lunes, 25 de noviembre de 2024

La felicidad, …, ¿se quita?

Escuchar o leer la palabra FELICIDAD, difícilmente o poco probable que no nos pueda trasladar - cuasi máquina del tiempo – a determinados momentos en la vida que nos resultaron gratos y que inclusive una lágrima no planificada surja a partir de los sacos lagrimales y bien recorra la mejilla o se dirija a la cavidad nasal, complementado con una sonrisa, con la correspondiente contracción y elevación (una vez más) de la mejilla, sin importar que produzca arrugas alrededor de los ojos.

Que si me remito a la búsqueda – su significado - de la palabra felicidad[1], encontramos: «Es un estado de ánimo positivo, vinculado con las experiencias personales de cada individuo y que puede manifestarse de muchas maneras distintas, de acuerdo a la personalidad y al carácter».

También puede entenderse como «un estado de bienestar general, vinculado a la sensación de plenitud y a la calidad de vida».

La felicidad no se busca – al menos conscientemente – pero, se logra cuando responsablemente asumimos una tarea, que, si bien nos permite ‘paralelamente’ desarrollar un conjunto de habilidades, que están alineadas con nuestros propósitos personales (deseos y aspiraciones) y que a mediano plazo se alcanza, por ejemplo: 5 años de estudio y cuyo resultado se hace tangible con la certificación de «Mejor estudiante de…», cuyo resultado se ‘desborda’, se hace extensible a los padres, a la familia, a los amigos.

Felicidad que se ‘recoge’, como el resultado de apreciar un sencillo, pero no menos valioso, agradecimiento de un exalumno presencial o vía chat o correo, sobre todo para aquellos que ejercemos la tan digna profesión de docente.

La vida no es una ‘línea’ sin escollo, sin dificultades, sin ‘piedras en el camino’, la ¿solución?, saberlas afrontar, aunque a veces no tengamos todos los ‘escudos’ suficientes, para lo cual será necesario saber coexistir con los problemas y dificultades y que a lo largo la vida no excluye que podamos ser felices, ¿un año perdido por no haber estudiado lo suficiente?, que, superarlo dependerá de la auto percepción, de las creencias y valores y de la madurez que nos permita reflexionar, ¿dónde y en qué me equivoqué?

No podemos restarle valor a la felicidad, recogida en la historia por destacados filósofos, y para muestra varios ‘botones’:

o   «La felicidad se alcanza por medio de la autorrealización y el desarrollo de los propósitos personales»[2]. Aristóteles (384-322 a. C.) 

o   «La felicidad ha de ser un deber humano, que solo depende de uno mismo». Inmanuel Kant (1724-1804).

o   «La felicidad se produce cuando coinciden los deseos o ‘vida proyectada’ con lo que sucede en la realidad o ‘vida efectiva’. José Ortega y Gasset (1883 – 1955)


No queda dudas, ante la interrogante del título del artículo (… ¿se quita?), que la respuesta es NO, momentos muy gratos que pueden rondar en nuestro cerebro, que los retomamos – acelerando con ello la producción de endorfinas[3] -, que los recordamos, sencillamente porque: «Recordar, es volver a vivir».


[1] La palabra felicidad proviene del latín de la palabra felicitas, que deriva de la palabra felix y significa “fértil” o “fecundo”.

[2] Conocido como Eudaimonia. Término griego que se traduce como "felicidad", "bienestar" o "vida buena"

[3] Hormonas que se producen en el cuerpo y que se asocian con la sensación de felicidad y bienestar.

lunes, 18 de noviembre de 2024

La vida, ¡realmente es un número!

Estando con 14 años en primer año de bachillerato – por lo visto un bisoño – tenía un compañero de beca, del cual tengo su apellido en “la punta de la lengua” que solía contar todo lo que veía a su alrededor: número de persianas en la ventana, bujías en el techo… que por mi edad no era muy elocuente en ese entonces de pensar si realmente él era una persona, ¿cuerda?

