lunes, 16 de enero de 2023

La felicidad no es gratis.

Cuando leo lo que escribo y comparto en un medio escrito o digital (como pueden ser las redes) los que más aceptación suelen tener son aquellos donde abordo experiencias personales que promueven fundamentalmente un valor con el complemento de reflexión.

Hecho que también se evidencia en las diferentes plataformas cuando especialistas en diversas ramas como coaching[1] mediante frases que te permiten vincular a una experiencia propia vivida, e inclusive un reto con un respaldo de aliento y positivismo.

¿Acaso esta aceptación, nos conlleva a auto considerar, que se requieren de la búsqueda constante de como ser cada día mejor emocional y sentimentalmente, cuando una vez fue responsabilidad de nuestros padres -porque crecimos-, y de los docentes cuya atención en el plano de valores suelen verse mermados en la medida que nos vamos trasladando de la enseñanza media, media superior y universitario?

Hay quienes pudieran considerar que cuando nuestros jóvenes con el pasar de los años, su formación depende de ellos/as exclusivamente de una ¿madurez que se consolida?, sobre la base del ensayo-error, hecho que entran en contradicción con lo que les relataba al comienzo en los dos primeros párrafos.

Por supuesto, en las redes, no están todos, ni todo debe girar a la información que pulula en un mundo que nos hace pensar que todo está al revés (guerras, exclusión, violencia, etc.) donde al parecer «siempre gana el mal sobre el bien»

Una computadora, una tableta, un celular, cualquier medio, no nos puede proporcionar un abrazo cálido presencial -sincrónico en el ámbito educacional-, (muy lejos del virtual), hecho que por el momento no lo garantiza el metaverso[2] como realidad alternativa, ni tampoco la inteligencia artificial[3].

Cambiar conductas, comportamientos, constituye un proceso, el cual nos trasciende a la velocidad que quisiéramos sobre todo a los que “jugamos” el rol de padre-madre-docente, porque se requiere la inclusión de sentimientos, de dar amor, de provocar una sonrisa en el momento que tu hijo/a, estudiante, tú compañero/a de trabajo lo requiere, más cuando “se tropieza”, para que en ese mismo instante, le escuches, le comprendas, le brindes tu mano, para que se levante, y que le abras una “nueva puerta”, en aras de formar a una persona de bien.

En el caso particular para aquellos que ejercemos la docencia[4], resulta tangible, que son muchas, muchas las ocasiones en que parte de nuestro tiempo extra clase, lo dedicamos a atender a los problemas de nuestros estudiantes -aquellos que cada día vemos sentados y participando, delante en el aula de clase y porque no frente a la pantalla de nuestra computadora.

Los que somos docentes no estamos programados, para trasladar automáticamente mediante alguna aplicación nuestras emociones; las mejores, que son las que impactan en quién las recibe.

Atender a nuestros pupilos es un compromiso emocional, lo cual nos daría el valor agregado, que ellos sean felices al menos en los ratos cortos que dura una clase.



[1] Personas que poseen habilidades de comunicación y de liderazgos cuya relación profesional continuada fomentando el autoconocimiento y el contacto de la persona con su entorno.

[2] Mundo virtual, al que te conectas utilizando una serie de dispositivos que te hará pensar que realmente estas dentro de él, interactuando con todos sus elementos.

[3] Su principal objetivo es la réplica de los procesos cognitivos en máquinas

[4] No queda duda que otras profesiones la llevan a cabo como son los médicos

lunes, 9 de enero de 2023

Posible descontrol con el regreso a clase sin pandemia.

Hace poco conversaba con una docente y nos planteaba la problemática del uso de las TIC en particular, ¿qué sucedería con el regreso a clase?  Si bien ha sido solucionado parcialmente el problema generado por el COVID, donde la respuesta de las instituciones y países han sido muy diferente, como es el caso del uso no obligatorio de la mascarilla sanitaria[1], quedando a criterio de la familia el uso o no de la misma.

Una de las medidas tomadas en su momento fue el distanciamiento (1.5 – 2 m) entre cada silla o pupitre en el aula de clase, lo cual implicaba que los grupos en cuanto a cantidades fuesen reducidos, dependiendo del área del local, ¿15 – 20 estudiantes?, lo cual dicha cantidad para los colegios e instituciones (públicos o privados), en general constituyó un reto dada la disponibilidad de más locales o bien una reorganización de horarios con el afán de dar respuestas a grupos pequeños de estudiantes.

