dirijo a la cocina en búsqueda de preparar un buen café, en cuyo traslado encendida la luz, visualizo la entrada de algún correo en la “extensión” de mi mano: el celular, que de no ser importante pongo a cargar el mismo, mientras que en el interior del microonda gira como un carrusel la taza que ya tiene su azúcar sin calorías y cierto contenido de agua, a la espera que suene la señal que ha transcurrido el tiempo necesario, recipiente que impacientemente espera su dosis del prestigioso estimulante rico en cafeína.

Me traslado a la sala y en uno de los sillones – teniendo a la par el preciado licor cuyo aroma invade mis fosas nasales – encendemos la computadora personal, dando un barrido general por periódicos nacionales e internacionales donde tratamos de valorar un equilibrio entre los dimes y diretes en el ámbito político, hechos sociales, artículos; casi a la par encendemos la tele dándole prioridad a los noticieros y apreciarlos audio visualmente.

Se siente la moto que indica la llegada del periódico, para complementar si el planeta Tierra “sigue patas arribas”

Paso a algunas tareas domésticas como es la revisión de los dispensarios de las mascotas; limpiar lo que en la noche ensuciaron y alistar un tanto la mesa para el desayuno.

Al baño, al closet, en búsqueda de una ropa adecuada en tiempos de pandemia y pasamos a ingerir los alimentos que se suponen que sean los más importantes (se plantea que… “la primera ingesta del día determina durante el resto del día la eficiencia del organismo para quemar las grasas de los alimentos consumidos en la comida y la cena”)

Tras lavar los recipientes utilizados, suelo dirigirme a mi pequeña agenda donde reviso el cumplimiento de lo programado y por programar, aquí plasmo las pequeñas tareas cotidianas; las tareas “grandes” las cuales se repiten con fechas inamovibles cada mes, esas están escritas en un calendario colocado como cuadro, de frente.

No omito manifestar que tal vez como una muestra de organización o disciplina en cada local de la casa cuenta con un reloj, que indica lo único que no podemos volver atrás: el tiempo.

Realizo una “pequeña gira” trasladando a mi esposa a su trabajo, siempre y cuando no realice teletrabajo; por el supermercado, alguna que otra gestión personal y a casa; retomamos la agenda de lo cotidiano, cuyas tareas por realizar giran en torno a la escritura de artículos por elaborar, donde los temas a abordar fluyen uno más que otros, dependiendo de la “musa”

Llega el horario de almuerzo calculado para las 12 del mediodía; dormir religiosamente la siesta (recomendado unos 20 minutos mínimos) que me permite reunir energías para el resto de la jornada o resistir una noche larga. Nota: esto último casi nunca, aunque con excepciones justificadas.

Una nueva taza de café y de retorno a la computadora…; no pueden casi al filo de la tarde, los ejercicios físicos, caminando por el barrio, tratando de sudar un poco lo cual no garantiza eliminar las calorías ingeridas y necesarias, pero es un esfuerzo al menos en estirar los músculos.

Al baño nuevamente, continúan los noticieros, la cena (un tanto más ligera) y a disfrutar de algún audiovisual que nos permita retornar los latidos del corazón que corresponden en “modo descanso”

Una vez que arriban los primeros bostezos o los párpados se vuelven más pesados, suena la alarma mental que dentro de unas 6 horas aproximadamente, se repetirá lo ya descrito anteriormente.

¿Soy acaso rutinario? No lo sé, pero realmente lo que hago, lo disfruto y más en tiempos de pandemia; que cuando termine este desagradable virus, volveremos a soñar en… incorporar nuevos elementos que hagan la vida más agradable y tal vez rutinarias o no.