Si bien desde joven en mis estudios nunca tuve problemas con las ciencias de los números: las matemáticas, tampoco era que me destacaba, pero si ya en ese entonces me inclinaba a las ciencias naturales y el empleo de la disciplina anterior en esta última.

Especializarme específicamente en la Química – alcanzando la licenciatura e incorporando elevado número de post grados -, ligado a la medición de líquidos con el uso de Erlenmeyer, vaso de precipitados, pipetas, por otra parte, el ajuste o balanceo de ecuaciones por diversos métodos…

Posteriormente vincularme a la impartición de otras disciplinas como Física, Biología, Ciencias Naturales (propiamente dicha), ellas en su impartición me demostraban una vez más la importancia de los números, en fórmulas, leyes, pero sobre todo en la aplicación en la vidia diaria, por ejemplo: al conducir (leyes de newton, al frenar o acelerar; ángulos necesarios para doblar o parquear, que decir del llamado ángulo de Peralte[1], para evitar no salirme de una curva, etc.), lo cual solíamos hacer llegar a los estudiantes de la importancia al ser aplicado.

Que, si hablamos de lo cotidiano, de lo que vivimos cada día, lo podemos asociar a un número de actividades indeterminadas: tres tazas de café al día; número de tabletas para controlar la presión (dosis); día de la semana en que me corresponde lavar, teniendo en cuenta la cantidad de jabón líquido que deberé añadir; la planificación y selección de los artículos a publicar en los diferentes medios periodísticos (que incluye el número de palabras – que me condicionan - a la hora de escribir un artículo o bien cuartillas); lo que he de compartir en las redes y que resulte de utilidad a los docentes.

Cinco párrafos escritos y aún no me acuerdo del apellido del colega que contaba persianas y bujías…sigo, no me detengo: ¡Ya me acordaré!; Número de segundos que deberé de darle al agua en la taza, para tomarme un delicioso café expreso; número de piezas permitida que debo añadir a la lavadora para evitar dañar la máquina; número de hojas leídas del libro de turno, marcado por un separador; fechas que me indican el cumpleaños de un amigo(a), al cual debo felicitar.

Tiempo que me queda para sumarme a zoom o meet, para comenzar mi Webinar, previo chequeo de conexiones, materiales de apoyo listos; control de los estudiantes, trabajos entregados, horarios para atenderlos bajo la modalidad asincrónica.

Lectura de correos de cada día, ante la incertidumbre de una nueva propuesta de trabajo; responder otros, compartiendo su curriculum vitae ante la necesidad de trabajo, donde realmente me da pesar ver cuántos profesionales jóvenes sin empleo, así como adultos que para muchos “seleccionadores”, ya cumplieron con su tiempo de vida, como si fuesen material descartable, lo cual contradice aulas súper pobladas, docentes impartiendo asignaturas tan disímiles, donde no necesariamente fueron formados, con el propósito de llenar una plantilla docente, dónde el resultado por mucho esfuerzo que se haga es poner en duda la calidad de la educación que imparten, no siendo responsabilidad de ellos.

Ya se me acaba el tiempo, el número de palabras, números, números…y, pido disculpas, pero realmente no me acuerdo del apellido del contador de bujías, sé que comenzaba con P, pero...



[1] Se denomina Peralte a la pendiente transversal que se da en las curvas a la plataforma de una vía férrea o a la calzada de una carretera, con el fin de compensar con un componente de su propio peso, la inercia (o fuerza centrífuga, aunque esta denominación no es acertada) del vehículo, y lograr que la resultante total de las fuerzas se mantenga paralela al plano horizontal, actuando de fuerza centrípeta dirigida en todo momento hacia el centro de la curva.

lunes, 11 de noviembre de 2024

¿Es bueno abrazar o ser abrazado?

