lunes, 27 de enero de 2025

Números y comerciales

En otras ocasiones he abordado la importancia de los números, su aplicación la cual le proporciona un sentido tangible a la vida, al propio aprendizaje, pero a la vez ser rechazada por muchos jóvenes con el estudio de las matemáticas que desfavorablemente se sigue enseñando con mucho tradicionalismo…,

El profe: «… la regla de tres simple consta de cuatro términos, dos magnitudes proporcionales entre sí, y una tercera magnitud. A partir de estos, averiguaremos el cuarto término de la proporcionalidad»; y por supuesto el ejemplo: Si necesito 8 litros de pintura para pintar 2 habitaciones, ¿cuántos litros necesito para pintar 5 habitaciones? Y… ¡ya! , finalmente el docente lo resuelve.

El estudiante: «…. Profe, ¡que aburrido!»

No hay mejor aula que el mundo – e inclusive ¿porque no dar una clase a modo de resumen fuera de ella? - que nos rodea, ir a un super mercado o mall, por ejemplo.

El profe: «estudiantes, cuadernos en mano, pasemos a retirar una carretilla, cada equipo estará conformados por tres participantes y seleccionarán en las diferentes áreas de la tienda, 3 productos enlatados o envasados, en cuyas etiquetas contengan números por ejemplo fecha de caducidad, peso de los productos, etc.; pero además describirán la utilidad del producto; nos vemos en 15 minutos»; los estudiantes ni corto ni perezoso, van en la búsqueda de los productos.

En un área alejada del local – previa solicitud a la administración del lugar, para no interrumpir el paso de los transeúntes – nos reunimos y comenzamos el cumplimiento de la tarea asignada; poco a poco fueron exponiendo los diferentes equipos, pero como siempre podría suceder hay un estudiante bromista.

El estudiante: «Profe, de este producto – papel sanitario en mano – ya averigüé cuantos rollos trae el empaque, fecha de caducidad, el peso, pero…me llamó la atención un número y es el siguiente: cada rollo mide de extensión 250 metros, ¿para qué ese dato?

La respuesta – mientras que el resto de los estudiantes, se reían no de forma estruendosa, ante el reto – demoró unos segundos, la cual debía ser seria, pero a la vez de forma jovial.

El profe: «¿a que le atribuyes que pongan la extensión?» El estudiante bromista permaneció en silencio, no lo esperaba; ¿otro estudiante le puede ayudar?

La estudiante: «Profesor, la respuesta es sencilla, mientras más sea la extensión del rollo, ¡más la durabilidad del mismo!, pero además añadió, «y eso ayudará a la competencia entre los fabricantes, más extenso, más ventas y menos gastos para el consumidor»

Lo que parecía que todo quedaría en una broma sin respuesta, lo dicho por la estudiante nos dejó, repito NOS DEJÓ con la boca abierta; pero hay más, el equipo de la joven en cuestión la aplaudieron de forma espontánea, yo me sumé, el resto también.

En lo personal sentí por dentro mucha alegría, ya que había logrado motivar a los jóvenes a PENSAR, pero sobre todo que APLIQUEN los conocimientos y no las reglas de forma dogmática.

Usted estimado docente, si usted (inclusive los padres de familia), nunca dude que nuestros estudiantes no saben, que no lo van a responder, no, NO DUDE; nuestros chicos son excepcionales, ¡LO SON!, El secreto está en que ‘extraigan’ con procedimientos y metodologías, de los mismos eso que tienen guardado, su entendimiento, inteligencia, discernimiento, consciencia, razón, intuición, saber, su erudición, cultura, sabiduría, competencia, ...; y para aquellos que dado los niveles de aprendizaje difieren, deberán ser apoyados por sus propios compañeros, atención individual del docente y… de los propios padres.

lunes, 20 de enero de 2025

Creer o no creer…

El título pareciera ser al de William Shakespeare, en la obra (de teatro) Hamlet, donde expresa: "To be, or not to be” / "Ser o no ser", que se parece, pero no es igual; el termino creer, entiéndase «Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado», nos lleva a muchos planos por ejemplo, el religioso, pero de ampliar el espectro y en particular a las orientaciones y enseñanzas que nos transmiten nuestros padres y docentes, que por supuesto han de resultar esencialmente educativas, formativas, la credibilidad se acercará a la realidad, siendo confirmada en el tiempo.