Acciones que fueron evidentes para dar una respuesta al virus, por lo que mencionaría que hasta aquí excelente; otra medida resultó clases en línea, entiéndase modalidad remota (mal llamada virtual) que, si bien el propósito fue dar una respuesta al estudiantado para todos los subsistemas de educación, no queda duda que afectó la calidad de la enseñanza, siendo obvio el dolor de cabeza creado fundamentalmente para los niveles de primaria y secundaria básica.

La problemática que surge en este momento – tratando de proporcionar posibles preguntas -  respuestas a la profesora - con el retorno a clases son varias: ¿retroceder a grupos numerosos?, ¿reducir el uso de las TIC, en cuanto a su uso, regresando a la simplicidad de clases meramente expositivas, apoyándose en un data show o proyector?, ¿prohibir el uso de celulares dado el uso como un elemento de distracción por parte de los estudiantes?

Pareciera ser que el tiempo de “prohibición” del uso de celulares, pudiera retornar, pudiera, dado que si bien el uso de dicho dispositivo primaba en los jóvenes para (mal) comunicarse y no para el uso en clases, no logró su objetivo, ¿por qué se preguntará? No necesariamente los docentes fueron capacitados para ellos, por lo que cada cual, posiblemente su actuar fue independiente (“cada profesor tiene su librito”) – tratándolo de hacer lo mejor posible – no así donde hubo trabajo de colectivos de disciplina o asignaturas, con la elaboración de un sílabo o plan-clase, cuyo resultado debió ser mucho mejor.  

Capacitados (o incapacitados) para elaborar materiales complementarios y subirlos al chat; el no establecimiento de horarios fijos para la atención a los estudiantes, lo que se convierte en una encrucijada para estos últimos cuando son de 6 a 7 clases, su propia organización.

No necesariamente -lo cual era necesario, aunque fuese temporal – se realizaron las revisiones correspondientes a la actualización de reglamentos y normas, que respaldasen al docente y también al estudiante en esa etapa. Lo cual no culpo, ya que el virus trastocó a todos los seres humanos, a las instituciones, empresas, negocios (de toda naturaleza), moviéndonos “el piso”, cuando el resultado podía ser la muerte del individuo.

Realmente las respuestas que dio el profesorado fueron dignas de reconocer, exceso de horas que diría llegando al extremo de la racionalidad o irracionalidad, ¿y ahora que harán las instituciones con sus docentes y estudiantes?

De no analizar a quienes correspondan los pro y contra de un regreso a la normalidad con el uso racional, organizado de las TIC – lo cual es una herramienta real, existente, imparable – que favorezca el proceso de enseñanza – aprendizaje, vinculado a nuevas estrategias para su uso, podrías retrocederá algunos años atrás y por ende nuestros estudiantes pudieran graduarse siendo menos competentes y no dejo detrás a los docentes.


[1] También llamado nasobuco, barbijo, cubre boca,  

lunes, 2 de enero de 2023

Los años no tienen por qué marcar la retirada.

Posiblemente usted que lee o escucha[1] mis artículos siempre en el campo de la educación, pensará que fui un buen estudiante en mi etapa de los primeros años de la universidad, pues sencillamente NO, tomaba con poca seriedad la preparación para los exámenes, estudiaba el día antes -cuando nos daban una semana de preparación para los mismos- y por supuesto las consecuencias están claras que me convertí en un pésimo estudiante por lo que perdí un año de estudio.

La reprimenda de mis padres fue la que les correspondía -ellos nunca tuvieron la opción de pisar ni un escalón de una universidad-, lo que conllevó a «ahora tendrás que ver lo que haces, nosotros no podemos mantenerte»

Todas las puertas se cerraron, perdida de tiempo, 18 años sin saber nada que hacer, nada, pero los “ángeles, ¡existen!, y la mamá de un amigo de la infancia, que era maestra, me dijo que porqué no daba clases, ¿clases?; casualmente, las coincidencias, fueron publicadas convocatorias de jóvenes para insertarse en el magisterio, ante el déficit de profesores en ese momento.