Usualmente cuando abrazamos a alguien (al menos yo) lo hacemos como una forma de recibir (o despedir) a alguien que por un tiempo prudencial - aunque puede ser corto, como es el caso de un viaje fuera del país, y sino lo invito que vaya al aeropuerto – dejamos de ver físicamente. 

Esta persona puede ser un compañero de trabajo, un familiar, un amigo o amiga. ¿Qué siente una persona cuando es abrazada? 

Primeramente, un estímulo de índole emocional, donde se evidencia afecto, cariño, señal de gratitud, de reconocimiento ante una labor encomiable. Cuando abrazamos la piel (es nuestro órgano más extenso, donde completamente extendida puede llegar a ocupar un área de hasta 18 m2 y puede llegar a pesar entre tres y cinco kilos) es la primera responsable de que sintamos una caricia o de que notemos el calor producido por el fuego o el frío de la nieve. 

Investigaciones científicas plantean que el contacto físico o la estimulación física es absolutamente necesaria para nuestro bienestar emocional. El tacto terapéutico, reconocido cono una herramienta esencial para la curación, ahora es parte del entrenamiento de enfermeras en grandes centros médicos. 

El tacto es usado para reducir el dolor, la depresión y ansiedad, como también para aumentar el deseo de vivir del paciente, y para los bebes prematuros que carecen del contacto físico mientras están en la incubadora y así ayudarles a crecer y prosperar.

 Otros experimentos científicos reflejan que el contacto físico (a través del abrazo) influye en: deshacer la soledad, derrotar el miedo, ayuda a la auto estima, alienta el altruismo (¡no puedo creerlo, pero quiero abrazar a esa persona!), retrasa el envejecimiento (aquellos que abrazan se mantienen jóvenes más tiempo), ayuda a reducir el apetito (supongo que, en esta última aseveración, la opinión dada es por una gordita o gordito que no pudo ser abrazado totalmente) 

Otras acciones del abrazo es que ayudan con el problema del insomnio, provee ejercicios de estirarse si usted es bajo de estatura, provee ejercicios de inclinarse si usted es alto, preserva en condición a los músculos de los brazos y los hombros,  afirma la existencia física, es portátil, imparte la sensación de que pertenecemos, no exige lugar en particular (el lugar adecuado para dar un abrazo es cualquier lugar como al pie de la puerta, un cuarto de conferencia ejecutivo ... una iglesia o un campo de fútbol) y  es democrático (ya que todos somos elegibles para un abrazo) 

Existe una anécdota la cual hace referencia a la primera semana de vida de un par de gemelos, que estando en el hospital y cada uno en sus respectivas incubadoras, a uno no se le esperaba que sobreviviera.  

Una enfermera del hospital, en contra de las reglas del hospital, puso a los bebes en la misma incubadora.  Cuando los pusieron juntos, el más sano de los dos, puso su brazo sobre su hermana, "abrazándola".  El ritmo del corazón del bebe mas pequeño se estabilizó y su temperatura se normalizó. Ambos bebes sobrevivieron.  Luego ¡A abrazar se ha dicho!

lunes, 4 de noviembre de 2024

+ Calendario, + ¿peleón (a)?

Escuchar la palabra calendario, para los que somos docentes por “inercia” solemos asociarla a planeamiento, calendarización de múltiples cosas – ¿qué no hacemos los maestros? – por ejemplo, clases, evaluaciones, solicitar las actividades no presenciales (o sencillamente tareas, entre otras), etc.

Palabra – me refiero a calendario – cuyo origen etimológico, palabra derivada del latín, concretamente de “calendarium”, que era el vocablo que los romanos utilizaban para referirse a los libros de contabilidad; término cuyo origen de “calendas”, que era el primer día del mes para los romanos según la luna nueva.

Pero de pasar a una definición, de la cual solemos asociar o conocer con mayor frecuencia, calendario es «Un sistema que permite medir y graficar el paso del tiempo»; recurso que apela a la división temporal en unidades como años, meses, semanas y días, dónde lo común resulta un tipo de esquema y láminas que permiten su representación gráfica.