También creemos en la información que nos brindan los textos escolares, ya en las redes las cosas cambian, donde en muchos casos hay desbalance entre lo verdadero en cuanto a información y las falsas noticias (fake news), teniendo en cuenta el abrumador número de personas que comentan, que opinan, y que distorsionan un tanto el mundo en el que vivimos.

Pero, ¿y en el caso de los horóscopos[1]?, he dado clic en el buscador y me han aparecido n periódicos, n, lo que me conduce a pensar que son muchas las personas que recurren al mismo para ¿confiar?, en como le irá en el día; si bien esta carta astrológica o natal, constituyen un método de predicción, aunque no demostrado que se basa en la posición arbitraria de los astros al momento de nacer, considerándose por algunos una pseudociencia.

¿Y realmente es efectivo lo que nos enuncian? ¿lo que me dicen en el trabajo, con que signos eres afín o no, en la salud, en lo económico y en el amor? La creencia en la efectividad del horóscopo se ve potenciada por un fenómeno psicológico normal, la apofenia, que se caracteriza por la tendencia a encontrar patrones y conexiones entre cosas que no están relacionadas, nos conllevan a un análisis de la situación actual – el entorno – para valorar si atinó o no.

Los supuestos “vaticinios” – con frecuencias anuales, mensuales y diarias -, a la que posiblemente mientras más amplio el período, posiblemente se desvanezca la credibilidad… «… si claro si el horóscopo me dijo que en el segundo semestre mejoraría mi…» o sea hago que pasó, pero si recurrimos a una más estricta, que, es el hoy, como será "mi día", si te sale que en el amor que «… la tensión se disipará y logrará que la atracción facilite un encuentro sinigual», ¿se perfumará ese día más?

Que en trabajo y negocio «el clima laboral será cooperativo y facilitará proyectos» y resultas que eres jubilado, cuando difícilmente encuentres trabajo y pases a cuestionar tal clima, ¿el laboral?, no será ¿el del hogar?, donde la cooperación es poca, los nietos por encima de los muebles, juguetes desordenados…

En negocios, «… momento para ahorrar…» y resulta que con dificultad le alcanzará el dinero para comprar los útiles escolares, el pago de la mensualidad de la escuela; ¿y si está próximo a casarse y la persona seleccionada para "que hasta la muerte nos separe", resulta que no es compatible o afín con los signos zodiacales, ¿renunciará al matrimonio, ¿cuándo ya las invitaciones fueron enviadas, los anillos seleccionados, el alquiler de los trajes, …?

Por lo visto con todas las interrogantes anteriores ante los enunciados "horoscopeños u horoscopenses", podrán poner en duda o reafirmar el vaticinio del correcto ordenamiento de los astros.

No obstante, cuando he leído, «tenga cuidado al manejar, ya que podría sufrir un accidente…», ese día me traslado más despacio… ni modo.



[1] El horóscopo se originó en Babilonia hace aproximadamente 2.500 años. Los babilonios desarrollaron una forma primitiva de astrología, observando los movimientos de los planetas y las estrellas para predecir eventos terrestres; Port su parte los griegos fueron los encargados de sistematizar la técnica del horóscopo tal y como la conocemos hoy.

lunes, 13 de enero de 2025

¿Difícil? ..., pero rescatable.

