lunes, 27 de julio de 2026

El órgano 47

La puerta se abrió, sus pasos un tanto pesados, tratando de no arrastrarlos, su rostro mostraba desconcierto, pero también con una mezcla de alegría, buscaba las paredes para sostenerse, ¿su meta?, llegar a la sala, ver, ver, mirar, su sillón, los cuadros, la pecera y sus seis pececitos, los cuales “mágicamente” se aglutinaron para recibirlo a él, ausente por más 5 meses (exactamente 151 días); se detuvo a la altura de la mesa del comedor, colocando las manos sobre la misma, tal vez con un poco de incertidumbre, respiró hondo…llegó.

Pero también regresó para nosotros, para los familiares, para sus hijos, para su esposa…; sin menospreciar la despedida del equipo médico que lo mantuvo atento, técnicos especialistas, sosteniendo múltiples cables que salían de todo tu cuerpo (brazos, corazón), equipos cuyos bips (electrocardiogramas, ecocardiograma, angiografía coronaria, ecografía intravascular, ergometría…), mostraban constantemente el comportamiento de los órganos vitales.

Lo que no restaba por parte de él, tratar de mantener un estado de ánimo un tanto conservador, optimista en unos casos, lo cual demostraba caminando con pasos cortos por el pasillo, con el propósito de fortalecer los músculos de las piernas, tras largas jornadas de inmovilidad, pero que al escuchar la música proveniente del celular de una de las enfermeras de procedencia latina (padre norteamericano y madre colombiana), todos bailaban, todos…; ánimo, que no era así siempre.

La probabilidad de un nuevo corazón – el suyo funcionaba al 25 % -, donde 1 de cada 35,000 personas (USA) registradas lograban convertirse en donante de corazón, cuando aproximadamente entre 3,300 y 4,000 personas estaban a la espera de recibir uno[1], cuyos tiempos de espera variaban desde meses hasta años.

No todo resultaba tan sencillo, ya que los requisitos eran estrictos en cuanto a factores de compatibilidad (entiéndase prevenir su rechazo), por ejemplo, donde el donante y receptor han de ser compatibles, que el tamaño del corazón del donante tenga un tamaño, peso y estructura similares a los del receptor para que funcione correctamente en la cavidad torácica, entre otros, la espera parecía interminable, pero llegó el día.

Entró al salón – la operación durarías entre 6 y 8 horas -, por supuesto horas que se hicieron días, interminables, siempre con la duda de interrumpir para ver su estado, el resultado…; tal vez era necesario “¿desviar la atención?”, lo hice: ¿el receptor conoce la identidad del donante, donde vive, sus familiares? No, fue la respuesta, sencillamente se mantiene en el anonimato estricto por razones éticas, legales y psicológicas, preservando el carácter altruista, voluntario y desinteresado de la donación.

¿Y qué es lo único que se sabe del donante?, pregunté, cuya respuesta fue la siguiente, “A los órganos donados se les asigna un número de código único (y no el nombre del donante) por seguridad, anonimato médico y trazabilidad…”.

Cuando menos lo esperábamos llegó el mensaje: “…¡¡¡salió bien!!!!, nos abrazábamos virtualmente…hay días que son muy buenos, este era uno de ellos; quedaba el tiempo de espera en cuanto al posible rechazo del órgano, biopsias sistemáticas, todo bien, todo.

Esperábamos el alta médica, no solo nosotros, recuerden al equipo médico, donde este último al acompañarlo (ese día), le invitaron a tocar la campanita de la Victoria[2], por mi parte hubiese tocado Vox Patris (Voz del Padre), con 55 toneladas de peso y diseñada para la Basílica del Divino Padre Eterno en Trindade, Goiás, en Brasil.

Ya en casa será necesario extremar la higiene, evitar infecciones, seguir una dieta cardiosaludable y cumplir estrictamente con el control médico, estoy convencido que todos estaremos al tanto que lo cumplas, “los virtuales y los físicos”, un vez que estés al 100,volveremos a echar nuestras partiditas de dominó, aunque sean virtuales.






[1] Para ser candidato, los pacientes requieren una evaluación exhaustiva a través de centros médicos especializados. La asignación de órganos está coordinada por la Red Unida para Compartir Órganos (UNOS, por sus siglas en inglés).[2] Los pacientes la hacen sonar para celebrar la finalización de un ciclo de tratamientos, una cirugía importante o el alta médica.

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