No obstante, a pesar de todo lo anterior, calendario también lo asociamos con la palabra almanaque, que para algunos genera nostalgia, porque sencillamente “las hojas van cayendo sobre uno” y en otros “una vida vivida”, y que tal vez promueve al rol de poder transmitir sus experiencias, diría en “modo consejero”.

¡Preguntémoslo al abuelo!, ¡al profesor, que es toda una cátedra!, que no por gusto los años caen en vano, pero como siempre “encontramos un pelo en la sopa”, donde hay quienes equivocadamente señalan que con el pasar de los años y «con el deshoje del árbol» las personas adultas se vuelven más peleones – entiéndase que suscita muchas discusiones -, y por otra parte intransigibles[1] - es decir no quien evitar o poner fin a un conflicto, cierto o eventual, mediante algún tipo de concesión. En resumen: ¡No entienden!

¿Y en el caso de la pareja, donde la relación ha sido más estrecha y a pesar de ello, las contradicciones se hacen más frecuentes?, cuando pareciera ser que se conocen hasta el último poro. En lo personal considero que un factor clave, resulta la rutina.

¿Siempre lo mismo?, ¿nada diferente?, esto en lo cotidiano, y ¿en lo externo? Por ejemplo, ambos tenían su trabajo, y que, al calor de determinados vaivenes, de pronto uno pasó al desempleo o bien se jubiló (donde este último sufre un “vacío de actividades”), a lo que se suman problemas financieros, los cuales pueden e inciden en lo cotidiano.

En las redes sociales, suelen reflejarse los llamados memes - como un modismo, broma, chiste o contenido memorable compuestos por una imagen simple acompañada por un texto o subtítulo inteligente y contundente, donde uno de los dos de la pareja, - Nota: No digo quien para evitar subterfugios -, lleva la batuta sobre el otro: ¿quién? Respuesta: silencio total.

No queda dudas, que la solución, aunque no la tengo todas en la mano, es conversar con efectividad, donde se expresen pensamientos, emociones y sentimientos; saber entender la dinámica de ambos en cuanto al trabajo o en cuanto a otros quehaceres, de modo tal que la colaboración fluya en ambos sentidos.

¿Y como medida anti-rutina? Mmmm…; acorde a los tiempos modernos, envíele mensajes de textos; Cuando sienta ganas de criticarle, cuenta hasta ¿cien? y reflexione… a ver si vale la pena; No realice objeciones a todo lo que dice o hace el otro; regalarle flores o, mejor, ¡una caja de bombones… ¿que no le gusta el chocolate?; ver las estrellas, sin embargo, el día seleccionado: ¡Llueve!

¿Ir al cine?, ¡No le gusta ese tipo de películas!; ¿A cenar?, ¡El servicio demorado y la comida estaba fría!; ¿Viajar? ¡Los pasajes están muy caros!; ¡Acostémonos temprano!, no, ¡vienen los nietos…!

Pareciera que, para concluir nos queda por decir: ¡Trágame tierra!, pero no, ¡paciencia…! ¡Amor ya voy a sacar a las mascotas…!



[1] Condición de quien no quiere evitar o poner fin a un conflicto, cierto o eventual, mediante algún tipo de concesión

lunes, 28 de octubre de 2024

Una imagen…vale…

Una imagen es una representación visual, que manifiesta la apariencia visual de un objeto real o imaginario. Aunque el término suele entenderse como sinónimo de representación visual, también se aplica como extensión para otros tipos de percepción, como imágenes auditivas, olfativas, táctiles, sinestesias, etc.