Lo que sucede en este instante, en unos minutos horas, se convierte sencillamente en pasado, entiéndase tiempo que ya sucedió y que, en una línea cronológica, ha quedado atrás; pero…, estas dos primeras líneas me resultan, cuando le presto atención detenidamente, algo como ¿seco?, ¿tajante?, ¿frio?, por tanto, creo que amerita ser un tanto más explícito, algo así como añadirle una buena sazón (al menos es mi intención, aunque de cocina solo se abrir latas…sin comentarios)

Un breve relato – el cual no amplio mucho, para evitar humedecer estas hojas virtuales – en el cual ponían en la balanza varias emociones: felicidad por el rato consumido (estoy escribiendo en pasado) durante una semana atípica donde el tiempo se hizo corto (aquí entra la relatividad del tiempo, donde dos acontecimientos que parecen simultáneos desde la perspectiva de alguien, no lo sean desde la perspectiva de otra persona, donde ambos están en lo cierto) porque disfruté con mi hija después de casi un par de años de no verlacuyo impacto presencial no es lo mismo jamás que virtual – , coincidiendo con mi onomástico.

Tire la casa por la ventana – casi el equivalente económico a tres meses de jubilación, pero les cuento no importó, es más lo volvería a hacer – fuimos a lo que el tiempo nos permitió, en resumen: el presentarle la cultura de un nuevo país (música, centros turísticos, gastronomía, su gente, etc.), por supuesto siendo el tiempo indetenible, llegó el momento de la despedida: ambos al pie de la escalerilla del bus que la regresaría a nuestro país de origen, mientras que la azafata revisaba la documentación que estuviese en regla muchos eran los sentimientos encontrados: ¿reír, llorar?, donde ambos verbos se mezclaban, sin una línea roja por medio, eso sí era y soy feliz.

Siendo la felicidad un «estado de grata satisfacción espiritual y física», ampliando el espectro – donde si bien está claro que no podemos ser feliz las 24 horas del día, ni todos los días de la semana, pero sí en momentos puntuales – como el relatado -, lo somos cuando sabemos que la salud de nuestros familiares más allegados (incluyo amigos), es la adecuada; cuando hay personas que en su trabajo, tienen un adecuado desempeño (a pesar que no compagine sus títulos académicos) pero que luchan y se esfuerzan por garantizar las necesidades básicas de su familia y que posteriormente logran encausar su verdadero rol como profesional.

Cuando revisas ‘las ramas de tu árbol genealógico’ y aprecias como tanto descendientes y ascendentes han sido personas donde la educación y los valores constituyeron el tronco central y esencial para ser personas de bien, a pesar que no todos tuvieron la opción de sentarse en un pupitre, pero sí nos enseñaron a respetar, a escuchar, ser honestos, solidarios, honrados, diligentes en el actuar, en resumen, vivir sin dañar o perjudicar a los demás.

Ser feliz – siendo rescatable, dada la maravilla de nuestro cerebro y su capacidad mediante la memoria de volver a recordar hechos, ideas, sensaciones, referidos a gratos momentos compartidos, vividos, al ser retenidos y recuperados voluntariamente – cuando trasladamos de un pasado a un presente, cerrando los ojos y soñamos en blanco y negro o a colores, que en el mejor de los casos reforzamos con la ayuda de fotos, film, etc.

Felicidad que puede ser extendida a un futuro, cuando se tienen objetivos realistas, metas y deseos por los que luchar, cuando creemos en nosotros mismos y tenemos la esperanza que las “cosas” estarán bien, sentirse con ánimos, pero sin adelantarnos a los acontecimientos, siendo pragmáticos, resilientes.

Diría que la felicidad, siendo esos pequeños momentos esencialmente vividos (sin excluir ese instante momento donde lo somos), como piezas de un rompe cabezas – donde al comienzo algunas encajan y otras no, pero que con mucha paciencia vas articulando y avanzando, bogando por un ‘un mar que no es el de los sargazos’ -, donde no necesariamente nos sentamos a armar, pero si desear que tú y los tuyos ante todo tengan presente hacer la vida lo mejor posible, sustituyendo los malos momentos por los más gratos.