Con un año de licenciatura en química perdido, con un título de graduado como bachiller, realmente no servía para nada, que hablar de hoja de vida o curriculum vitae, nada un simple mortal indefenso, sin embargo, las otras personas que aplicaban a pasar un curso emergente de unos seis meses para poder impartir clases, no necesariamente tenían una “preparación” como la mía.

Pasó el tiempo de preparación y fui asignado a una escuela secundaria, donde mis alumnos sus edades oscilaban entre 20 y 28 años (recuerden yo con 18), lo que implicaba un alto retraso escolar en el grado de noveno, a lo que se sumaba que los mismos (algunos poseían antecedentes penales, madres solteras, etc.), realmente ello constituyó una experiencia que aún recuerdo como si fuese hoy.

Pasaron años, “la espina de mal estudiante” debía quitármela si quería ser como educador un transmisor de conocimiento, pero también de valores, por lo que, laborando entré nuevamente a la universidad, graduándome 5 años después y siendo el mejor graduado de la carrera de ese año en el campo de la educación.

Pasaron décadas, ya como docente universitario, profesión que adoro, por lo que nunca pensé en jubilarme, mientras tuviese la fuerza, energía y salud necesaria para dejar de enseñar, continuar superándome (adentrándome en el campo del uso de la tecnología, en cursos de posgrados vinculados a la profesión y otros) que hoy en día continúo aprendiendo y aplicando.

Creo que una vez, una, pensé – que comparado con otras profesiones- que ser docente, lo puedes hacer con más de 60, 65 años, a diferencia de otras; ¿acaso pasar “a retiro” constituiría un alejamiento total de las aulas?, sencillamente NO.

Ello me establecía un reto, grande, pasar de una vida cotidiana de lidiar con estudiantes y docentes, a una de silencio, sin repartir consejos para aquellos jóvenes que se equivocaban -como una vez me sucedió, ¿recuerdan? – y no quería que cometieran mis propios errores; silencio en aprender de los (mis docentes) que acompañaba en sus clases para recomendarles lo que diría detalles en lo observado y superarlos.

Realmente era complejo cambiar de entorno de uno ¿bullicioso? a uno de ¿aislamiento?, NO, hecho que me conllevó a céntrame en -apoyándome en la tecnología- en la impartición de webinares, en escribir, para lectores sobre todo en medios periodísticos y que estos leyesen, (docentes, estudiantes, padres de familia, público en general) algo tan necesario como es la educación para tratar de contrarrestar al menos con “una pizca” los hechos sociales tan complejos que nos aplastan, y que abarcan los primeros planos prácticamente en todos los medios audiovisuales.

En fin, la edad, no es una causa, para pasar a retiro. Los años vividos y trabajados son experiencias acumuladas, de los cuales, lo mejor -inclusive sin que haya tenido la formación académica necesaria-, para transmitir los mejores valores. ¿Me equivoco?



[1] Podcast; Educación Reflexiones

lunes, 26 de diciembre de 2022

Pocos días para mejores días.

Cuando estamos próximos a culminar los 365 del presente año (5 días; 120 horas; 7200 minutos) donde posiblemente estemos visualizando donde ir, con quien ir, con quien quedarse, con quien compartir, con que celebrar, que comprar, que tenemos para consumir, que apreciar en caso de quedarnos en casa ¿película, serie, música?, cómo sentarnos en la mesa a la hora de cenar, cómo ornamentar la casa, ¿pintar?; ¿comprar nuevas cosas para el arbolito?; a quién llamar o ver virtualmente ¿antes o después de las 12 de la noche o a las 12:01 am, teniendo en cuenta los usos horarios?; los regalos ¿ya se compraron?, ¿los empaques?; el balde o cubo de agua, para su contenido tirarlo hacia la calle; la compra de fuegos artificiales; las uvas, la sidra o vino; la maleta lista (vacía) para darle una vuelta a la cuadra como augurio de viajes; ¿qué me falta…?Por lo visto, un sinfín de preparativos que nos genera un ambiente indiscutiblemente festivo.

Sin embargo, en lo personal, acudo a un conjunto de remembranzas[1], algo así como suelen hacer muchos noticieros en la televisión que realizan – comúnmente el día 1ero del nuevo año – un resumen de los principales hechos acaecidos.

