A las personas llamadas José[1], se les suele decir Pepe, luego el título del artículo también podría ser sustituido por Pepe Grillo, nombre que se asocia al personaje de ficción creado por el escritor italiano Carlo Collodi para su libro infantil de 1883, considerado un clásico de la literatura infantil, “Las aventuras de Pinocho”, que Disney adaptó en la película de animación Pinocho de 1940, también nombrado Pepito Grillo.
Es
importante aclarar que la novela original difiere significativamente de las
adaptaciones cinematográficas más amables, donde se mezcla la fantasía con una
crudeza satírica y moral, presentando las consecuencias brutales de la
desobediencia y la falta de valores.
¿Un
breve resumen inicial o parcial? La historia comienza cuando el maestro
carpintero Cereza encuentra un trozo de madera parlante que llora y ríe como un
niño. Asustado, se lo regala a su amigo Geppetto, un humilde anciano que decide
tallar una marioneta para ganarse la vida.
Sin
embargo, desde el momento en que toma forma, Pinocho demuestra ser
desobediente, egoísta y malagradecido; de hecho, lo primero que hace al
aprender a caminar es escapar de la casa, provocando que Geppetto termine
injustamente en la cárcel. Al volver a casa solo, Pinocho se encuentra con el
Grillo Parlante, quien intenta aconsejarlo sobre la importancia de la educación
y el respeto. Molesto por los sermones, Pinocho le arroja un martillo de madera
al insecto, matándolo en el acto (aunque más adelante reaparece como un
espíritu guía) ¡Cruel!, ¿no?
Y me tengo
acá, un poco para resaltar el rol de Pepito Grillo, ¿Pepe?, ¿José?, ¿Joseito?
..., nos quedamos mejor con Pepito. Su rol era actuar como la conciencia moral
y guía de Pinocho, ayudándolo a distinguir entre el bien y el mal, alejándolo
de las tentaciones (como el Honrado Juan o la Isla de los Juegos) y de los
problemas, para convertirlo en un niño de verdad.
Tal es
así que – retomo parte del cuento, al concluir la novela – que Pinocho al regresar
a casa, éste cambia radicalmente su forma de vida. Comienza a trabajar
arduamente cuidando a su anciano padre enfermo y manda el poco dinero que le
sobra a su madre, el Hada Azul, tras enterarse de que ella también pasa por un
mal momento económico.
Al
demostrar altruismo, honestidad, responsabilidad y un sacrificio real por el
bienestar de su familia, el Hada recompensa su transformación interior. Una
mañana, Pinocho despierta y descubre que ha dejado de ser un muñeco articulado:
se ha convertido en un niño de carne y hueso de verdad. Y colorín colorado,
este cuento se ha acabado.
No, detengámonos
un momento, ya que me gustaría entrevistar a Pepito Grillo.
Ernesto:
- Hola Pepito, ¿te puedo llamar así o Sr. Grillo? -
Pepito:
- Por supuesto ningún inconveniente, dígame como usted se sienta mejor-.
Ernesto:
- Gracias Pepito, mi primera pregunta: ¿cómo definiría usted su rol en la vida
de Pinocho? -.
Pepito:
- Mire, mi rol se puede resumir de forma muy sencilla: yo soy la conciencia
moral del muchacho. El Hada Azul me nombró oficialmente como su consejero en
los momentos de tentación y su guía por el buen camino. Básicamente, mi trabajo
consiste en intentar que Pinocho distinga entre el bien y el mal en un mundo
lleno de distracciones peligrosas -.
Ernesto:
- Suena como una tarea titánica. En la psicología moderna se le asocia a usted
con el concepto del "Superyó" de Freud, esa fuerza interna que busca
el equilibrio entre los impulsos y los deberes. ¿Se siente cómodo con esa
etiqueta? -.
Pepito
Grillo: - (Se acomoda el sombrero de copa) Totalmente. Los psicólogos le dan
nombres muy modernos, pero en el fondo es lo mismo. Pinocho actúa por puro
impulso inmediato, buscando el placer y el alivio rápido sin medir las
consecuencias. Yo actúo como ese freno de mano ético. Mi labor es recordarle la
continuidad entre sus actos y los efectos que estos provocan, ayudándole a
pasar de una conducta puramente impulsiva a una regulada por principios -.
Ernesto:
- Pepito, crees que la Inteligencia Artificial (IA), ¿te pueda sustituir como
consejero moral? –.
Pepito:
- Mira, sencillamente no lo creo y te explico-, La IA se encarga de procesar
datos, empleando para ello un modelo de lenguaje que no "siente" que
algo está bien o mal. Simplemente analiza patrones en grandes volúmenes de
textos éticos, leyes y filosofía para predecir la respuesta que un humano
consideraría correcta, mientras que en mi caso yo represento a través de la
intuición, la conciencia humana, que se apoya en la autoconciencia, la culpa,
el remordimiento y la empatía, elementos biológicos y emocionales que las
máquinas no poseen-.
Ernesto:
- ¡Gracias Pepito! -
[1] Principalmente por una tradición religiosa e
histórica relacionada con la frase latina Pater Putativus (padre putativo o
supuesto padre) que se usaba para referirse a San José.

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