¿Te parece?

lunes, 6 de enero de 2025

Una evaluación, ¿laxa para los padres?

Un elemento real, tangible y a la vez preocupante, es cuando se enjuicia o se subvalora al docente por parte de los padres, hecho este al igual que los rumores o comentarios negativos que pueden perjudicar enormemente la profesionalidad y funciones de un profesor, y la motivación que luego pueden tener en su trabajo diario.

‘Un talón de Aquiles’[1] en el profesorado que hace ‘saltar las alarmas’ a los padres de familia, resulta cuando sus descendientes, se ven afectados por los bajos resultados en las evaluaciones, algo así como «me sorprende…pero si él o ella, nunca, pero nunca habían salido mal en las notas…».

Estamos claro que los profesores son los responsables de la educación de sus hijos en el centro de enseñanza, ocupando un rol de complemento de la educación que acompaña la gestión que han de realizar los padres en el hogar, NO la sustitución; ¿lo ideal?, que exista una sensación de equipo padres - docentes, de complementariedad, cooperación y colaboración.

El factor sorpresa para los padres, no ha de resultar una justificación que permita ‘tambalear’, el desempeño del docente, que no solo imparte contenidos de la asignatura literalmente, ya que también promueve mediante un sinnúmero de actividades que fortalecen la formación en valores: trabajar en equipo, la entrega de tareas a tiempo, la honestidad, el amor y respeto a los símbolos patrios, entre otros muchos, pero que además dedica un tiempo extra, muy extra en su preparación misma.

Por supuesto entre ambos ‘bandos’ deberá primar una comunicación efectiva y asertiva que acerque a estos protagonistas donde desde la escuela (docente y apoyo institucional) se informe, se analice la marcha integra del estudiante, que no solo se dará a conocer lo negativo, no, también lo positivo.

Si bien lo anterior ha de ser una – dentro de tantas - herramienta esencial, vital, para el mejor desempeño del estudiantado, suele ocurrir y posiblemente con mayor énfasis acorde a la indebida interpretación que la exigencia, el rigor por parte del docente, resulta el factor clave para los deficientes resultados académicos de los estudiantes; no así en el caso de padres que en su momento pudieron ser castigados bajo el efecto de alguna amenaza de agresión física, por ejemplo: ¡Sino sacas buenas notas, ves esta chinela o chancleta[2]…!, pero que en los tiempos modernos,  suelen asumir .– no todos  – un escudo de paternalismo proteccionista, laxo, ante la evaluación.

«¿Qué…dejó a mi hijo aplazado por un punto?»; «iNo, esto no queda aquí, voy a hablar con la dirección…!».

En cualquier caso, ante un llamado de atención que el estudiante reciba, será esencial que el padre tenga conocimiento de ello, pero que actúe en coherencia con el centro, manifestando su disgusto al hijo (no con el profesor), que, de demostrarle complicidad a su hijo, criticando al profesor, es muy probable que el discípulo se sienta defendido, «intocable», y le dé igual el llamado de atención o sanción que se le hizo, que por supuesto ante esa falacia, más temprano que tarde el estudiante será afectado.


No olvide que la coherencia de las actuaciones educativas entre centro y casa es, uno de los factores más importantes para garantizar buenos resultados académicos, pero también un adecuado desarrollo como persona; hay cuestiones del día a día que los padres no pueden conocer porque no están en el aula, por lo que los docentes deberán de tener un voto de confianza.



[1] Expresión que se utiliza para referirse a un punto débil de una persona o cosa.

[2] También llamada pantufla, chancla, sandalia…

lunes, 30 de diciembre de 2024

Recordar es volver…

Aunque ya han pasado algunos años, siempre que regresaba, no podía faltar que unos de los lugares a visitar dentro de la casa, allí en una de las gavetas del closet, las múltiples fotos en blanco y negro donde se plasmaban años desde mi infancia, el nacimiento mis hermanos, abuelos, primos, amigos cercanos – los del barrio – verlos crecer y multiplicarse con los primeros nietos de la familia.