Partiendo de los logros individuales y colectivos (de la familia, de las amistades), un año donde he adquirido más ideas (las musas se han comportado de maravilla), diría que prolífero, para ser concretadas en artículos o podcast que han conllevado a lecturas o escuchas respectivamente que refuercen la formación en el aprendizaje a padres de familia, docentes, directores, personal auxiliar, en lo que implica una palabra tan bella y a la vez compleja, como es la EDUCACIÓN, utilizando para ello recursos digitales tan importantes como las redes sociales, periódicos (digitales o impresos), donde he pretendido que irradie el respeto, mediante palabras, ilustraciones, que a su vez permitan la reflexión y con ello generar al menos ciertos cambios conductuales.

En lo colectivo, como logros, el incremento de la familia y por ende del árbol genealógico – sobrinas, sobrinos que nos han proporcionado la felicidad de nuevos descendientes y convertirme en tío – abuelo; un año que termina rodeado de virus y sus nuevas variantes, pero del cual no nos hemos visto afectados, cuidándonos, vacunados; un mayor acercamiento al menos virtual, saludando y celebrando los cumpleaños de la familia, los pases de grado en la escuela del “nieteral”; el desempeño exitoso de los mayores cada cual en su centro de trabajo, a pesar de los bemoles sociales de cada país donde viven.

Y, ¿en el caso de la carta al niño Dios o a Santa Claus o Reyes magos para el año venidero? Salud, crecer intelectualmente, estudiar, aprender más, más, superarme; lograr más adeptos a lo que trato de transmitir, ya que con ello logro – posiblemente - sensibilizar los sentidos de los mismos, ante la carencia y en el mejor de los casos de la insuficiencia de la información donde “conversemos” sobre temas necesarios, que contraponen a los antivalores, que nos sobresaturan por todas partes. Por supuesto, aunque sea una semilla que prenda y cuya planta florezca, dentro de un mar de problemas sociales, que son reales, dormiré mucho mejor.

Para mi esposa, hija, madre, que me sigan acompañando como hasta ahora lo hemos logrado; excelente comunicación, donde ha predominado la verdad, la sensatez, la tolerancia, el respeto, las mejores soluciones a través del consenso y sobre todo el amor.

A todos/as quien lea este artículo o quien lo escuche, les deseo muchas cosas buenas, muchas, que lo que se propongan, lo alcancen. Nota: si forma parte de su tradición, no olvide lanzar su balde o cubo con agua hacia la calle ahuyentado con ello las penas del año que termina y dándole la bienvenida a uno lleno de prosperidad y buenas vibras. ¡Feliz año nuevo!

[1] Imagen o conjunto de imágenes de hechos o situaciones pasados que quedan en la mente.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Hechos que dejan huellas.

Cuando son décadas de impartir clases, muchas han de ser las huellas que puedes haber dejado en tus miles, cientos de miles de estudiantes -sin necesidad de realizar un estimado apoyándome en cifras, que no tendrían sentido en este momento-, pero que a su vez en ti acciones puntuales “te mueven el piso”, donde si bien te conmueven, a la vez te regocijas de lo real-maravilloso que es ser docente.

No queda duda que cada persona que asume este rol habrá de tener experiencias: tanto agradables, como frustraciones, que podrán rememorar a colación del presente artículo, del cual conversaré en modo asincrónico con cada lector.

Recientemente recibí una invitación a través de una red para darle aceptar, ¿nombre?, «me resulta familiar», ¿investigar mediante las imágenes (fotos, videos), al ser un tanto cauteloso de quién podría ser?; visualizar y automáticamente trasladarme con el tiempo a unos 30 años aproximadamente, concluyendo con un aceptar.

En tres décadas pasan muchas cosas, una estudiante que se profesionaliza, que alcanza sus sueños basados en el don de la perseverancia, sin importar su discapacidad física lo cual no constituía en ningún momento un alto en ser excluida por sus compañeros(as) de clase por dicho motivo, sino al contrario: recibida con sonrisas, con voluntarios -que se peleaban entre sí-, para que una vez que sus padres la dejasen a la entrada de la escuela, conducirla al aula trasladándola en su sillón de ruedas y colocarla de primerito próximo a su profesor(a)

Su grupo la admiraba, no por ser condesciéndete con ella, al contrario, por su escudo mágico de inteligencia, de participación, de aportes, de ser la primera siempre en la entrega de tareas, de ayudar a quién plantease una duda o colaboración en un trabajo propio de la asignatura.