Vista la definición, selecciono lo siguiente: «… la apariencia visual de un objeto real o imaginario»; me detengo y hablemos de lo real o virtual, ¿diferencia entre una y otra?, regresemos al diccionario:

o   Real: En términos físicos, la realidad es la totalidad de un sistema, conocido y desconocido; desde el punto de vista ontológico[1], que incluyen varias ramas de la filosofía, incluyen varias preguntas sobre si solo los objetos físicos son reales (es decir, el fisicalismo) Nota del autor: A veces los filósofos se dan una enredada, por supuesto con perdón de los filósofos.

o   Virtual: Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.

¿Imagen?, ¿real?, ¿virtual?, se preguntará usted, ¿y a dónde quiero llegar? ¡Voy!: Las fotos de las personas que acompañan las diferentes plataformas de comunicación, solemos compartirlas, hay quien pone rostros reales o virtuales, estas últimas con ciertos arreglos a partir de aplicaciones (app) que restan ¿años?, pudiera ser.

Por supuesto respeto a quien lo hace es una decisión muy personal y que a la corta le hace sentir bien, y punto; es igual cuando se sustituye por un fondo vinculado a su desempeño u otros gustos, reitero para gusto, sencillamente colores.

Mi preocupación surge en el caso de la imagen que al ser virtual (la cual se aleja un poquito de la real, tal vez) y se esté solicitando trabajo. En lo personal he tenido varias experiencias, en una ocasión envíe por supuesto – anexado al CV – la foto que mejor quedé: saco, corbata, de perfil…, cuando la misma era de varios años, variossss. Craso error #1, ¿por qué? Sencillamente no era yo, ya con barba, aproximadamente 5 años de diferencia con la imagen real - actual; en otra ocasión para un medio periodístico, busqué alejarme de la corbata y buscar para el saco un color que contrastase con el pullover o playera: por ejemplo, saco blanco, y la otra pieza negra y siempre de perfil y no me fue mal.

La interrogante, que surge es ¿y acaso la foto real o virtual importa? Aquí podré recibir 50 % y 50 % de opiniones para ser conservador, ¿pero te darán el trabajo que tanto ansías y necesitas, por la imagen?

La persona que contrata, ¿se detiene o tamiza instantáneamente por una foto?, da que desear tanto de la empresa o institución, ¿acaso no es más importante el contenido del Curriculum Vitae (CV), como base para preparar la entrevista presencial o virtual?

La diversidad de hechos que suceden hoy en día donde prima «ser joven y con experiencia», que en ocasiones resulta hasta contradictorio, ¿acaso no se necesitan años de trabajo, para ganar experiencia? En un estudio realizado por un familiar – para alcanzar su maestría - referente a qué edad aproximada los profesionales, generaban laboralmente un desempeño favorable y su investigación arrojó de unos 43 años.

Si sacamos una cuenta sencilla: graduado a los 22 o 23 años – 43 = 20 años de experiencia; ya 20 años, es significativo lo cual no implica estancarse, más al ritmo de los avances tecnológicos y científicos.

La intención no es restarles espacio a los jóvenes, ¡no!, recuerden que comencé por la foto real, que a la larga no contradice (más allá que pueda ser una carta de presentación), lo que va a visualizar el día de la entrevista (si es un buen) (el o la) contratador(a), y muy profesional, es tu experiencia, eso si prepararse bien, sin titubeos… «… en ese caso ante esa situación, yo…»



[1] Ontológico: se refiere a la rama de la filosofía que estudia lo que hay, así como las relaciones entre los entes o la relación entre un acto y sus participantes

lunes, 21 de octubre de 2024

Dormir bien, ¿soñando?

Desde que tengo uso de razón, siempre he sido una persona intranquila, eso por supuesto me lo cuenta mi madre: parto antes de tiempo (8 mesino: llamado prematuros tardíos, que tienen una supervivencia superior al 90% y algunos problemas: "Si bien no son cuestiones graves y en general sin repercusión a medio-largo plazo, merecen atención y consideración) que parecía un “ratoncito”, en cámara de oxigeno (cuidados intensivos) y mi abuela (QEPD) le dijo a mi madre, «…si se va a morir, que muera con la barriga llena», y por lo visto me le escapé al 10 % restante de esperanza de vida, asociado a un vaso de leche.