Dónde en las primeras ocasiones le pedí permiso a mi madre, para tomar algunas físicamente – no tenía ni cámara, y menos celular – hecho que ella asumió a regañadientes, el desprenderse de la historia recogida en dichas imágenes cuyas tonalidades cambiaban con el decursar del tiempo a grises y en algunos casos deterioradas en sus bordes.

En una y única ocasión – ya más de 10 años – pudimos reunirnos en casa de uno de mis hermanos varones, donde uno de las muestras de recibimiento a un costado de la escalera, era un mural donde en ellas se mostraban las fotos que procedían de la misma gaveta, del mismo closet, pero en esta ocasión el número era mucho mayor; por supuesto recibimos (mi hermana y yo) un tour de recuerdos, acompañados de nostalgia, pero que en esta ocasión se materializaba con vernos todos presencialmente.

La jornada fue fabulosa, inolvidable, pero que ya en esta ocasión las fotos tomadas eran en colores, - lo que daba un sentido de los avances tecnológicos y ligado a ello la profundidad del color por pixel[1] donde se incorporan los colores primarios (rojo, verde y azul) y sus múltiples combinaciones -, recogiendo a lo largo de casi ¿8 horas?, lo que hacíamos conversar, sentados donde había silla (éramos muchos) que por suerte aguantaban hasta dos y cuyo espacio reducido nos permitía abrazarnos, estar más cerca como señal de rescatar los momentos separados por el azar de las vidas dado los rumbos que en su momento decidió cada cual.

No podían faltar los platos típicos, esos que añorábamos de siempre sin importar el sobre cumplimiento de calorías proporcionados por carbohidratos, proteínas y lípidos; que decir de la música esa que, con los primeros sonidos de la clave, el bongó, la tumbadora, acompañado del eco con nuestras palmadas sin mucha resistencia transformábamos parte de la pequeña sala en un “amplio” salón de bailes.

Se tomaron fotos de todo – como constancia gráfica – fotos tradicionales: mamá e hijos; la familia en toda su extensión, aprovechándonos para apretarnos una vez más, sentados a la mesa… en fin, un día histórico; pero que en esta ocasión las imágenes no todas irían a parar a un álbum físico, sino a uno virtual.

Imágenes que una y otra vez son recordadas – de forma cíclica, con un período determinado (años) - por la magia de la programación de quienes diseñan las redes, y que te sorprenden, sencillamente porque muchas nos las recuerdas cuya impresión primera es una leve sonrisa y cuya mente prodigiosa te traslada a ese momento (y posiblemente siendo único ya que una vez observada “desaparece”, sino aprovechas para descargarla), después posiblemente una añoranza.

Algo parecido a cuando apreciabas las fotos dispersas ¿recuerdas? en la gaveta o bien un álbum cuyo fondo era negro y que solía sostenerlas bien por esquineros o por bolsitas transparente en modo protección, que no solíamos respetar, sencillamente la sacábamos.

Si bien el tiempo a veces nos parece que transcurren muy rápido, más cuando nos lo recuerdan o lo recordamos creo que la vida requiere de ese mismo instante, de dejar lo que la haya que dejar, haciéndolas a un lado y convivir con los que están y los que no están: en ambos casos, no faltarán las sonrisas, las lágrimas…  

«El pasado no desaparece, le gusta esconderse en la música, en las calles, en los sueños, y…en los recuerdos».



[1] En informática, se considera la unidad mínima que forma una imagen digital.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Conversaciones perrunas.


Posiblemente el tiempo que no tuviste antes por diversas razones desde joven hasta adulto, para conocer el mundo que nos rodea: ocupaciones como estudiante, posteriormente como profesional, vinculado a la familia, la atención misma que requiere, así como a todos sus integrantes, lo nos conlleva a la atención de lo que denomino la macro: la generalidad, lo grande, lo amplio, en función del tiempo.