Ella tuvo en mi un impacto indescriptible –venía de impartir clases en una universidad cuyo perfil era la formación de profesores, jóvenes de otras edades, otros intereses, otras metas, otros sueños- al ser una estudiante de apenas noveno grado (o tercer año de secundaria), en mi rol como formador desde una posición anterior de conferencista[1], a sacar de uno, todo una serie de valores como el amor, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, el saber adaptarme a algo nuevo, que a partir de ese momento me hizo ser más humano.

Terminó el año escolar, pasé nuevamente a la enseñanza superior, y dejé de verla físicamente; años después -en un medio escrito digital o red social, no recuerdo bien para ser honesto- supe de ella al ser la mejor graduada de su carrera universitaria, con honores, hecho que me generó alegría, la satisfacción del deber cumplido: entregar a la sociedad jóvenes íntegros, capaces de cambiar el mundo con su accionar.

Su mundo no se detuvo con su nueva profesión: psicóloga, a ello le sumo convertirse en una directora de un pre escolar o prekinder.

Vía chat -conversamos-, que hacía en este en este momento, aproveché para compartirle de mis e-book, para su profesorado, como regalo que mencionaría como especial, ¿por qué?, por su ejemplo para sus estudiantes, padres de familias, profesores.

Hablamos-chateamos- unos minutos, donde posiblemente mi corazón latía por encima de lo normal, sin tener en cuenta la subida de presión controlada; por supuesto no nos despedimos: se comprometió a seguir mis escritos.

Concluí con ¡muchas gracias!


[1] Principio de la década de los 80 del siglo pasado, donde el docente su rol era otro.

lunes, 12 de diciembre de 2022

¿Salsa?

En el ámbito de la cocina para cualquier especialista o amateur, podría entenderlo como «Mezcla de sustancias se emplea para condimentar la comida, mezclada con ella o servida aparte», sin embargo, el significado cambia, cuando me refiero a salsa + baile.

Tratemos de justificarlo en la búsqueda de alguna relación, semejanza o diferencia conceptual; ¿definición de salsa como baile? «La salsa es un conjunto de ritmos afrocaribeños fusionados con jazz y otros estilos, difundidos debido a la inmigración de población latinoamericana al mundo entero»

¿Luego?, como bien se condimenta una comida, una salsa latina, se condimenta con el ritmo que la pareja le añade al son de la música o de uno de los miembros de la pareja que funciona como líder (usualmente el hombre)[1]; otro factor que le da un 'sabor' inigualable es el movimiento del cuerpo (de ambos) aunque en el caso del hombre la parte superior de su cuerpo permanece nivelada y casi no es afectada, mientras que las caderas quedan atrapadas en la mitad y terminan moviéndose considerablemente; en el caso de la mujer su contoneo es mayor, exagerado tanto en los hombros como las caderas.

¿Acaso cuando preparas tu salsa para la comida, no la revuelves? En la salsa de baile, ¡también! Ocurre cuando los bailarines se toman por una o ambas manos, especialmente para movimientos que envuelven giros, poner los brazos detrás de la espalda o moverse uno alrededor del otro.

¿Alguna otra semejanza o paralelismo? Sí, cuando vas añadir algún ingrediente, deberás tener en cuenta alguna receta o inclusive a «ojo de buen cubero[2]» y en el caso de la ¿otra? Sencillo, hay recetas para ello a los que le llaman pasos, por ejemplo: La salsa se baila en compás de 4/4. Los pasos básicos se extienden, no obstante, sobre dos compases, por lo que los bailarines cuentan no de a cuatro, sino de a ocho.

El principio es alternar los pasos izquierdo (i) y derecho (d). En el caso de la fémina, los pasos son invertidos: (d) e (i), enseguida). La ligera dificultad es moverlos con el ritmo de la música: izquierda-derecha-izquierda-pausa y derecha-izquierda-derecha-pausa —(d)-(i)-(d)-(pausa) y (i)-(d)-(i)-(pausa), para las mujeres—.

El cuarto tiempo es una pausa; algunos cuentan: «1, 2, 3, ( ), 5, 6, 7, ( )» o «1, 2, 3, y 4, 5, 6 y» (sic) en lugar de «1, 2, 3, 4 (5, 6, 7, 8)». Aunque no se cuenta el tiempo de la pausa, es muy importante marcarla.