Resalta mi madre, que era un niño travieso, malcriado (aunque realmente no, ya que la disciplina en ese entonces se controlaba a base de chancletas también llamada chinela, y castigos de no jugar, etc.), egoísta (mis hermanos los comenzó a dejar la cigüeña 9 años después, y siguieron los viajes año siguiente y al otro), otro recuerdo – que pudiera resultar de la imaginación o ciencia ficción, era que las amigas de mi madre, les decían por mi indisciplina y perretas, «dale una pastillita a ver si se calma…»

Cursé los estudios correspondientes (primaria, básico, diversificado o bachillerato y universidad); comenzó la vida profesional, estudiando magisterio y que yo recuerde a partir de ese momento comencé a tomar ansiolíticos.

La profesión de magisterio – lo sabrán mis colegas – conlleva a una alta responsabilidad, no solo en ser transmisor de contenido, según la especialidad, sino sobre todo en la educación de valores, lo que le exige a uno, tratar de ser un ejemplo en la vida cotidiana (a pesar de ser humanos y tener el derecho a equivocarnos, pero…)

Siempre, mis padres me enseñaron la puntualidad (dentro de otros tantos), ser el primero, hecho que implicaba dejar las cosas lista para mañana (vestuario, materiales de la escuela, por supuesto la clase preparada, estar a tiempo en la parada del bus; que años después (muchos), llegar a “abrir” la universidad, ya que debía estar mucho antes que comenzaran las clases, ya que los problemas iniciaban (siendo administrativo) y debía atenderlos, hecho que concluía después de unas ¿14 horas diarias?, “cerrando” el recinto universitario.

Conciliar el sueño, resultaba imposible, refugiándome en mi ansiolítico, que por cierto no era una panacea, ya que prácticamente toda la noche, seguía “revisando mi agenda del día siguiente”; inclusive los mal llamados sueños (ya que dormía pésimo) todo lo que sucedía – la mayoría - estaba vinculado a la docencia.

Cuando indago, acerca de los factores, que me conllevan a un mal dormir, encuentro:

·         Agenda ocupada. Las actividades nocturnas, ya sean laborales o sociales, son una de las razones principales por lo que no se duerme lo suficiente.

·         Electrónicos. Las tabletas y los teléfonos móviles, relojes inteligentes, que emiten sonidos durante la noche pueden afectar el sueño.

·         Afecciones médicas. La depresión, la ansiedad…

·         Estrés por dormir. El simple hecho de estar en la cama puede hacerlo sentir ansioso y despierto, incluso si se siente muy cansado.

Indagando una vez más, encuentro que, cada persona puede soñar hasta 5 veces cada noche, a lo largo de 8 horas de sueño, cuya duración puede ser hasta 20 minutos de tiempo de vigilia[1].

¿Se afecta la calidad del descanso cuando sueño? Literalmente NO, cuando se sueña no se afecta la calidad del descanso. De hecho, soñar es una de las fases más importantes del sueño, y en la que se logra un descanso más profundo.

Luego, no me queda de otra, reducir los ansiolíticos (al menos bajar la dosis) y a tratar de soñar, lo cual me ayudará a dormir mejor.



[1] Se le llama el ciclo de sueño-vigilia a la alternancia entre los estados de “estar despierto” (vigilia) y “estar dormido” (sueño).

lunes, 14 de octubre de 2024

¡Cuando no se espera nada a cambio!

Cuando tienes tiempo para caminar y si eres observador – un tanto para desconectar de la perdida de tiempo de ser esclavo de tu celular – una opción habrá de ser visitar un centro comercial (mall), aunque vayas “a abrir la boca”, en señal de quedar impresionado por algo extraordinario e inesperado (ante la gran oferta como parte de la sociedad de consumo) de lo que perciben tus sentidos priorizando el ver.