Si me traslado a lo micro: lo muy pequeño, nos conduce a centrar la atención lo que en un momento pudimos haber pasado por alto y no nos dimos cuenta anteriormente a pesar de ser parte de la familia: las mascotas y en particular Chanel y Nina, mis dos acompañantes (cocker), que me ayudan a apreciar el mundo de otra forma, cuando el tiempo que sigue siendo el mismo (no se detiene), lo centro en la conducta de ambas.

Una de 10 años y la otra de 7 años; no son del mismo padre, ni madre biológicos, por tanto, las elevo a la categoría de hijas adoptadas.

Si recurro a la tabla de la edad humanos versus perros (me da pesar llamarles perros), Chanel tendría 56 años y Nina 44, por lo visto dos mujeres hechas y derechas, adquiridas con la edad (ambas) de 45 días, que en los humanos equivaldría a unos 2 años aproximadamente, que en resumen compartimos décadas juntos.

Lo que en un inicio nos limitábamos a alimentarlas, bañarlas, enseñarles “…dame la patica”, “busca la pelota”, “siéntate”, esperar el grandioso recibimiento tras una jornada de trabajo, donde movían todo el “esqueleto”, saltaban, se levantaban en dos patas (me da pesar), para que las acariciara, me caían detrás, es decir toda una fiesta, que te hacia sentir halagado, muy halagado.

Hoy en día tengo más tiempo – y como buen observador, vinculado a mi labor docente e investigativo – me corresponde estudiarlas más: su forma especial de proceder o conducirse, entiéndase hábitos que una vez fueron educadas. Nota: lea nuevamente no adiestradas, sino educadas.

¿Por qué la “química” habrá aumentando entre nosotros tres? Sencillo, y para muestra varios botones: Disciplinadas, esperan pacientemente para desayunar juntos, ¡aunque a veces reclaman “! …papá ya es hora!"; ¿Me acompañan para leer el periódico?, mientras paso las páginas, ellas observan la naturaleza, interrumpido por ¿papá me puedes acariciar, sobándome la espalda?; ¿Qué tal si vemos un poco de televisión?, la cual observan por poco tiempo, que en pocas ocasiones siendo un tanto selectivas (diría), que si en la película o serie hay algún coterráneo perteneciente a la especie Canis lupus familiaris[1], y este (actor o actriz), ladra, ellas casi a la par, le responden con un aullar, donde casi balbucean señalándome que en la pantalla hay una intrusa o bien una posible amiga.

Cuando se aburren de lo tradicional, desean jugar, donde no pareciera ser que tienen el equivalente a 56 y 44 años, tienden a destender los cobertores del sofá, revolcándose con giros constantes hasta detenerse patas arribas en señal de estar relajados, descansando, sintiéndose bien y confiados.

Para colmo – créalo – cuando su mamá llama al timbrar el celular, se acercan en carrera al mismo y balbucean: ¡ … papá, mamá te llama para que la vayas a buscar al trabajo!; por lo visto, no me queda dudas que son chicas inteligentes y que me alegran el día.


¡Chanel, Nina, es hora de dormir, que mañana es navidad, ¿ya hicieron las necesidades?, ¿sí?, ¡Perfecto!, ¡Hasta mañana!; Corren a sus casitas, se enrollan e insofactamente reposan sus rostros sobre sus respectivas almohadas, tratando de contrarrestar la caída de sus pesados párpados, hasta que el sueño les vence.  



[1] Mamífero carnívoro/omnívoro depredador de la familia de los cánidos, es una subespecie del lobo (Canis lupus)

lunes, 16 de diciembre de 2024

¿Amigos viejos o viejos amigos?

Dándole vueltas a la cabeza a la par de la musa, ya una y otra rondaban en cómo abordar el problema – que realmente no es un problema, tener amigos y amigas – de la amistad, donde posiblemente siendo yo una persona colectivista, en grupos afines[1], ello me restringirá ¿cuántos?, pero tampoco con el propósito de ser populista, limitado por mi carácter: serio, poco afable, sonrisa difícil de generar, dientes (que a pesar de asistir periódicamente al dentista al mantenimiento adecuado) que pocos logran apreciar, ¿cuántos tengo y cuántos tuve?