En resumen: comienza en el primer tiempo, conjuntamente con el canto y los instrumentos; aunque la pausa pone el énfasis, junto con la percusión, en el cuarto tiempo.

¿Difícil? No, tal vez el de la cocina, en lo personal es más complejo; ¿Bailar? Sencillo, en mi caso lo aprendí bajo el modo ensayo-error con ayuda de mi grupo del colegio y hasta hoy no se me ha olvidado.

¿Un consejo? Pruebe con los dos: cocinar y echar su 'pasillito' y decida usted, ¡con cual se siente mejor!


[1] Cuando se baila salsa, en la llamada rueda de casino, hay mujeres que lideran la misma.

[2] Locución adverbial. Con imprecisión o usando una medida meramente estimada, sin ayudarse de ningún tipo de peso o medida.

lunes, 5 de diciembre de 2022

La palabra precisa ¿existe?

Son muchas las ocasiones que cuando escribes, atinar a una palabra cualquiera fuese resulta difícil, tal es así que existen para una varias acepciones o significados, todo depende del sentido con que se use por supuesto.

Termino que nos alivia el poder precisar o no cuando hacemos uso del vocablo «literalmente», ¿literalmente?, cuyo uso nos señala que lo que se está diciendo no es una exageración o una forma de hablar, sencillamente es «algo que ocurre tal y como lo estamos verbalizando, en un sentido no metafórico[1]»

¿Y choca o contradice expresarnos literalmente con ser preciso? Pareciera que no cuando me remito una vez más al diccionario, el cual señala ‘preciso’ «Que es rigurosamente ajustado, exacto o fiel», por ejemplo: "un lenguaje muy preciso" 

Si terminase aquí, diría que he llegado a una conclusión un tanto simplona que preciso y literalmente en cuanto a significado son sinónimos.  Y siendo autocrítico, un tanto tonta. 

Pero me extiendo un poco más para tratar de darle solidez al nombre del artículo; hace muchos años, muchos hube de obtener un reconocimiento por un trabajo realizado, pero que por las circunstancias de ese momento lo que me hubiese gustado, -como solía suceder cuando un grupo de compañeros lograban el mismo resultado-, se daba a conocer en un acto sencillo pero muy emotivo, por la responsabilidad que en un momento nos había sido otorgada. 

Cuando me lo entregaron, la persona dijo «toma», añado literal y/o precisa, ni una coma más o menos. Lo observé, lo guardé en mi mochila y por pena, insatisfacción al llegar a casa el reconocimiento lo oculté (en modo preciso o literal), allí estuvo y de cuando en vez de forma casual o incidental, lo observaba y de nuevo a su “refugio”. 

Por supuesto la mala experiencia o frustración no la podía obviar (que realmente para ser sincero, aún no la he obviado, lo guardo en algunas de las circunvoluciones de mi cerebro) , pero como tras cada “tropezón”, surge una enseñanza, más en mi profesión como docente, como humano y era estimular, reconocer el mérito o méritos de aquellos que a lo largo de mi vida formasen parte del ámbito laboral: coordinadores, profesores, estudiantes. 

Desde los más cercanos como colectivo dada las responsabilidades administrativas en su momento, como a los docentes del área que me correspondía atender, esencialmente por su desempeño, pero también promover que se extendiese a nivel institucional. 

Siempre trataba de manejar el momento oportuno, apoyándome en resultados positivos tangibles que fuesen destacados, que se diferenciasen de lo común al evidenciarse esfuerzo, transparencia, a diferencia de lo rutinario, para tratar casi por todos los medios el recelo o la inconformidad, dado que en su momento unos/as podrían simpatizar, otros/as no; por supuesto un proceso que lleva tiempo, pero que al final lo pude lograr (creo); una vez más se me acaba la cuartilla, luego concluyo «la palabra precisa existe, pero también la sonrisa perfecta (literalmente), de quién usted reconoce, porque se lo merece» 

Nota: este cuento o relato, es real, aunque cualquier semejanza con personas vivas, es pura coincidencia.



[1] Metafórico: realidad o concepto que se expresan por medio de una realidad o concepto diferentes con los que lo representado guarda cierta relación de semejanza.