Sentarte a tomar un helado (al que se suma el gustar), permite identificar hasta cierto punto el parecido de las personas dados determinados rasgos comunes – aplicando las leyes de la genética[1] – en su físico; que decir del vestir, donde lo común es que ya no suele apreciarse la diferencia entre las edades como es el caso de los jeans deteriorados; cabellos con tintes que rompen la barrera de los tradicional: azul, verde, combinaciones que envidiarían a cualquier pintor(a) experto en colores pasteles.

Parejas que caminan de la mano, en señal de amor; otros que no lo hacen supongo, dada la posibilidad de separarse donde ella entra a una tienda y él espera pacientemente (¿o impaciente?) fuera (tal vez como señal silenciosa de protesta, ante los gastos posibles, que pueden afectar la cartera o las tarjetas, producto de las compras de ella)

Familias enteras, cuyo fin de semana, el propósito es salir a dar un recorrido por los pasillos del centro comercial, donde los niños (as), descargan su energía subiendo y bajando de un piso a otro, vía escaleras eléctricas.

No puede faltar el sector gastronómico donde más allá de las diferentes especialidades que distinguen unos de otros, de aquí el gusto, el olor, la visión, el tacto y el sonido, se mueven un sinnúmero de personas que laboran como hormigas, con el afán de brindar un excelente servicio.

Justamente – ya una vez deglutido mi cremoso helado – centré mi atención en el hervidero de personas moviéndose en un restaurante en particular al cual había asistido en dos ocasiones: 1. Para la celebración de un cumpleaños y 2. Para atender a unas amistades que por trabajo visitaban el país; más allá del ir y venir de meseros, servidores, corredores[2], hube de visualizar – casual y particularmente – a la persona cuyo rol era el de anfitriona[3], cuyas habilidades laborales y blandas, las manejaba de forma extraordinaria: «¿cuántas personas son…?»; «en breve serán atendidos, muchas gracias»; «por favor, me acompañan»; «que disfruten su estancia.. ».

A la par con su comunicador portátil (walkie-talkie) interactuaba (supongo con otros) con el propósito de agilizar la disponibilidad lo más dinámicamente posible.

Me acerqué a ella, me identifiqué como un cliente ocasional, pero que casualmente había sido atendido por su persona; le solicité hablar con su administrador o gerente – su rostro mostraba incertidumbre, «¿abre hecho algo mal?» -.

Al llegar “su superior”, le plantee al mismo de forma concisa, el excelente desempeño de la anfitriona, “el jefe fue receptivo”, su respuesta. «Gracias»; sin embargo, la de ella fue más amplia, «! gracias jefe!», al cual le respondí. «¿jefe?, no, sencillamente soy Ernesto»; me despedí con una sonrisa, la de ella era más amplia.

Por lo visto, hay personas cuya entrega es total en su labor cotidiana, sin esperar reconocimientos, pero creo que de vez en cuando es necesario realizar un alto y hacerlo.


[1] Conocidas como las leyes de Mendel. S Son el conjunto de reglas básicas sobre la transmisión por herencia genética de las características de los organismos progenitores a su descendencia. Gregor Johann Mendel (1822-1884) fraile agustino católico y naturalista.

[2] Este es un puesto de trabajo que suele estar presente únicamente en restaurantes grandes y de prestigio. El corredor ayuda a que el trabajo del mesero o servidor sea más eficiente, porque se encarga de sacar la comida de la cocina y servirla al cliente lo más rápido posible.

[3] Un anfitrión o anfitriona de un restaurante es una persona que se dedica a recibir a los clientes y ubicarlos en sus mesas correspondientes. Quienes ocupan esta posición tienen un diagrama de la distribución de las mesas, asientos y secciones del establecimiento para garantizar que los servidores o camareros trabajen de forma organizada y eficiente.