Partiendo de la definición de amistad: «Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato», vinculado con palabra similares: compañerismo, camaradería, aprecio, cariño, afecto, apego simpatía, hermandad…, etc.; ello me conlleva a varias reafirmaciones: «…nace y se fortalece con el trato»

No queda dudas que los primeros amigos (as), surgen desde pequeños, siendo fiñes, patojos, chamaco, crio, carajito, cipotes, chamaquitos, pibe, chavo, cabro chico, chamo, etc., cuando salíamos a jugar; ya en la escuela dependía de los gustos esencialmente: practicar deportes, las novias empíricas que nunca logramos conquistar, la música, las trastadas, ir al cine, al teatro, a la playa, salir a una cafetería de moda, donde a duras penas lograba reunir dinero para tomarme un refrigerio o merienda.

Que en la medida que crecía y “viajaba” a través de los diferentes subsistemas de educación no es que se perdiera la amistad, pero si se restringía un poco en el sentido del estudio, vinculándome a equipos donde evacuar dudas, solucionar las tareas, sin menospreciar o abandonar a los amigos (as) que iban quedando atrás al dividirnos en las diferentes carreras: manteniendo fechas esencialmente de cumpleaños, fin de años, casamientos y otros.

Ya inmerso en la vida laboral, el giro resulta muy significativo y por supuesto dependiendo del entorno, donde los factores que generan la amistad podrían resultar los mismos que décadas atrás: gustos, intereses, a lo que le añado cómo “ingrediente” de la nueva relación un apoyo «puro y sincero…», sobre todo cuando tienes una cierta experiencia en el desempeño acorde a tus funciones y/o responsabilidades.

Amistad que se hace sincera cuando escuchas, propones o sugieres acciones para la mejora del trabajo, pero que, a la vez admites las recomendaciones de ellos(as) sin la búsqueda de un beneficio a cambio; amistad que se fortalece – de forma desinteresada - cuando te preocupas ante un problema personal, ¿cómo siguió la persona afectada de salud, de la familia?; ¿Qué tal tus hijos en la escuela? Y, ¿por qué no, felicitarlo por el día de su cumpleaños?; que, si deseas sumar voluntades con tu colectivo de trabajo mediante competencias socioemocionales como la empatía, la prosocialidad, llevar a cabo cumpleaños, la llegada de un nuevo bebé, el celebrarle la adquisición de un nuevo grado académico o bien el haber sido seleccionado (a) como la persona con mejor desempeño en un período determinado.

¿Cambian las cosas a partir de la llegada del internet y la amistad? Mi criterio, es no (aunque con un cierto grado de relatividad), ya que esta herramienta nos permite “cuasi acercar” o rescatar a los que estén lejos geográficamente – nacional e internacional -, y que por alguna razón – desapartando y respetando los motivos del “distanciamiento”, nos permiten ante la ausencia de un fuerte abrazo virtual, escucharlos, verlos, donde sueles ante un rostro cambiado por el tiempo acompañados de canas o no, acciones que se traducen a los mejores momentos compartidos a pesar de los años transcurridos.

Acciones que, en el fondo te generan una sonrisa, derroche de lágrimas, cuando preguntas por uno u otro del grupo del barrio, de estudios o de trabajo, indicándote el crecimiento del árbol genealógico: hijos, nietos, o bien los que ya no nos acompañan o sencillamente se perdió el contacto.

Finalmente, y creo que me he extendido un poco, pero un verdadero amigo(a), implica que cuando necesites un sencillo abrazo, un consejo, reír o llorar juntos estés ahí (mejor presencial) o virtual (ni modo, pero algo es algo)



[1] Así fui evaluado en la década de 80-85 lo cual debía superarlo. Aun no estoy claro si lo he logrado.